El arte de educar

23 agosto, 2019

Entre el yo y el tú

Filed under: Educación — Etiquetas: — albayalde @ 7:35 pm

La escritora Jutta Burggraff dice que “conocer nuestro mundo interior y gozar de él es un consuelo para cualquier persona (…) Pero la libertad interior no es una trinchera, detrás de la cual cada uno se aísla dando la espalda a los demás” y aclara que así se queda la persona sin amistades porque es necesario dar el segundo paso, el de “abrirse, manifestar y ejercer al libertad”. Así termina el razonamiento diciendo que “La persona, por un lado, es capaz de conocerse y poseerse. Pero, por otro, también está hecha para entrar en comunión con los demás; se refiere constitutivamente al otro. Ser hombre (se refiere al ser varón o mujer, del género humano) , quiere decir co-existir, intimidad abierta”.

Así, entrar en el yo permite la seguridad de actuar para los demás y -de esa forma- seguir haciendo el yo. Yo y tú, yo y vosotros, se complementan para cada persona; la riqueza del yo se expande a los otros y de los otros se enriquece el yo en un juego eterno.

28 diciembre, 2018

La comprensión y sus límites

Filed under: Comprensión — Etiquetas: — albayalde @ 9:58 pm

La estructura propia del ser humano le hace sociable; desde un estudio de carácter negativo, no podemos entenderle como solitario y en el grado de perfección de los vivientes tenemos ejemplos de seres sociables de menores capacidades que los humanos, por ejemplo el caso de las hacendosas y trabajadoras hormigas, el otro caso de las aves que organizan sus nidos y atención a sus crías o los animales que se agrupan en manadas.

Pero el humano es mucho mayor que todas las demás especies, es más grande, tiene más capacidades, percibe con mayor profundidad, expresa sus sentimientos, organiza con su palabra.

Al aspecto relacional hay que añadir a cada persona algo que solo el género humano tiene en posesión: amar. Aunque se puede estudiar y sacar conclusiones de qué pueda ser el amor, todos entendemos que amar es conocer, comprender, ayudar, procurar que la otra persona -y todas- sea feliz. Amar y hacer bien a una persona lleva a percibir fácilmente sus buenas capacidades y sus buenas acciones a la vez de no tener en cuenta sus defectos y errores porque se estima y se desea que logre autoperfeccionarse. El que ama se entrega a la persona amada en sus diversas facetas de relación: hijo, padre, amigo, esposo, esposa, familiar, compañero de trabajo, novio o novia, vecino, transeúnte necesitado, etc.

No obstante, el otro no debe ser pasivo y, aún menos perezoso ni malintencionado; por eso será un gran bien que se ponga en marcha para lograr el bien más por sí solo que mediante ayudas de otras personas que dicen amarle. Es más, quizá pueda suponer un daño ayudar tanto que se suplante la personalidad del otro, o se comprenda sus defectos y se perdone tanto sus errores que se le consolide en conductas indebidas no conformes al ideal de persona.

Una expresión popular dice que si alguien tiene hambre no se le de un pez sino que es mejor enseñarle a pescar; alguien puede compadecerse del hambriento y darle el pez como remedio inmediato, pero así el hambriento volverá a padecer hambre. Puede parecer poco comprensivo, nada misericordioso e incluso cruel el hecho de no darle un pez y entretenerse en enseñarle a pescar cuando esté claro que se ha de resolver un problema inmediato de hambre, pero resulta más rentable darle una clase de pesca, más rentable en el orden de situar al otro en la verdad de forma permanente. A la persona más dada a considerar la lástima en el otro le dará pena que no se de un pez de inmediato, pero ha de entender que enseñarle a pescar es más duradero.

En consecuencia, ¿hay que ser duro e intransigente, casi inhumano, ante una desgracia ajena?, ¿no hay que dar limosna al mendigo o consolar al triste o acompañar al solitario? Hay una respuesta que parece querer salirse del juego: depende. Si nos tropezamos con dos mendigos en el que uno declara a otro -es un caso real- que acuden a lugares donde se da comida y enseres, pero que no coge de todo porque no le gusta, entonces ayudar mucho a este “depende” de si se considera oportuno o no; y liberar de una cárcel al castigado por una culpa demasiado importante es cuestión de mucho estudio en previsión de que al salir no vaya a reincidir.

Llegamos al punto importante que limita la comprensión: ¿hasta qué punto he de ser comprensivo, solidario, bondadoso, compasivo y solidario? ¿Hasta qué punto se ha de ser comprensivo?, ¿siempre?, ¿debe haber un límite?, ¿hay algún momento o alguna razón por la que la comprensión ha de ser suspendida y trazar una barrera que no se deba traspasar? Parece que esas preguntas tienen una doble respuesta: a) sí se debe ser comprensivo, cariñoso y solidario siempre y con cualquier persona; b) el límite o la suspensión de la comprensión -solo a efectos prácticos- se debe dar cuando queriendo el bien de esa persona se le quiere exigir un esfuerzo que solo ella puede y debe hacer por sí misma.

