El arte de educar

24 octubre, 2016

Decir de las cosas conforme a la verdad

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“Esto hace la gente muy a menudo: vestir las cosas con el ropaje que le parece para que las tengan por lo que no son. A los vicios los cubre con aspecto de virtud; a la charlatanería la viste de sabiduría; a la grosería la viste de libertad; a la venganza la llama fortaleza y valor. En cambio arropa las virtudes con ropas muy distintas: al pudor le llama mojigatería; a la modestia la viste llamándola cortedad; a la devoción le pone hipocresía; y a la verdad la viste de tontería y locura. Para poder hacer esto tiene siempre a mano todo tipo de vestidos, es decir, de razones, con las que dar a cada cosa el color y el aspecto que le parece”.

(Luis de la Palma, 1560-1641)

18 agosto, 2016

Preparar la esperanza

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Esperar, ¡bella palabra! Esperamos la llegada del amigo, del padre, de la esposa, de la persona querida. Esperamos un éxito profesional. Esperamos una situación de bienestar. Esperamos una paz en el alma. Esperamos el descanso tras el intenso trabajo.

La esperanza hay que trabajarla porque no llega sola como una lluvia del cielo en la que no tenemos parte. Aquello que espero ha de ser elaborado poco a poco, lo que supone una idea, una preparación unos medios, unos elementos, unas acciones y un deseo bueno que lo inunda todo. Si los requisitos son útiles, quizá al final llegue el resultado. Mientras tanto se ha tenido la esperanza de alcanzar ese resultado, pero eso no se ha dejado a la suerte, sino que se ha sometido a un proceso de trabajo bienintencionado con la ilusión de alcanzar el objetivo que se deseaba.

Es vano esperar sin trabajar, tanto en el terreno de lo laboral, de lo profesional, o de lo familiar, amistoso, o las aficiones personales. La lluvia puede caer como regalo, los bienes normalmente no son gratis sino que hay que ganarlos a pulso, con esfuerzo diario y sentido común.

Para esperar bien hay que esperar con fundamento. Sería irreal poner los cimientos de la esperanza en unos pocos sentimientos o emociones pasajeros que tienen un carácter fugaz. Es más real, posible y satisfactorio esperar algo conforme a la verdad de lo que somos y en el orden de nuestras posibilidades. Como ejemplo clarificador, es iluso esperar un premio cuando no se tienen los boletos correspondientes para una rifa y es bastante coherente esperar una buena calificación académica tras muchas horas de un estudio e investigación bien realizados. Al contrario, esperar tener muchas emociones fugaces -las fiestas por un título o las celebraciones por un premio venido al azar- es fundamentar la esperanza en algo falto de coherencia.

La óptima esperanza conviene elaborarla poniendo los medios adecuados a nuestro alcance o, en definitiva, “trabajar o elaborar” la esperanza, aunque la incertidumbre humana siempre nos ofrece un factor sorpresa que deseamos coincida con el objetivo o meta que deseamos.

11 julio, 2015

Optimizar los recursos del amor

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José Luis Font Nogués

¿Quién no ha contemplado o realizado la atención de una madre hacia su hijo de varios meses de edad, cuando requiere todas las atenciones? Esa madre goza, no sólo ríe o se divierte, no sólo se sorprende, sino que tiene dentro de sí una gran felicidad que procede de la íntima relación con su hijo que viene ya de meses atrás; no es una felicidad que la madre se proporciona a sí misma, sino que es un regalo, el don de la felicidad que le proporciona su relación con su hijo.

La persona es feliz cuando goza un don; al contrario, las cosas materiales se pueden poseer pero no dan el máximo gozo que la persona desea; sólo las cosas del espíritu hacen entrar en el ámbito de la máxima felicidad y la paz, la comprensión y el amor superan ampliamente los niveles de felicidad que puedan dar las cosas materiales. Se puede comprobar que la capacidad de resistencia humana es muy alta y, ya que en penuria se puede sobrevivir, merece la pena poner la mirada más en la órbita de lo espiritual que en la órbita de lo material.

Ambos tipos de recursos materiales y espirituales- se pueden optimizar, pero es más rentable hacerlo en el marco del cariño y dentro de las relaciones familiares y amistosas. Por ejemplo: dar los buenos días e inaugurar cada día con simpatía, dando aliento o esperanza a quienes nos rodean; tener una buena conversación mientras se come o cena interesándose por lo que acontece a los otros; proporcionar a otro lo que sabemos le gusta; ofrecerse para compartir con otro una actividad de su gusto con el peligro de suprimir la que uno preferiría llevar a cabo; acostumbrarse a ofrecer pequeños regalos en días de celebración o aniversarios que sean de poco valor material y de gran aportación personal por estar elaborado con nuestro arte, como puede ser una poesía, una pintura o una canción inolvidable; etc.

Los pocos gestos descritos en el párrafo anterior dan pie a pensar en multitud de actos en los que se entrega y regala la misma persona como un don, dejando muy en segundo plano la supuesta felicidad que pueda dar la posesión o disfrute de cosas materiales.

