El arte de educar

11 julio, 2015

Optimizar los recursos del amor

Filed under: Familia — Etiquetas: , , — albayalde @ 11:11 am

José Luis Font Nogués

¿Quién no ha contemplado o realizado la atención de una madre hacia su hijo de varios meses de edad, cuando requiere todas las atenciones? Esa madre goza, no sólo ríe o se divierte, no sólo se sorprende, sino que tiene dentro de sí una gran felicidad que procede de la íntima relación con su hijo que viene ya de meses atrás; no es una felicidad que la madre se proporciona a sí misma, sino que es un regalo, el don de la felicidad que le proporciona su relación con su hijo.

La persona es feliz cuando goza un don; al contrario, las cosas materiales se pueden poseer pero no dan el máximo gozo que la persona desea; sólo las cosas del espíritu hacen entrar en el ámbito de la máxima felicidad y la paz, la comprensión y el amor superan ampliamente los niveles de felicidad que puedan dar las cosas materiales. Se puede comprobar que la capacidad de resistencia humana es muy alta y, ya que en penuria se puede sobrevivir, merece la pena poner la mirada más en la órbita de lo espiritual que en la órbita de lo material.

Ambos tipos de recursos materiales y espirituales- se pueden optimizar, pero es más rentable hacerlo en el marco del cariño y dentro de las relaciones familiares y amistosas. Por ejemplo: dar los buenos días e inaugurar cada día con simpatía, dando aliento o esperanza a quienes nos rodean; tener una buena conversación mientras se come o cena interesándose por lo que acontece a los otros; proporcionar a otro lo que sabemos le gusta; ofrecerse para compartir con otro una actividad de su gusto con el peligro de suprimir la que uno preferiría llevar a cabo; acostumbrarse a ofrecer pequeños regalos en días de celebración o aniversarios que sean de poco valor material y de gran aportación personal por estar elaborado con nuestro arte, como puede ser una poesía, una pintura o una canción inolvidable; etc.

Los pocos gestos descritos en el párrafo anterior dan pie a pensar en multitud de actos en los que se entrega y regala la misma persona como un don, dejando muy en segundo plano la supuesta felicidad que pueda dar la posesión o disfrute de cosas materiales.

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18 diciembre, 2014

¿Por qué hacemos regalos?

Filed under: Familia — Etiquetas: , — albayalde @ 11:09 am

José Luis Font Nogués

Si una persona ama a otra se inclina a actuar de manera que esa persona amada se sienta satisfecha en sus necesidades o en sus gustos y, a la vez, el amante es feliz en ese modo de hacer; amante y amado gozan en el instante de dar y recibir.

En ese mismo momento de la actuación o donación amorosa hay un crecimiento del conocimiento mutuo porque el amante ha pensado qué necesita el amado, lo que lleva consigo un mejor conocimiento de esa otra persona; al mismo tiempo, el amado descubre características o modos de proceder de su amado, así como –si se pudiera hablar así- la cantidad del amor con que es amado.

Por eso, cuando se hace algo o se da algo a la persona amada, antes ha habido necesidad de “leer dentro” de esa otra persona: ¿qué necesita?, ¿qué le viene bien?, ¿qué le gustaría?

El bien de un regalo

Por qué hacemos regalos

Esas son las razones por las que se regala. No es el regalo una compra de un artículo comercial que se realiza por la obligación social de una fecha o de un acontecimiento; son muchos los cumpleaños, aniversarios, bodas, fiestas de Navidad y otros eventos por los que todos se afanan en comprar algo teniendo como premisa innombrada que si no hacen un regalo en esa ocasión quedarán muy mal ante los demás, lo que tiene una complicación añadida si se piensa en la igualdad de precios de los regalos que me han hecho o los que harán otras personas.

El regalo es un don. Ese don, eso que se dona o entrega, es algo vacío si carece de un sentido de relación personal; es decir, ¿qué más me da que me regalen una preciada colonia si no me quieren? El regalo exige una mayor identificación entre amante y amado, una mayor conocimiento intelectual y afectivo.

Teniendo en cuenta que el amor es diverso en modalidades padres-hijos, esposa-esposo, entre hermanos, entre familiares, de amistad, de noviazgo, de conocidos, de compañeros de trabajo o de vecindad, etc., así es la razón del conocimiento de la otra persona y la forma de intimidad. Por tanto, en la misma forma será diversa la razón del amor, de la donación y del regalo. Pero siempre exige el regalo la entrega personal.

Atendiendo a lo material del regalo, ¿hay que comprar algo?, ¿es mejor elaborarlo?, ¿lo que convenga comprar ha de ser caro o equivalente a lo que de esa persona yo he recibido?, ¿la otra persona se saciará con una pequeña poesía como regalo? Todas esas preguntas y más que haya tienen una sola respuesta: sólo basta entregar como regalo aquello que dicte el amor y no la necesidad o el compromiso; por eso puede bastar para un buen regalo algo pobre elaborado manualmente por la persona amada y eso puede ser más preciado por el amante que una cosa necesaria o innecesaria adquirida en los comercios de una ciudad. No obstante, a veces es necesario –en casos de extrema necesidad- entregar como regalos materiales de primera necesidad y se hace en primera instancia por razones de solidaridad.

Lo que une no son las cosas sino el amor; las cosas se utilizan cuando son necesarias para el desarrollo de la vida y no enriquece a la persona el tener cada vez más sin saber para qué o cómo utilizarlas; en cambio el regalo que es símbolo del amor enriquece por dentro y fortalece la paternidad, la filiación, el noviazgo, la fraternidad, la amistad y el compañerismo porque no se entrega una cosa sino que se entrega –según la modalidad de relaciones personales- el amante al amado…  y ese modo de proceder ¡aunque lleve a pensar un poco puede ser más económico!