Sirvan como últimas iluminaciones algunos ejemplos: al niño pequeño se le lanza andar, aún con peligro de que se pueda caer, bajo la atención amorosa de sus padres; al caballo (no importa la comparación porque somos animales racionales) se le castiga para que corra o se le obliga a saltar un obstáculo con el que tropezó en beneficio de que no se vuelva inservible; al que burla la ley se le enjuicia y sanciona; al niño perezoso se le razona o se toman algunas medidas para que estudie y se forje fuerte o incluso sabio.

Es decir, hay que comprender -y la buena tendencia es tendiendo a la infinita comprensión- aunque también hay que exigir y, sobre todo, proporcionar herramientas para triunfar como persona aunque duela la exigencia, una exigencia que será muy buena dentro del marco del amor y la comprensión porque lo mejor no es la comprensión sino que la otra persona se sitúe en el bien, en la verdad, en el amor, en el buen hacer, de forma que la felicidad personal será poder ver que el otro a quien se ama ha alcanzado libremente su felicidad.

24 octubre, 2016

Decir de las cosas conforme a la verdad

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“Esto hace la gente muy a menudo: vestir las cosas con el ropaje que le parece para que las tengan por lo que no son. A los vicios los cubre con aspecto de virtud; a la charlatanería la viste de sabiduría; a la grosería la viste de libertad; a la venganza la llama fortaleza y valor. En cambio arropa las virtudes con ropas muy distintas: al pudor le llama mojigatería; a la modestia la viste llamándola cortedad; a la devoción le pone hipocresía; y a la verdad la viste de tontería y locura. Para poder hacer esto tiene siempre a mano todo tipo de vestidos, es decir, de razones, con las que dar a cada cosa el color y el aspecto que le parece”.

(Luis de la Palma, 1560-1641)

18 agosto, 2016

Preparar la esperanza

Filed under: Esperanza — Etiquetas: , , , — albayalde @ 8:03 pm

Esperar, ¡bella palabra! Esperamos la llegada del amigo, del padre, de la esposa, de la persona querida. Esperamos un éxito profesional. Esperamos una situación de bienestar. Esperamos una paz en el alma. Esperamos el descanso tras el intenso trabajo.

La esperanza hay que trabajarla porque no llega sola como una lluvia del cielo en la que no tenemos parte. Aquello que espero ha de ser elaborado poco a poco, lo que supone una idea, una preparación unos medios, unos elementos, unas acciones y un deseo bueno que lo inunda todo. Si los requisitos son útiles, quizá al final llegue el resultado. Mientras tanto se ha tenido la esperanza de alcanzar ese resultado, pero eso no se ha dejado a la suerte, sino que se ha sometido a un proceso de trabajo bienintencionado con la ilusión de alcanzar el objetivo que se deseaba.

Es vano esperar sin trabajar, tanto en el terreno de lo laboral, de lo profesional, o de lo familiar, amistoso, o las aficiones personales. La lluvia puede caer como regalo, los bienes normalmente no son gratis sino que hay que ganarlos a pulso, con esfuerzo diario y sentido común.

Para esperar bien hay que esperar con fundamento. Sería irreal poner los cimientos de la esperanza en unos pocos sentimientos o emociones pasajeros que tienen un carácter fugaz. Es más real, posible y satisfactorio esperar algo conforme a la verdad de lo que somos y en el orden de nuestras posibilidades. Como ejemplo clarificador, es iluso esperar un premio cuando no se tienen los boletos correspondientes para una rifa y es bastante coherente esperar una buena calificación académica tras muchas horas de un estudio e investigación bien realizados. Al contrario, esperar tener muchas emociones fugaces -las fiestas por un título o las celebraciones por un premio venido al azar- es fundamentar la esperanza en algo falto de coherencia.

La óptima esperanza conviene elaborarla poniendo los medios adecuados a nuestro alcance o, en definitiva, “trabajar o elaborar” la esperanza, aunque la incertidumbre humana siempre nos ofrece un factor sorpresa que deseamos coincida con el objetivo o meta que deseamos.

11 julio, 2015

Optimizar los recursos del amor

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José Luis Font Nogués

¿Quién no ha contemplado o realizado la atención de una madre hacia su hijo de varios meses de edad, cuando requiere todas las atenciones? Esa madre goza, no sólo ríe o se divierte, no sólo se sorprende, sino que tiene dentro de sí una gran felicidad que procede de la íntima relación con su hijo que viene ya de meses atrás; no es una felicidad que la madre se proporciona a sí misma, sino que es un regalo, el don de la felicidad que le proporciona su relación con su hijo.