26 enero, 2015

Afinar el carácter todos los días

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José Luis Font Nogués

Parece que creemos haber descubierto mucho hasta el siglo XXI, pero acerca de la persona ya eran sabios en la cultura griega. Por ejemplo, Ovidio escribe en su libro Metamorfosis unas historias que parecen mitológicas, pero que reflejan cosas sabias sobre la misma humanidad.

Escultura de Bernini

Apolo y Dafne (Bernini)

Un ejemplo es el caso de Apolo y Dafne, bellamente representados por Bernini en la época barroca. Apolo pretende amar a una Dafne que no se deja y que en sus convicciones se va convirtiendo en árbol, en cortezas, raíces y ramas; quizá Apolo lo único que puede aprovechar son las hojas para hacer coronas a los héroes de su época.

Apolo no puede conseguir algo que pretende y nosotros inventamos muchas fantasías –depende del ingenio de cada cual- de las que quizá pocas podamos conseguir. Y nos podemos preguntar “¿para qué inventar cosas?”.

Dentro de nuestra personalidad, de nuestro peculiar modo de ser, también podemos inventar una vez sorprendidos por nosotros mismos y nos viene bien conocer algunos aspectos como son: la mucha o poca conmoción que nos producen los acontecimientos, que mide la emotividad personal; la capacidad de ser llevado a actuar continuamente o a ser más bien pasivo, que mide la actividad personal; la repercusión de las impresiones en el ánimo, que mide la resonancia que los acontecimientos tienen en nuestro interior. (more…)

18 diciembre, 2014

¿Por qué hacemos regalos?

Filed under: Familia — Etiquetas: , — albayalde @ 11:09 am

José Luis Font Nogués

Si una persona ama a otra se inclina a actuar de manera que esa persona amada se sienta satisfecha en sus necesidades o en sus gustos y, a la vez, el amante es feliz en ese modo de hacer; amante y amado gozan en el instante de dar y recibir.

En ese mismo momento de la actuación o donación amorosa hay un crecimiento del conocimiento mutuo porque el amante ha pensado qué necesita el amado, lo que lleva consigo un mejor conocimiento de esa otra persona; al mismo tiempo, el amado descubre características o modos de proceder de su amado, así como –si se pudiera hablar así- la cantidad del amor con que es amado.

Por eso, cuando se hace algo o se da algo a la persona amada, antes ha habido necesidad de “leer dentro” de esa otra persona: ¿qué necesita?, ¿qué le viene bien?, ¿qué le gustaría?

El bien de un regalo

Por qué hacemos regalos

Esas son las razones por las que se regala. No es el regalo una compra de un artículo comercial que se realiza por la obligación social de una fecha o de un acontecimiento; son muchos los cumpleaños, aniversarios, bodas, fiestas de Navidad y otros eventos por los que todos se afanan en comprar algo teniendo como premisa innombrada que si no hacen un regalo en esa ocasión quedarán muy mal ante los demás, lo que tiene una complicación añadida si se piensa en la igualdad de precios de los regalos que me han hecho o los que harán otras personas.

El regalo es un don. Ese don, eso que se dona o entrega, es algo vacío si carece de un sentido de relación personal; es decir, ¿qué más me da que me regalen una preciada colonia si no me quieren? El regalo exige una mayor identificación entre amante y amado, una mayor conocimiento intelectual y afectivo.

Teniendo en cuenta que el amor es diverso en modalidades padres-hijos, esposa-esposo, entre hermanos, entre familiares, de amistad, de noviazgo, de conocidos, de compañeros de trabajo o de vecindad, etc., así es la razón del conocimiento de la otra persona y la forma de intimidad. Por tanto, en la misma forma será diversa la razón del amor, de la donación y del regalo. Pero siempre exige el regalo la entrega personal.

Atendiendo a lo material del regalo, ¿hay que comprar algo?, ¿es mejor elaborarlo?, ¿lo que convenga comprar ha de ser caro o equivalente a lo que de esa persona yo he recibido?, ¿la otra persona se saciará con una pequeña poesía como regalo? Todas esas preguntas y más que haya tienen una sola respuesta: sólo basta entregar como regalo aquello que dicte el amor y no la necesidad o el compromiso; por eso puede bastar para un buen regalo algo pobre elaborado manualmente por la persona amada y eso puede ser más preciado por el amante que una cosa necesaria o innecesaria adquirida en los comercios de una ciudad. No obstante, a veces es necesario –en casos de extrema necesidad- entregar como regalos materiales de primera necesidad y se hace en primera instancia por razones de solidaridad.

Lo que une no son las cosas sino el amor; las cosas se utilizan cuando son necesarias para el desarrollo de la vida y no enriquece a la persona el tener cada vez más sin saber para qué o cómo utilizarlas; en cambio el regalo que es símbolo del amor enriquece por dentro y fortalece la paternidad, la filiación, el noviazgo, la fraternidad, la amistad y el compañerismo porque no se entrega una cosa sino que se entrega –según la modalidad de relaciones personales- el amante al amado…  y ese modo de proceder ¡aunque lleve a pensar un poco puede ser más económico!