8 julio, 2014

Cortesía

Filed under: Educación — Etiquetas: , , — albayalde @ 12:34 pm

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

Los acontecimientos se suceden a veces con mucha rapidez y pretendemos cosas con demasiada inmediatez; ese impulso puede ser brusco y atropella muchas reflexiones que a la persona conviene hacer ante sus actuaciones.

Sucedió que un escritor deseaba  dar a leer sus poesías y acudió a un encuadernador con el fin de elaborar una edición corta que le sirviera para hacer algunos regalos. Buscó trabajadores del gremio y encontró a un artista de la encuadernación. Trató la forma de encuadernar, tipo de papel, cartulina de portada, títulos, tipo de letras y todas las cuestiones necesarias. El profesional de la encuadernación ofreció una sorpresa al escritor cuando trataban de establecer el orden de las páginas; el poeta buscaba calidad para su libro pero pretendía que quedara bien sin entender tanto del arte de la encuadernación como el mismo encuadernador; y el encuadernador no era tanto un empresario moderno sino un artista romántico:

–          Esto no va así, aquí hemos de poner una página de cortesía

–          ¿Cortesía…?

Sí, era necesaria la cortesía. No se puede abrir un libro y comenzar a leer inmediatamente, hay que dar un poco de tiempo, hay que pedir permiso para comenzar a leer, hay que dar un poco de emoción, hay que ofrecer un poco de anhelo al que abre ese libro por primera vez… ¡no se puede atacar al lector diciéndole a gritos lo que ha de leer! El escritor, que se creía poeta, entendió la poesía del encuadernador: cortesía, hay que ser educado, todo tiene su protocolo.

El trato quedó cerrado, el poeta salió a la calle y considerando la cortesía que acababa de aprender, le sobrevino un nuevo asombro porque su memoria le trajo cierto día que observó cómo un niño pequeño se desenvolvía con naturalidad y descomponía su figura con la consiguiente alteración de un grupo de personas mucho más altas que él; su atenta madre también actuó con la naturalidad reflexiva que le correspondía y habló a su hijo: “¡Pero  Alvarito!, ¿dónde está tu madurez de tres años?”. Parece insólita la declaración materna, pero acertadísima; no avasalló la intimidad de su hijo que estaba en su “derecho” de hacer alguna travesura, le trató con inmenso cariño y le sugirió tener cierta madurez… la que podía, la de sus tres años; el niño conservaba su libertad y su intimidad, su pequeña capacidad de decidir, pero seguro que advirtió que en adelante debía pensarse dos veces si decidía o no hacer la misma travesura delante de varias personas mayores reunidas en torno a él.

Es bella una relación humana en la que no se ataca, no se obliga, no se insulta, no se grita, no se impone. Es bella una relación humana en la que se pide “por favor” sugerir alguna cuestión, hacer lo que a la otra persona le gusta, tener la cortesía de ir poco a poco, de tantear cómo recogerán los demás esas ideas que me gustan o de las que yo estoy muy convencido.

14 mayo, 2014

Calurosa acogida

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , , — albayalde @ 8:29 am

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://quefamilia.es/category/acordes-educativos/

Hay personas que saben expresar estos sentimientos en diversas facetas del arte; así Mendelssohn escribió ocho cuadernos con cuarenta y ocho partituras tituladas “Romanzas sin palabras” (Ver la interpretación de esta romanza en el vídeo situado en la barra lateral). En algún libro que las recoge leí que su op. 19 nº 4 es calificada como “Calurosa acogida”. Efectivamente, esa música expresa un ánimo exaltado que puede identificarse con el sobresalto animoso de un encuentro, se abre la casa y hay júbilo al ver a la persona que ha llegado, pero la música pasa a ser luego más lenta como queriendo expresar el intimismo de una conversación que acerca a las dos personas, se dice y se vuelve a decir un “¡cómo estás?”, “es una suerte tenerte aquí”… de nuevo una alegría, un remanso de paz y al final un nuevo júbilo que recapitula de modo más sereno la exultación del primer encuentro.

Sin duda, la belleza de la referida música de Mendelssohn nos trae al pensamiento nuestro trato con quienes nos encontramos a diario: ¿acogedor?, ¿hosco?, ¿profundo?, ¿superficial?, ¿respetuoso?, ¿indiferente?, ¿amable?, ¿servicial?, ¿exigente?…

Es un lujo contemplar el amanecer diario y poder disfrutar de nuestro primer encuentro con la naturaleza. El sol se alza. Aparecen en nuestro horizonte la primeras personas que nos traen el regalo de hoy: una sonrisa, un buen deseo, una buena tarea, o quizá alguna incompresión. Avanza la jornada con intensidad, y con ella el cansancio, nuestros encuentros con los otros nos enriquece: una solución a un problema es un reto positivo para aprender, una ayuda no nos disminuye en nuestra estatura sino que nos levanta de la tierra pues algo imprevisto ha hecho esforzarnos por ofrecer lo mejor de nuestro interior.

Pero la música también está compuesta por silencios. Los silencios dicen cosas y es necesario guardarlos. Callamos y se nota que aprobamos, alabamos, reñimos o no estamos de acuerdo. Un silencio ofrece perdón, da la palabra, escucha a la otra persona, deja pasar algo que nos parece inconveniente, une o distancia.

Anochece. Contento apago la luz y contemplo las estrellas. Con palabras o sin palabras, el día es una Romanza al mundo amado, a las personas amadas, a todo y a  todos en este mundo globalizado.

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