La persona es feliz cuando goza un don; al contrario, las cosas materiales se pueden poseer pero no dan el máximo gozo que la persona desea; sólo las cosas del espíritu hacen entrar en el ámbito de la máxima felicidad y la paz, la comprensión y el amor superan ampliamente los niveles de felicidad que puedan dar las cosas materiales. Se puede comprobar que la capacidad de resistencia humana es muy alta y, ya que en penuria se puede sobrevivir, merece la pena poner la mirada más en la órbita de lo espiritual que en la órbita de lo material.

Ambos tipos de recursos materiales y espirituales- se pueden optimizar, pero es más rentable hacerlo en el marco del cariño y dentro de las relaciones familiares y amistosas. Por ejemplo: dar los buenos días e inaugurar cada día con simpatía, dando aliento o esperanza a quienes nos rodean; tener una buena conversación mientras se come o cena interesándose por lo que acontece a los otros; proporcionar a otro lo que sabemos le gusta; ofrecerse para compartir con otro una actividad de su gusto con el peligro de suprimir la que uno preferiría llevar a cabo; acostumbrarse a ofrecer pequeños regalos en días de celebración o aniversarios que sean de poco valor material y de gran aportación personal por estar elaborado con nuestro arte, como puede ser una poesía, una pintura o una canción inolvidable; etc.

Los pocos gestos descritos en el párrafo anterior dan pie a pensar en multitud de actos en los que se entrega y regala la misma persona como un don, dejando muy en segundo plano la supuesta felicidad que pueda dar la posesión o disfrute de cosas materiales.

26 enero, 2015

Afinar el carácter todos los días

Filed under: Carácter — Etiquetas: , , — albayalde @ 9:43 pm

José Luis Font Nogués

Parece que creemos haber descubierto mucho hasta el siglo XXI, pero acerca de la persona ya eran sabios en la cultura griega. Por ejemplo, Ovidio escribe en su libro Metamorfosis unas historias que parecen mitológicas, pero que reflejan cosas sabias sobre la misma humanidad.

Escultura de Bernini

Apolo y Dafne (Bernini)

Un ejemplo es el caso de Apolo y Dafne, bellamente representados por Bernini en la época barroca. Apolo pretende amar a una Dafne que no se deja y que en sus convicciones se va convirtiendo en árbol, en cortezas, raíces y ramas; quizá Apolo lo único que puede aprovechar son las hojas para hacer coronas a los héroes de su época.

Apolo no puede conseguir algo que pretende y nosotros inventamos muchas fantasías –depende del ingenio de cada cual- de las que quizá pocas podamos conseguir. Y nos podemos preguntar “¿para qué inventar cosas?”.

Dentro de nuestra personalidad, de nuestro peculiar modo de ser, también podemos inventar una vez sorprendidos por nosotros mismos y nos viene bien conocer algunos aspectos como son: la mucha o poca conmoción que nos producen los acontecimientos, que mide la emotividad personal; la capacidad de ser llevado a actuar continuamente o a ser más bien pasivo, que mide la actividad personal; la repercusión de las impresiones en el ánimo, que mide la resonancia que los acontecimientos tienen en nuestro interior. (more…)

18 diciembre, 2014

¿Por qué hacemos regalos?

Filed under: Familia — Etiquetas: , — albayalde @ 11:09 am

José Luis Font Nogués

Si una persona ama a otra se inclina a actuar de manera que esa persona amada se sienta satisfecha en sus necesidades o en sus gustos y, a la vez, el amante es feliz en ese modo de hacer; amante y amado gozan en el instante de dar y recibir.

En ese mismo momento de la actuación o donación amorosa hay un crecimiento del conocimiento mutuo porque el amante ha pensado qué necesita el amado, lo que lleva consigo un mejor conocimiento de esa otra persona; al mismo tiempo, el amado descubre características o modos de proceder de su amado, así como –si se pudiera hablar así- la cantidad del amor con que es amado.

Por eso, cuando se hace algo o se da algo a la persona amada, antes ha habido necesidad de “leer dentro” de esa otra persona: ¿qué necesita?, ¿qué le viene bien?, ¿qué le gustaría?

El bien de un regalo

Por qué hacemos regalos

Esas son las razones por las que se regala. No es el regalo una compra de un artículo comercial que se realiza por la obligación social de una fecha o de un acontecimiento; son muchos los cumpleaños, aniversarios, bodas, fiestas de Navidad y otros eventos por los que todos se afanan en comprar algo teniendo como premisa innombrada que si no hacen un regalo en esa ocasión quedarán muy mal ante los demás, lo que tiene una complicación añadida si se piensa en la igualdad de precios de los regalos que me han hecho o los que harán otras personas.