29 agosto, 2014

Actuaciones acertadas

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , — albayalde @ 7:18 pm

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

A lo largo de cada día tomamos muchas decisiones y esa determinación nos hace ir valorando las posibilidades a nuestro alcance casi sin darnos cuenta. Algunas veces se hace más importante la materia sobre la que hay que decidir y lo pensamos más detenidamente e incluso consultamos con otras personas; otras veces actuamos con mayor ligereza. En el origen de esa toma de decisiones buscamos lo que realmente nos interesa, lo que vemos que nos conviene en cada momento o tendrá una repercusión favorable en el futuro.

Una cuestión tan fácil a primera vista nos ofrece confusiones: pensará el niño por qué no ha de comer con los dedos, estorbará al adolescente volver a casa temprano en vez de estar con los amigos, querrá no estudiar y hacer deporte quien ya va dejando la niñez y se adentra ve que descubre un mundo con muchas cosas apetecibles a su alcance, costará al padre y a la madre cuidar de la casa y de los hijos –es más, ¿cómo lo hacemos?-, será un problema decidir sobre dos posibilidades distintas para resolver un asunto familiar. Las alternativas de resolución aparecen inesperadas o se pueden buscar, el caso es resolver bien en cada momento.

La gran cuestión es saber cómo resolver, no confundirse en la decisión. Esto lleva a mirar adentro de cada persona: ¿quién soy yo?, ¿quién eres tú?, ¿qué persigo?, ¿hacia dónde vas?, ¿qué me mueve a actuar?, qué consecuencias tendrá mi decisión?… Quizá haga falta asesorarse, estudiar, leer algo conveniente, consultar, pensar; tenemos datos prácticos y podemos encontrar teorías, pero quizá no sea acertado el acercamiento exclusivo a uno de esos dos extremos porque la vida no es teoría y a la teoría le falta vida; además de la mucha ciencia hay factores de libertad, cultura, historia o capacidades de cada persona que inciden en la toma de una decisión y, en el otro extremo, el ejecutar continuamente sin pensar es superficialidad o atolondramiento.

El ejemplo del niño que busca con complacencia lo bueno y mira de reojo sonriendo cuando busca algo que él ya entiende como no adecuado es una gran lección para todos; dentro del niño y dentro de todos hay un sentir de lo que es o no oportuno en cada momento; esa fuente de sabiduría se puede estropear y por eso podemos acudir al asesoramiento y a la reflexión para lograr entender cuál es la buena actuación. La tarea del discernimiento y de la decisión es propia de toda persona desde la niñez a la vejez y en cualquiera de los ámbitos familiar, profesional o social de la vida.

Más vale pensar, no improvisar, experimentar la humanidad de las personas, no ser temerario ni tímido, respetar a todos y solucionar todo de la mejor manera posible. Posiblemente sea el amor lo que lleve a la verdad que habrá que tener en cuenta en cada decisión.

8 julio, 2014

Cortesía

Filed under: Educación — Etiquetas: , , — albayalde @ 12:34 pm

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

Los acontecimientos se suceden a veces con mucha rapidez y pretendemos cosas con demasiada inmediatez; ese impulso puede ser brusco y atropella muchas reflexiones que a la persona conviene hacer ante sus actuaciones.

Sucedió que un escritor deseaba  dar a leer sus poesías y acudió a un encuadernador con el fin de elaborar una edición corta que le sirviera para hacer algunos regalos. Buscó trabajadores del gremio y encontró a un artista de la encuadernación. Trató la forma de encuadernar, tipo de papel, cartulina de portada, títulos, tipo de letras y todas las cuestiones necesarias. El profesional de la encuadernación ofreció una sorpresa al escritor cuando trataban de establecer el orden de las páginas; el poeta buscaba calidad para su libro pero pretendía que quedara bien sin entender tanto del arte de la encuadernación como el mismo encuadernador; y el encuadernador no era tanto un empresario moderno sino un artista romántico:

–          Esto no va así, aquí hemos de poner una página de cortesía

–          ¿Cortesía…?

Sí, era necesaria la cortesía. No se puede abrir un libro y comenzar a leer inmediatamente, hay que dar un poco de tiempo, hay que pedir permiso para comenzar a leer, hay que dar un poco de emoción, hay que ofrecer un poco de anhelo al que abre ese libro por primera vez… ¡no se puede atacar al lector diciéndole a gritos lo que ha de leer! El escritor, que se creía poeta, entendió la poesía del encuadernador: cortesía, hay que ser educado, todo tiene su protocolo.