El regalo es un don. Ese don, eso que se dona o entrega, es algo vacío si carece de un sentido de relación personal; es decir, ¿qué más me da que me regalen una preciada colonia si no me quieren? El regalo exige una mayor identificación entre amante y amado, una mayor conocimiento intelectual y afectivo.

Teniendo en cuenta que el amor es diverso en modalidades padres-hijos, esposa-esposo, entre hermanos, entre familiares, de amistad, de noviazgo, de conocidos, de compañeros de trabajo o de vecindad, etc., así es la razón del conocimiento de la otra persona y la forma de intimidad. Por tanto, en la misma forma será diversa la razón del amor, de la donación y del regalo. Pero siempre exige el regalo la entrega personal.

Atendiendo a lo material del regalo, ¿hay que comprar algo?, ¿es mejor elaborarlo?, ¿lo que convenga comprar ha de ser caro o equivalente a lo que de esa persona yo he recibido?, ¿la otra persona se saciará con una pequeña poesía como regalo? Todas esas preguntas y más que haya tienen una sola respuesta: sólo basta entregar como regalo aquello que dicte el amor y no la necesidad o el compromiso; por eso puede bastar para un buen regalo algo pobre elaborado manualmente por la persona amada y eso puede ser más preciado por el amante que una cosa necesaria o innecesaria adquirida en los comercios de una ciudad. No obstante, a veces es necesario –en casos de extrema necesidad- entregar como regalos materiales de primera necesidad y se hace en primera instancia por razones de solidaridad.

Lo que une no son las cosas sino el amor; las cosas se utilizan cuando son necesarias para el desarrollo de la vida y no enriquece a la persona el tener cada vez más sin saber para qué o cómo utilizarlas; en cambio el regalo que es símbolo del amor enriquece por dentro y fortalece la paternidad, la filiación, el noviazgo, la fraternidad, la amistad y el compañerismo porque no se entrega una cosa sino que se entrega –según la modalidad de relaciones personales- el amante al amado…  y ese modo de proceder ¡aunque lleve a pensar un poco puede ser más económico!

29 agosto, 2014

Actuaciones acertadas

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , — albayalde @ 7:18 pm

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

A lo largo de cada día tomamos muchas decisiones y esa determinación nos hace ir valorando las posibilidades a nuestro alcance casi sin darnos cuenta. Algunas veces se hace más importante la materia sobre la que hay que decidir y lo pensamos más detenidamente e incluso consultamos con otras personas; otras veces actuamos con mayor ligereza. En el origen de esa toma de decisiones buscamos lo que realmente nos interesa, lo que vemos que nos conviene en cada momento o tendrá una repercusión favorable en el futuro.

Una cuestión tan fácil a primera vista nos ofrece confusiones: pensará el niño por qué no ha de comer con los dedos, estorbará al adolescente volver a casa temprano en vez de estar con los amigos, querrá no estudiar y hacer deporte quien ya va dejando la niñez y se adentra ve que descubre un mundo con muchas cosas apetecibles a su alcance, costará al padre y a la madre cuidar de la casa y de los hijos –es más, ¿cómo lo hacemos?-, será un problema decidir sobre dos posibilidades distintas para resolver un asunto familiar. Las alternativas de resolución aparecen inesperadas o se pueden buscar, el caso es resolver bien en cada momento.

La gran cuestión es saber cómo resolver, no confundirse en la decisión. Esto lleva a mirar adentro de cada persona: ¿quién soy yo?, ¿quién eres tú?, ¿qué persigo?, ¿hacia dónde vas?, ¿qué me mueve a actuar?, qué consecuencias tendrá mi decisión?… Quizá haga falta asesorarse, estudiar, leer algo conveniente, consultar, pensar; tenemos datos prácticos y podemos encontrar teorías, pero quizá no sea acertado el acercamiento exclusivo a uno de esos dos extremos porque la vida no es teoría y a la teoría le falta vida; además de la mucha ciencia hay factores de libertad, cultura, historia o capacidades de cada persona que inciden en la toma de una decisión y, en el otro extremo, el ejecutar continuamente sin pensar es superficialidad o atolondramiento.

El ejemplo del niño que busca con complacencia lo bueno y mira de reojo sonriendo cuando busca algo que él ya entiende como no adecuado es una gran lección para todos; dentro del niño y dentro de todos hay un sentir de lo que es o no oportuno en cada momento; esa fuente de sabiduría se puede estropear y por eso podemos acudir al asesoramiento y a la reflexión para lograr entender cuál es la buena actuación. La tarea del discernimiento y de la decisión es propia de toda persona desde la niñez a la vejez y en cualquiera de los ámbitos familiar, profesional o social de la vida.