El trato quedó cerrado, el poeta salió a la calle y considerando la cortesía que acababa de aprender, le sobrevino un nuevo asombro porque su memoria le trajo cierto día que observó cómo un niño pequeño se desenvolvía con naturalidad y descomponía su figura con la consiguiente alteración de un grupo de personas mucho más altas que él; su atenta madre también actuó con la naturalidad reflexiva que le correspondía y habló a su hijo: “¡Pero  Alvarito!, ¿dónde está tu madurez de tres años?”. Parece insólita la declaración materna, pero acertadísima; no avasalló la intimidad de su hijo que estaba en su “derecho” de hacer alguna travesura, le trató con inmenso cariño y le sugirió tener cierta madurez… la que podía, la de sus tres años; el niño conservaba su libertad y su intimidad, su pequeña capacidad de decidir, pero seguro que advirtió que en adelante debía pensarse dos veces si decidía o no hacer la misma travesura delante de varias personas mayores reunidas en torno a él.

Es bella una relación humana en la que no se ataca, no se obliga, no se insulta, no se grita, no se impone. Es bella una relación humana en la que se pide “por favor” sugerir alguna cuestión, hacer lo que a la otra persona le gusta, tener la cortesía de ir poco a poco, de tantear cómo recogerán los demás esas ideas que me gustan o de las que yo estoy muy convencido.

22 mayo, 2014

El buen amor a todos educa

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 10:13 am

José Luis Font Nogués

Publicado en http://www.quefamilia.es

 

La persona está diseñada de tal forma que al darse a otras encuentra su felicidad. La ley que lleva impresa el amor es lanzarse al exterior, a otros, a los demás: darse.

El amor, que es entrega, no es algo que se reduzca a la impresión de un momento de idilio en el que hubo una luz especial; ese momento es aquel en el que destella la luz del amor, pero ese amor no debe quedarse ahí, en el recuerdo de aquel momento, como algo estático e inolvidable, sino que, siendo así, también debe ser dinámico porque esa entrega se proyecta a lo largo de toda la vida y cada día se es feliz buscando la forma de entregarse a la otra o a las otras personas: los padres, las amistades, la esposa, el esposo, los hijos, los nietos.

En cada momento de la vida, de un año o de un día, hay que ver cómo darse a la otra persona para hacerla vivir en el amor, en la felicidad y permaneciendo en esa actitud se consuma y fructifica una vida en unidad. Es un asunto de comunicación, admiración, amor, abrazo, buscando la perfección que se ha de elaborar en la otra persona y, así, llegar al “éxtasis” ante la otra persona que hace decir “te amo”, “sin ti no vivo”, “mi vida eres tú”. Por eso entre los que se aman hay una vida en común, una intimidad paternal, filial, esponsal o de amistad.

Tradicionalmente, los profetas y los poetas han hablado de la sed de agua y de las fuentes de las aguas. El profeta Ezequiel explicaba sobre los cuatro ríos que salían y rodeaban el Templo de Jerusalén y quería resaltar la riqueza que daba a las tierras de las riberas para que ofrecieran frutos a los habitantes del lugar, pero como profeta quería hacer ver la sed espiritual y la felicidad del hombre. De manera parecida -“buscando mis amores iré por esos bosques y riberas, ni acogeré las flores ni temeré las fieras y pasaré por fuertes y fronteras”- San Juan de la Cruz describe este tema a la vez que habla sobre la “eterna fuente”, expresiones que parten del deseo de felicidad del corazón humano y que sólo se sacia con el agua del verdadero amor junto con el esfuerzo, sacrificio y unión con el ser amado. También Miguel Hernández se refiere a su amigo fallecido: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería”; no “lo quería”, sino que se amaban juntos con amor bueno de amistad.

No obstante, hay dificultades en la vida de las personas; esas dificultades nacen de la imperfección propia y también de imperfecciones de los demás; la cosa se complica porque las imperfecciones pueden proceder de la manera de ser personal o de los demás, de características genéticas o de malas costumbres o de enfermedades.

Las dificultades no tienen por qué empañar el amor; al contrario, el amor es empañado por las dificultades cuando en realidad no se ama y nace el egoísmo. Una pequeña tos, unos gustos distintos, una parálisis que lleva a que una persona deba ser atendida constantemente, una tozudez, unos malos hábitos de conducta, un modo de entender la vida que emerge inesperadamente al paso de los años como un volcán que estaba apagado, unas manías consolidadas, … no tienen por qué enturbiar el verdadero amor.

Es fácil la tendencia a quitar de la vista lo que no da placer inmediato, por eso lo descrito en el párrafo anterior es una alfombra para dar paso a la ruptura del amor; pero no es el buen camino. Los amados –esposos, hijo y amistades- necesitan siempre de la solidez perenne del amor indestructible y ello supera todo tipo de dificultades por mucho que hagan sufrir. Es fácil deteriorar el amor, pero lo mejor es velar por el amor o cuidar el amor como un tesoro.