Más vale pensar, no improvisar, experimentar la humanidad de las personas, no ser temerario ni tímido, respetar a todos y solucionar todo de la mejor manera posible. Posiblemente sea el amor lo que lleve a la verdad que habrá que tener en cuenta en cada decisión.

8 julio, 2014

Cortesía

Filed under: Educación — Etiquetas: , , — albayalde @ 12:34 pm

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

Los acontecimientos se suceden a veces con mucha rapidez y pretendemos cosas con demasiada inmediatez; ese impulso puede ser brusco y atropella muchas reflexiones que a la persona conviene hacer ante sus actuaciones.

Sucedió que un escritor deseaba  dar a leer sus poesías y acudió a un encuadernador con el fin de elaborar una edición corta que le sirviera para hacer algunos regalos. Buscó trabajadores del gremio y encontró a un artista de la encuadernación. Trató la forma de encuadernar, tipo de papel, cartulina de portada, títulos, tipo de letras y todas las cuestiones necesarias. El profesional de la encuadernación ofreció una sorpresa al escritor cuando trataban de establecer el orden de las páginas; el poeta buscaba calidad para su libro pero pretendía que quedara bien sin entender tanto del arte de la encuadernación como el mismo encuadernador; y el encuadernador no era tanto un empresario moderno sino un artista romántico:

–          Esto no va así, aquí hemos de poner una página de cortesía

–          ¿Cortesía…?

Sí, era necesaria la cortesía. No se puede abrir un libro y comenzar a leer inmediatamente, hay que dar un poco de tiempo, hay que pedir permiso para comenzar a leer, hay que dar un poco de emoción, hay que ofrecer un poco de anhelo al que abre ese libro por primera vez… ¡no se puede atacar al lector diciéndole a gritos lo que ha de leer! El escritor, que se creía poeta, entendió la poesía del encuadernador: cortesía, hay que ser educado, todo tiene su protocolo.

El trato quedó cerrado, el poeta salió a la calle y considerando la cortesía que acababa de aprender, le sobrevino un nuevo asombro porque su memoria le trajo cierto día que observó cómo un niño pequeño se desenvolvía con naturalidad y descomponía su figura con la consiguiente alteración de un grupo de personas mucho más altas que él; su atenta madre también actuó con la naturalidad reflexiva que le correspondía y habló a su hijo: “¡Pero  Alvarito!, ¿dónde está tu madurez de tres años?”. Parece insólita la declaración materna, pero acertadísima; no avasalló la intimidad de su hijo que estaba en su “derecho” de hacer alguna travesura, le trató con inmenso cariño y le sugirió tener cierta madurez… la que podía, la de sus tres años; el niño conservaba su libertad y su intimidad, su pequeña capacidad de decidir, pero seguro que advirtió que en adelante debía pensarse dos veces si decidía o no hacer la misma travesura delante de varias personas mayores reunidas en torno a él.

Es bella una relación humana en la que no se ataca, no se obliga, no se insulta, no se grita, no se impone. Es bella una relación humana en la que se pide “por favor” sugerir alguna cuestión, hacer lo que a la otra persona le gusta, tener la cortesía de ir poco a poco, de tantear cómo recogerán los demás esas ideas que me gustan o de las que yo estoy muy convencido.

22 mayo, 2014

El buen amor a todos educa

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 10:13 am

José Luis Font Nogués

Publicado en http://www.quefamilia.es

 

La persona está diseñada de tal forma que al darse a otras encuentra su felicidad. La ley que lleva impresa el amor es lanzarse al exterior, a otros, a los demás: darse.

El amor, que es entrega, no es algo que se reduzca a la impresión de un momento de idilio en el que hubo una luz especial; ese momento es aquel en el que destella la luz del amor, pero ese amor no debe quedarse ahí, en el recuerdo de aquel momento, como algo estático e inolvidable, sino que, siendo así, también debe ser dinámico porque esa entrega se proyecta a lo largo de toda la vida y cada día se es feliz buscando la forma de entregarse a la otra o a las otras personas: los padres, las amistades, la esposa, el esposo, los hijos, los nietos.

En cada momento de la vida, de un año o de un día, hay que ver cómo darse a la otra persona para hacerla vivir en el amor, en la felicidad y permaneciendo en esa actitud se consuma y fructifica una vida en unidad. Es un asunto de comunicación, admiración, amor, abrazo, buscando la perfección que se ha de elaborar en la otra persona y, así, llegar al “éxtasis” ante la otra persona que hace decir “te amo”, “sin ti no vivo”, “mi vida eres tú”. Por eso entre los que se aman hay una vida en común, una intimidad paternal, filial, esponsal o de amistad.

Tradicionalmente, los profetas y los poetas han hablado de la sed de agua y de las fuentes de las aguas. El profeta Ezequiel explicaba sobre los cuatro ríos que salían y rodeaban el Templo de Jerusalén y quería resaltar la riqueza que daba a las tierras de las riberas para que ofrecieran frutos a los habitantes del lugar, pero como profeta quería hacer ver la sed espiritual y la felicidad del hombre. De manera parecida -“buscando mis amores iré por esos bosques y riberas, ni acogeré las flores ni temeré las fieras y pasaré por fuertes y fronteras”- San Juan de la Cruz describe este tema a la vez que habla sobre la “eterna fuente”, expresiones que parten del deseo de felicidad del corazón humano y que sólo se sacia con el agua del verdadero amor junto con el esfuerzo, sacrificio y unión con el ser amado. También Miguel Hernández se refiere a su amigo fallecido: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería”; no “lo quería”, sino que se amaban juntos con amor bueno de amistad.

No obstante, hay dificultades en la vida de las personas; esas dificultades nacen de la imperfección propia y también de imperfecciones de los demás; la cosa se complica porque las imperfecciones pueden proceder de la manera de ser personal o de los demás, de características genéticas o de malas costumbres o de enfermedades.

Las dificultades no tienen por qué empañar el amor; al contrario, el amor es empañado por las dificultades cuando en realidad no se ama y nace el egoísmo. Una pequeña tos, unos gustos distintos, una parálisis que lleva a que una persona deba ser atendida constantemente, una tozudez, unos malos hábitos de conducta, un modo de entender la vida que emerge inesperadamente al paso de los años como un volcán que estaba apagado, unas manías consolidadas, … no tienen por qué enturbiar el verdadero amor.

Es fácil la tendencia a quitar de la vista lo que no da placer inmediato, por eso lo descrito en el párrafo anterior es una alfombra para dar paso a la ruptura del amor; pero no es el buen camino. Los amados –esposos, hijo y amistades- necesitan siempre de la solidez perenne del amor indestructible y ello supera todo tipo de dificultades por mucho que hagan sufrir. Es fácil deteriorar el amor, pero lo mejor es velar por el amor o cuidar el amor como un tesoro.

¿Qué hacer ante los casos de dificultad?: sanar, resolver. Sanar al enfermo; resolver problemas o modos de hacer humanos en el marco del amor fiel y duradero; no huir sino ofrecer misericordia –comprender la miseria de los demás- para ayudar a los demás; aprender a convivir con enfermedades y problemas; acudir a especialistas para resolver situaciones o para saber tratar con enfermos físicos o psíquicos; no centrar la felicidad en el placer o en “lo que me gusta” o en “los límites que yo puedo aguantar” sino en la entrega personal a los demás para hacerles felices incluso a pesar de mi sufrimiento; buscar siempre la verdad para tratar de ajustar las respuestas personales a verdad y no a la comodidad.

El principio de validez de la unión del amor es el que lleva a la fidelidad, a la felicidad, a través del camino del sacrificio necesario que se haya de hacer para que las personas amadas sean auténticamente felices. Para ello el “yo” no es lo principal, lo principal es siempre la “otra” persona.

En la línea de los poetas viene Pedro Salinas a recordarnos que la razón de amor no está en el recuerdo de un destello ni del dónde ni de qué manera sucedió: “Si quieres recordarlo no sirve el recordar. Sólo vale vivir de cara hacia ese dónde, queriéndolo, buscándolo”.

14 mayo, 2014

Calurosa acogida

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , , — albayalde @ 8:29 am

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://quefamilia.es/category/acordes-educativos/

Hay personas que saben expresar estos sentimientos en diversas facetas del arte; así Mendelssohn escribió ocho cuadernos con cuarenta y ocho partituras tituladas “Romanzas sin palabras” (Ver la interpretación de esta romanza en el vídeo situado en la barra lateral). En algún libro que las recoge leí que su op. 19 nº 4 es calificada como “Calurosa acogida”. Efectivamente, esa música expresa un ánimo exaltado que puede identificarse con el sobresalto animoso de un encuentro, se abre la casa y hay júbilo al ver a la persona que ha llegado, pero la música pasa a ser luego más lenta como queriendo expresar el intimismo de una conversación que acerca a las dos personas, se dice y se vuelve a decir un “¡cómo estás?”, “es una suerte tenerte aquí”… de nuevo una alegría, un remanso de paz y al final un nuevo júbilo que recapitula de modo más sereno la exultación del primer encuentro.