¿Qué hacer ante los casos de dificultad?: sanar, resolver. Sanar al enfermo; resolver problemas o modos de hacer humanos en el marco del amor fiel y duradero; no huir sino ofrecer misericordia –comprender la miseria de los demás- para ayudar a los demás; aprender a convivir con enfermedades y problemas; acudir a especialistas para resolver situaciones o para saber tratar con enfermos físicos o psíquicos; no centrar la felicidad en el placer o en “lo que me gusta” o en “los límites que yo puedo aguantar” sino en la entrega personal a los demás para hacerles felices incluso a pesar de mi sufrimiento; buscar siempre la verdad para tratar de ajustar las respuestas personales a verdad y no a la comodidad.

El principio de validez de la unión del amor es el que lleva a la fidelidad, a la felicidad, a través del camino del sacrificio necesario que se haya de hacer para que las personas amadas sean auténticamente felices. Para ello el “yo” no es lo principal, lo principal es siempre la “otra” persona.

En la línea de los poetas viene Pedro Salinas a recordarnos que la razón de amor no está en el recuerdo de un destello ni del dónde ni de qué manera sucedió: “Si quieres recordarlo no sirve el recordar. Sólo vale vivir de cara hacia ese dónde, queriéndolo, buscándolo”.

14 mayo, 2014

Calurosa acogida

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , , — albayalde @ 8:29 am

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://quefamilia.es/category/acordes-educativos/

Hay personas que saben expresar estos sentimientos en diversas facetas del arte; así Mendelssohn escribió ocho cuadernos con cuarenta y ocho partituras tituladas “Romanzas sin palabras” (Ver la interpretación de esta romanza en el vídeo situado en la barra lateral). En algún libro que las recoge leí que su op. 19 nº 4 es calificada como “Calurosa acogida”. Efectivamente, esa música expresa un ánimo exaltado que puede identificarse con el sobresalto animoso de un encuentro, se abre la casa y hay júbilo al ver a la persona que ha llegado, pero la música pasa a ser luego más lenta como queriendo expresar el intimismo de una conversación que acerca a las dos personas, se dice y se vuelve a decir un “¡cómo estás?”, “es una suerte tenerte aquí”… de nuevo una alegría, un remanso de paz y al final un nuevo júbilo que recapitula de modo más sereno la exultación del primer encuentro.

Sin duda, la belleza de la referida música de Mendelssohn nos trae al pensamiento nuestro trato con quienes nos encontramos a diario: ¿acogedor?, ¿hosco?, ¿profundo?, ¿superficial?, ¿respetuoso?, ¿indiferente?, ¿amable?, ¿servicial?, ¿exigente?…

Es un lujo contemplar el amanecer diario y poder disfrutar de nuestro primer encuentro con la naturaleza. El sol se alza. Aparecen en nuestro horizonte la primeras personas que nos traen el regalo de hoy: una sonrisa, un buen deseo, una buena tarea, o quizá alguna incompresión. Avanza la jornada con intensidad, y con ella el cansancio, nuestros encuentros con los otros nos enriquece: una solución a un problema es un reto positivo para aprender, una ayuda no nos disminuye en nuestra estatura sino que nos levanta de la tierra pues algo imprevisto ha hecho esforzarnos por ofrecer lo mejor de nuestro interior.

Pero la música también está compuesta por silencios. Los silencios dicen cosas y es necesario guardarlos. Callamos y se nota que aprobamos, alabamos, reñimos o no estamos de acuerdo. Un silencio ofrece perdón, da la palabra, escucha a la otra persona, deja pasar algo que nos parece inconveniente, une o distancia.

Anochece. Contento apago la luz y contemplo las estrellas. Con palabras o sin palabras, el día es una Romanza al mundo amado, a las personas amadas, a todo y a  todos en este mundo globalizado.

8 noviembre, 2013

La firmeza necesaria en el educador

Filed under: Pautas educativas de Andrés Manjón — Etiquetas: — albayalde @ 11:58 am

Se refiere Andrés Manjón a la firmeza que ha de ejercitar el maestro al encargarse de un grupo de alumnos a los que no conoce. Parte del supuesto del buen hacer y de los conocimientos del maestro, pero también de las tendencias que emergen en los alumnos para investigar quién es su maestro y establecer unas posiciones adecuadas para ellos enfocadas a la defensa o, incluso al ataque. Escribe Andrés Manjón:

“El maestro necesita la virtud de la firmeza al principio, pues al presentarse por primera vez en clase, los alumnos le han de estudiar, sondear, tantear para ver de qué pie cojea, y por aquel flaco probarle y sobreponerse. Sea, pues, firme, sereno y precavido para triunfar en tales astucias y ensayos de rebelión”.

Puede dar la impresión de ser D. Andrés un hombre apacible y amable por aquella idea de pretender educar mediante el juego, pero no por ello es ingenuo: conoce bien el miedo del profesor que se enfrenta a un grupo de alumnos a los que no conoce y también conoce las estrategias –no mal intencionadas por lo general- de ese grupo de alumnos que no quiere ser dominado por un experto mayor.