Sin duda, la belleza de la referida música de Mendelssohn nos trae al pensamiento nuestro trato con quienes nos encontramos a diario: ¿acogedor?, ¿hosco?, ¿profundo?, ¿superficial?, ¿respetuoso?, ¿indiferente?, ¿amable?, ¿servicial?, ¿exigente?…

Es un lujo contemplar el amanecer diario y poder disfrutar de nuestro primer encuentro con la naturaleza. El sol se alza. Aparecen en nuestro horizonte la primeras personas que nos traen el regalo de hoy: una sonrisa, un buen deseo, una buena tarea, o quizá alguna incompresión. Avanza la jornada con intensidad, y con ella el cansancio, nuestros encuentros con los otros nos enriquece: una solución a un problema es un reto positivo para aprender, una ayuda no nos disminuye en nuestra estatura sino que nos levanta de la tierra pues algo imprevisto ha hecho esforzarnos por ofrecer lo mejor de nuestro interior.

Pero la música también está compuesta por silencios. Los silencios dicen cosas y es necesario guardarlos. Callamos y se nota que aprobamos, alabamos, reñimos o no estamos de acuerdo. Un silencio ofrece perdón, da la palabra, escucha a la otra persona, deja pasar algo que nos parece inconveniente, une o distancia.

Anochece. Contento apago la luz y contemplo las estrellas. Con palabras o sin palabras, el día es una Romanza al mundo amado, a las personas amadas, a todo y a  todos en este mundo globalizado.

8 noviembre, 2013

La firmeza necesaria en el educador

Filed under: Pautas educativas de Andrés Manjón — Etiquetas: — albayalde @ 11:58 am

Se refiere Andrés Manjón a la firmeza que ha de ejercitar el maestro al encargarse de un grupo de alumnos a los que no conoce. Parte del supuesto del buen hacer y de los conocimientos del maestro, pero también de las tendencias que emergen en los alumnos para investigar quién es su maestro y establecer unas posiciones adecuadas para ellos enfocadas a la defensa o, incluso al ataque. Escribe Andrés Manjón:

“El maestro necesita la virtud de la firmeza al principio, pues al presentarse por primera vez en clase, los alumnos le han de estudiar, sondear, tantear para ver de qué pie cojea, y por aquel flaco probarle y sobreponerse. Sea, pues, firme, sereno y precavido para triunfar en tales astucias y ensayos de rebelión”.

Puede dar la impresión de ser D. Andrés un hombre apacible y amable por aquella idea de pretender educar mediante el juego, pero no por ello es ingenuo: conoce bien el miedo del profesor que se enfrenta a un grupo de alumnos a los que no conoce y también conoce las estrategias –no mal intencionadas por lo general- de ese grupo de alumnos que no quiere ser dominado por un experto mayor.

Pero el maestro, profesor o educador, no necesita imponerse de alguna forma, sino mostrar las reglas del juego para lo que les reúne a todos: “Necesita firmeza después, para continuar, sostener y hacer cumplir todo lo dispuesto y ordenado, ya para la disciplina, ya para el estudio de los discípulos”. La firmeza es para tres fines: continuar, sostener y hacer cumplir.
Firmeza para continuar, porque los objetivos educativos se han de llevar a cabo; de nada serviría reunir a unos alumnos para no conseguir lo que se pretende conforme a sus edades o pautas educativas adecuadamente establecidas. Ese continuar requiere un ritmo diario que estará programado por el maestro, de forma cuadriculada y detallada en un documento escrito, aunque flexible y natural en el modo de actuar.

Firmeza para sostener, porque los alumnos necesitan ser llevados continuamente, animados en una ilusión llena de alegre anhelo por descubrir esas metas educativas de conocimientos o de actitudes en busca de su bien personal y del bien del marco social que le rodea. Los alumnos no progresarán sin el ánimo, sin el sostenimiento de la voluntad que ha de lograr esfuerzos por el saber y por la buena conducta.

Firmeza para hacer cumplir, porque no se educa mostrando una idea sino llevándola a la práctica; es conocida la expresión “la letra con sangre entra”, que no se refiere a nada hiriente ni coercitivo, sino a lograr una meta a través del esfuerzo que hay que empeñar para lograrla. Así, el alumno no aprenderá la ciencia ni la correcta manera de comportarse si no realiza actos que le cuesten; para eso está el maestro que “hace cumplir”, mejor con entusiasmo que con severidad.

Esta firmeza lleva incorporadas algunas actitudes en el educador. La firmeza es constancia o, en un grado más alto, perseverancia. La constancia parece que se aplica a una repetición desagradable y la perseverancia habla más de un empeño amoroso, que es lo que debe distinguir al maestro; el maestro ha de hacer todo amablemente, con gran respeto y con una entrega total y perenne a la persona que se educa.

(cfr. Manjón, Andrés. El Maestro mirando hacia dentro. Imprenta de las Escuelas del Ave María. Granada 1996, página 107)

3 julio, 2013

Signos artísticos en torno a la cruz de Jesucristo

Filed under: Misterio y Belleza — Etiquetas: , — albayalde @ 12:16 pm

La cruz de Cristo domina todos los tiempos. Sus dos brazos se alzan sobre el pasado y el futuro. La historia del mundo se divide en dos períodos: antes de Cristo, bajo la sombra de la cruz; después de Cristo, a la luz de su cruz.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

Jesús crucificado acompañado por su madre, María, y su discípulo más joven, Juan.