Pero el maestro, profesor o educador, no necesita imponerse de alguna forma, sino mostrar las reglas del juego para lo que les reúne a todos: “Necesita firmeza después, para continuar, sostener y hacer cumplir todo lo dispuesto y ordenado, ya para la disciplina, ya para el estudio de los discípulos”. La firmeza es para tres fines: continuar, sostener y hacer cumplir.
Firmeza para continuar, porque los objetivos educativos se han de llevar a cabo; de nada serviría reunir a unos alumnos para no conseguir lo que se pretende conforme a sus edades o pautas educativas adecuadamente establecidas. Ese continuar requiere un ritmo diario que estará programado por el maestro, de forma cuadriculada y detallada en un documento escrito, aunque flexible y natural en el modo de actuar.

Firmeza para sostener, porque los alumnos necesitan ser llevados continuamente, animados en una ilusión llena de alegre anhelo por descubrir esas metas educativas de conocimientos o de actitudes en busca de su bien personal y del bien del marco social que le rodea. Los alumnos no progresarán sin el ánimo, sin el sostenimiento de la voluntad que ha de lograr esfuerzos por el saber y por la buena conducta.

Firmeza para hacer cumplir, porque no se educa mostrando una idea sino llevándola a la práctica; es conocida la expresión “la letra con sangre entra”, que no se refiere a nada hiriente ni coercitivo, sino a lograr una meta a través del esfuerzo que hay que empeñar para lograrla. Así, el alumno no aprenderá la ciencia ni la correcta manera de comportarse si no realiza actos que le cuesten; para eso está el maestro que “hace cumplir”, mejor con entusiasmo que con severidad.

Esta firmeza lleva incorporadas algunas actitudes en el educador. La firmeza es constancia o, en un grado más alto, perseverancia. La constancia parece que se aplica a una repetición desagradable y la perseverancia habla más de un empeño amoroso, que es lo que debe distinguir al maestro; el maestro ha de hacer todo amablemente, con gran respeto y con una entrega total y perenne a la persona que se educa.

(cfr. Manjón, Andrés. El Maestro mirando hacia dentro. Imprenta de las Escuelas del Ave María. Granada 1996, página 107)

3 julio, 2013

Signos artísticos en torno a la cruz de Jesucristo

Filed under: Misterio y Belleza — Etiquetas: , — albayalde @ 12:16 pm

La cruz de Cristo domina todos los tiempos. Sus dos brazos se alzan sobre el pasado y el futuro. La historia del mundo se divide en dos períodos: antes de Cristo, bajo la sombra de la cruz; después de Cristo, a la luz de su cruz.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

En el pensamiento de los artistas de la Edad Media, San Juan representa el pasado; la Virgen el futuro. Aquel está a la izquierda de Cristo y la Virgen a su derecha, del lado en que aparece abierta la herida de su corazón y hacia donde inclina su rostro.

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

A veces se ponía, a la izquierda, la luna; y a la derecha, el sol. O a la izquierda la Sinagoga, con su cetro roto y un velo sobre los ojos; y a la derecha, la Iglesia, con un cáliz y los Evangelios. San Juan significaba la Sinagoga, porque, en la mañana de Pascua, cedió el paso a San Pedro, al entrar en el sepulcro; como la Sinagoga, según comenta San Gregorio Magno, debe ceder el paso a la Iglesia (E. Male, L’Art religieux au XIII siècle en France, pp. 231-232). Sin embargo, a quien debería colocarse a la izquierda de Cristo para figurar el pasado es al Bautista, como en la crucifixión de Grunewald; el lugar del Evangelista; en cambio, es a la derecha de la Virgen, no desfallecida, sino en pie.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

La cruz de Cristo trasciende a todos los tiempos, salva a todos los hombres; a los que vivieron en el pasado y a los que vivirán en el futuro: “Cuando fuere levantado en alto, había dicho el Salvador, atraeré a todos a mí” (Juan, 12, 32)

(Charles Journet. Las siete palabras de Cristo. Ed. Rialp, col. Patmos 163. Madrid 1976, p 108)

28 junio, 2013

Semillas de verdad

Filed under: Educar para ir hacia la Verdad — Etiquetas: — albayalde @ 8:59 am

Se añade a este blog el enlace  http://seedsoftruth.blogspot.com  como herramienta de diálogo entre la cultura contemporánea y el sentido religioso inherente al hombre.

El enlace se ha situado en la barra lateral derecha de este blog, en la sección de enlaces.

21 abril, 2013

Educar la posibilidad de relación con las personas: sinceridad y confianza

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 6:47 pm

La característica de ser sociable la persona solicita que se le ayude desde el inicio de la vida a que desarrolle sus relaciones con las personas de la mejor manera posible. Por eso podemos hablar de educar a la persona en todos los aspectos que se refieren a las relaciones con los demás.

Antes que pensar en los demás, conviene atender al origen de las relaciones, a uno mismo. Por eso, hay dos cuestiones esenciales: estar en la verdad de sí mismo y confiar en sí mismo.

Saber de uno mismo con autenticidad y certeza es clave para salir fuera de sí a tratar con las demás personas; admitir cualquier matiz de engaño, mentira, falsedad o disimulo sobre uno mismo es dar paso a una mala forma de relacionarse porque la relación misma se hace falsa. Andar por la vida con la certeza de sí mismo se traduce en el término sinceridad, ser sincero con uno mismo para –desde ahí- ser sincero con los demás; establecer la vida en términos de sinceridad  posibilita que las relaciones sean fáciles, que se conozca al sujeto y se viva con la claridad de saber quién es, cómo es, qué piensa, que nos quiere decir. Al contrario, las falsedades o engaños posibilitan la desconfianza, la duda, el recelo y todo tipo de complicaciones en torno a las relaciones personales.

Una vez establecida la sinceridad sobre sí mismo como punto de partida, el paso siguiente es conocer con realidad las capacidades de uno mismo, las posibilidades que tiene de realizar cosas buenas, en qué materias y de qué manera; así, por ejemplo, alguien que advierte que tiene sensibilidad por los colores puede advertir que puede pintar una obra de arte y, al contrario, una persona que no domina bien sus destrezas manuales no deberá pretender ser un trabajador manual y menos de cosas pequeñas.  Establecido el conocimiento de sí mismo llega la tarea imprescindible de pasar a confiar en las propias posibilidades, es decir, a confiar en sí mismo. También este aspecto tiene matices positivos y negativos: quien está seguro de las posibilidades que uno tiene puede establecerse metas a realizar en proporción al mayor o menor grado de sus capacidades y quien duda sobre lo que él puede hacer  quizá se quede realizando pocas cosas o cosas de muy pequeña importancia.

La educación de la persona, desde niño y en cualquier momento de la vida, es el motor para que cada uno afiance su modo de ser sincero, su conocimiento personal, sus capacidades, sus destrezas, sus límites y –por tanto- el modo óptimo de relacionarse con los demás.

3 abril, 2013

Responsabilidad

Filed under: Citas educativas — Etiquetas: — albayalde @ 10:47 am

“Ir en serio” no significa pronunciar palabras grandilocuentes y formular exigencias a porfía. Va en serio quien ve las tareas allí donde realmente están: en la vida diaria, en el entorno más cercano; quien aborda con decisión esas tareas y las cumple día tras día.

(Romano Guardini)

27 marzo, 2013

Aspectos educativos de la Semana Santa

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 12:32 pm

José Luis Font Nogués

María Stísima de la ConcepciónDurante los días de la Semana Santa es tradicional en  muchos lugares organizar unas procesiones para sacar a la calle o llevar a una catedral imágenes artísticas sobre los distintos momentos de la Pasión de Jesucristo, sucedida en torno al año 33 de nuestra era. Estos cortejos surgen desde hace siglos en entornos del cristianismo y siguen su pujanza en los momentos actuales, una vez que han pasado veinte siglos de aquellos acontecimientos históricos.

Cristo del Vía CrucisEn el marco de la fe cristiana, la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es una realidad desde el siglo I y hay documentos plenos de autenticidad que las relatan. Dentro de la perspectiva cristiana, la Liturgia de esos momentos es algo más que un recuerdo o un signo, es vivir de nuevo esos hechos; se conmemora la salvación de la humanidad a través de la muerte de un hombre que es Dios. Ese hombre –Jesús de Nazaret, hijo de un carpintero y de una mujer sencilla que vive en la fe de Abraham, ha dado muestras de bondad, de misericordia e, incluso, ha realizado prodigios curando a enfermos o con otros milagros.

Jesús de Nazaret no ha dado órdenes tajantes, ha actuado bien y es condenado a sufrir y morir; ha realizado y actuado con Belleza entre los de su pueblo y se ha acercado al hombre doliente que, aunque lleno también de bondad y belleza, sufre deterioros en su ser sometido a error.

Es propio del arte de todos los tiempos cantar el amor sacando hacia fuera la interioridad personal; el artista plasma en un texto, en una partitura en una pintura o en una escultura los propios sentimientos y formas de ver. Así, una escultura bella parece que habla desde fuera de ella hacia nuestro interior y una música bella habla desde nuestro interior hacia el ser amado. La música sacra tiene como finalidad hacer presente el Misterio que se celebra litúrgicamente, cantar al “más bello de los hijos de los hombres”, en expresión del Salmo 44 del Rey David, aunque en la Semana Santa le veamos sin aspecto atrayente. La escultura muestra un momento gráfico de la vida de un personaje y la imaginería de Semana Santa –ajustada al arte barroco siguiendo su canon de acercar el misterio sagrado al pueblo- hace revivir momentos determinados y normalmente dolorosos de la Pasión de Jesús. Las velas llorosas alumbran con su poquedad al que se definió como la Luz del mundo y a la que se le invoca como la Estrella de la mañana. Las flores adornan escenas de gran dolor y sufrimiento porque se valora la generosidad y se quiere acompañar con un don personal que embellece la acción.