En el pensamiento de los artistas de la Edad Media, San Juan representa el pasado; la Virgen el futuro. Aquel está a la izquierda de Cristo y la Virgen a su derecha, del lado en que aparece abierta la herida de su corazón y hacia donde inclina su rostro.

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

Jesús en lal cruz y a ambos lados los signos del sol y la luna

A veces se ponía, a la izquierda, la luna; y a la derecha, el sol. O a la izquierda la Sinagoga, con su cetro roto y un velo sobre los ojos; y a la derecha, la Iglesia, con un cáliz y los Evangelios. San Juan significaba la Sinagoga, porque, en la mañana de Pascua, cedió el paso a San Pedro, al entrar en el sepulcro; como la Sinagoga, según comenta San Gregorio Magno, debe ceder el paso a la Iglesia (E. Male, L’Art religieux au XIII siècle en France, pp. 231-232). Sin embargo, a quien debería colocarse a la izquierda de Cristo para figurar el pasado es al Bautista, como en la crucifixión de Grunewald; el lugar del Evangelista; en cambio, es a la derecha de la Virgen, no desfallecida, sino en pie.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

Representación de Jesús crucificado donde el artista ha representado presente a S. juan Bautista, que en ese momento ya había fallecido.

La cruz de Cristo trasciende a todos los tiempos, salva a todos los hombres; a los que vivieron en el pasado y a los que vivirán en el futuro: “Cuando fuere levantado en alto, había dicho el Salvador, atraeré a todos a mí” (Juan, 12, 32)

(Charles Journet. Las siete palabras de Cristo. Ed. Rialp, col. Patmos 163. Madrid 1976, p 108)

28 junio, 2013

Semillas de verdad

Filed under: Educar para ir hacia la Verdad — Etiquetas: — albayalde @ 8:59 am

Se añade a este blog el enlace  http://seedsoftruth.blogspot.com  como herramienta de diálogo entre la cultura contemporánea y el sentido religioso inherente al hombre.

El enlace se ha situado en la barra lateral derecha de este blog, en la sección de enlaces.

21 abril, 2013

Educar la posibilidad de relación con las personas: sinceridad y confianza

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 6:47 pm

La característica de ser sociable la persona solicita que se le ayude desde el inicio de la vida a que desarrolle sus relaciones con las personas de la mejor manera posible. Por eso podemos hablar de educar a la persona en todos los aspectos que se refieren a las relaciones con los demás.

Antes que pensar en los demás, conviene atender al origen de las relaciones, a uno mismo. Por eso, hay dos cuestiones esenciales: estar en la verdad de sí mismo y confiar en sí mismo.

Saber de uno mismo con autenticidad y certeza es clave para salir fuera de sí a tratar con las demás personas; admitir cualquier matiz de engaño, mentira, falsedad o disimulo sobre uno mismo es dar paso a una mala forma de relacionarse porque la relación misma se hace falsa. Andar por la vida con la certeza de sí mismo se traduce en el término sinceridad, ser sincero con uno mismo para –desde ahí- ser sincero con los demás; establecer la vida en términos de sinceridad  posibilita que las relaciones sean fáciles, que se conozca al sujeto y se viva con la claridad de saber quién es, cómo es, qué piensa, que nos quiere decir. Al contrario, las falsedades o engaños posibilitan la desconfianza, la duda, el recelo y todo tipo de complicaciones en torno a las relaciones personales.

Una vez establecida la sinceridad sobre sí mismo como punto de partida, el paso siguiente es conocer con realidad las capacidades de uno mismo, las posibilidades que tiene de realizar cosas buenas, en qué materias y de qué manera; así, por ejemplo, alguien que advierte que tiene sensibilidad por los colores puede advertir que puede pintar una obra de arte y, al contrario, una persona que no domina bien sus destrezas manuales no deberá pretender ser un trabajador manual y menos de cosas pequeñas.  Establecido el conocimiento de sí mismo llega la tarea imprescindible de pasar a confiar en las propias posibilidades, es decir, a confiar en sí mismo. También este aspecto tiene matices positivos y negativos: quien está seguro de las posibilidades que uno tiene puede establecerse metas a realizar en proporción al mayor o menor grado de sus capacidades y quien duda sobre lo que él puede hacer  quizá se quede realizando pocas cosas o cosas de muy pequeña importancia.

La educación de la persona, desde niño y en cualquier momento de la vida, es el motor para que cada uno afiance su modo de ser sincero, su conocimiento personal, sus capacidades, sus destrezas, sus límites y –por tanto- el modo óptimo de relacionarse con los demás.

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