Jesús del Gran PoderLas salidas procesionales que se suelen llamar “Estaciones de Penitencia” atraen durante todo el año a los que pertenecen a las diversas cofradías y en esa semana de primavera atrae a todos indistintamente. Es de interés reflexionar sobre por qué atraen tanto esas procesiones. No puede atraer la representación de un tormento, de un dolor, de una flagelación, de una crucifixión o de una madre dolorida que acompaña siempre a su hijo. Solo puede haber una respuesta: las personas son atraídas por el amor de una persona que ha muerto por amor a toda la humanidad de todos los tiempos, que ha padecido por cada uno. Así, el sufrimiento, las llagas, la pasión dolorosa se hace Amor Grande y ese es el motivo por el que se reviste de oro y plata, se le acompaña con la mejor música que es posible escribir para acompañar, calmar, comprender, consolar, compadecer, agradecer a Jesús Nazareno y a su Madre María en los distintos momentos de su Amor: el amor humano pone los mejores elementos de la naturaleza material para ensalzar el Gran Amor.

En el encuentro con los pasos de la Semana Santa por la calle no se puede evitar la contemplación de ese algo misterioso que se está representando y como haciéndolo vivir de nuevo; no se puede evitar esa expresión dolorosa de queja que es la saeta, con aires de cante jondo; no se puede evitar una alegría ante la representación de una Madre que consuela; no se puede evitar interpretar una marcha con música que acompañe el andar o la pena del Nazareno; no se puede evitar el silencio penitente y sobrecogedor como expresión del arrepentimiento por las culpas personales que contrastan con el sufrimiento de quien no tuvo culpa alguna. Todas estas expresiones salen del interior de las personas en su papel de penitente, nazareno, costalero, músico o espectador a quienes las palabras se quedan cortas y necesitan gestos y signos para expresar sus sentimientos.

En los días de la Semana Santa se ve por las calles a muchas familias con sus hijos pequeños; los niños suelen preguntar a sus padres por las representaciones artísticas que están viendo. También los mayores se detienen a comentar las distintas esculturas, si son valiosas, si son de un siglo u otro, si las esculpió aquel famoso escultor del que tanto se habla en la historia del arte, en qué momento se compuso la partitura de una marcha que suena acompañando el andar de un paso: todo son signos.

                      Cristo crucificado                 Jesús despojado de sus vestiduras   Jesús coronado de espinas

Pudiendo estar conformes o no y en diverso grado con el llamado constructivismo educativo, sí es cierto que el “aprendizaje significativo” de David Ausubel da fácil explicación a los acontecimientos de la Semana Santa porque la piedad popular –es decir, todo lo referente a las cofradías y estaciones de penitencia- arrojan datos al pueblo y cada persona receptora sabe encajar esa información en su -muchas veces ignorado- proceso educativo. Así como el niño recién nacido, e incluso en los nueve meses anteriores, ya recibe informaciones que sabe encajar naturalmente  en su interior –aprendiendo y educándose progresivamente-; así como el niño sabe poner de manera innata un gesto de risa o de llanto aún si poder hablar; así como el niño que contempla las escenas de la Semana Santa sabe preguntar por el dolor, por el llanto, por los clavos, por las llagas y los padres les explican; así es el proceso significativo que educa al niño en esos misterio. También los mayores acuden a ver pasar a Jesús y a María en un momento dramático con su gesto de dolor, perdón o misericordia, siempre llevados con serenidad y amor; todo el mundo sabe interpretar la expresión musical que habla por sí misma. Todo es un proceso educativo perceptible y comprensible.

Pero el proceso va más allá de esos signos externos y materiales; no llevan únicamente a cosas históricas, a un dolor humano o a una expresión del arte que satisfacen a la vista o al oído; todo ese conjunto se signos llevan  hasta el verdadero Signo que es la Palabra y la Eucaristía, no en vano hablaba Juan Pablo II de la importancia de la Mesa del Pan y de la Mesa de la Palabra. Las imágenes hablan por sí solas. Las personas necesitan los signos de imágenes, maderas, músicas, vestimentas, oro, plata, sedas y terciopelos, pero quizá se queden cortos si no llevan a la Verdad, aquella que Pilato –muchas veces presente en los pasos de la Semana Santa- eludió por no querer ser responsable con la Verdad y prefirió salvar un puesto político concediendo la condena de un inocente a un sector del pueblo que se lo pedía sin compasión humana.

Todas las cofradías de Semana Santa tienen una razón de ser que es el culto a ese Gran Signo –Jesús de Nazaret- que muere por salvar a la humanidad y las salidas de las imágenes no es tan sólo algo del folklore popular, sino es un modo del aprendizaje significativo de David Ausubel porque la persona se enfrenta a la contemplación de una escena misteriosa que interpela a su interior y le hace ver que el buen comportamiento, el amor a las personas, el sufrimiento por la persona amada, el acompañamiento y otras bienaventuradas actitudes son el camino de la felicidad que cada ser desea y que se escapa de la rutina diaria porque pertenece al marco de lo sagrado.

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