El arte de educar

29 junio, 2017

El tesoro de la amistad

Filed under: Amistad — albayalde @ 11:00 pm

Las grandes hazañas, las grandes tragedias, las grandes maneras de vivir, se recogieron y nos han llegado desde las tragedias griegas y en toda la literatura clásica antigua, como es el caso de Sócrates, Platón, Aristóteles y otros muchos.

La amistad es una de las grandes hazañas que es posible vivir entre las personas y el Beato Elredo de Rieval –un abad cisterciense inglés (1110-1167)- ve en ella un motor humanizador conforme a cuatro elementos básicos: la dilección, el afecto, la confianza y la elegancia. Así lo expresa en su libro “De spiritali amicitia iii. 51”: «La dilección se expresa con los favores dictados por la benevolencia; el afecto, con aquel deleite que nace en lo más íntimo de nosotros mismos; la confianza, con la manifestación, sin temor ni sospecha, de todos los secretos y pensamientos; la elegancia, con la compartición delicada y amable de todos los acontecimientos de la vida —los dichosos y los tristes—, de todos nuestros propósitos —los nocivos y los útiles—, y de todo el que podemos enseñar o aprender».

Elredo, en el tratado “Sobre la amistad espiritual” / Libro 3: PL 195, 692-693, detalla más aún con el caso práctico de la amistad de Jonatán y David recogido de la Biblia:

Jonatán, aquel excelente joven, sin atender a su estirpe regia y a su futura sucesión en el trono, hizo un pacto con David y, equiparando el siervo al Señor, precisamente cuando huía de su padre, cuando estaba escondido en el desierto, cuando estaba condenado a muerte, destinado a la ejecución, lo antepuso a sí mismo, abajándose a sí mismo y ensalzándolo a él: Tú -le dice-serás el rey, y yo seré tu segundo.

¡Oh preclarísimo espejo de amistad verdadera! ¡Cosa admirable! El rey estaba enfurecido con su siervo y concitaba contra él a todo el país, como a un rival de su reino; asesina a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspecciona los bosques, busca por los valles, asedia con su ejército los montes y peñascos, todos se
comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el rey, y yo seré tu segundo.

Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas, recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores. Y, habiendo pronunciado Saúl sentencia de muerte contra David, Jonatán no traicionó asu amigo. ¿Por qué va a morir David? ¿Qué ha hecho? Él se jugó la vida cuando mató al filisteo; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué ha de morir? El rey, fuera de sí al oír estas palabras, intenta clavar a Jonatán en la pared con su lanza llenándolo además de improperios: ¡Hijo de perdida -le dice-; ya sabía yo que estabas confabulado con él, para vergüenza tuya y de tu madre!

Y, a continuación, vomita todo el veneno que llevaba dentro, intentando salpicar con él el pecho del joven, añadiendo aquellas palabras capaces de incitar su ambición, de fomentar su envidia, de provocar su emulación y su amargor: Mientras el hijo de Jesé esté vivo sobre la tierra, tu reino no estará seguro.

¿A quién no hubieran impresionado estas palabras? ¿A quién no le hubiesen provocado a envidia? Dichas a cualquier otro, estas palabras hubiesen corrompido, disminuido y hecho olvidar el amor, la benevolencia y la amistad. Pero aquel joven, lleno de amor, no cejó en su amistad, y permaneció fuerte ante las amenazas, paciente ante las injurias, despreciando, por su amistad, el reino, olvidándose de los honores, pero no de su benevolencia. Tú -dice-serás el rey, y yo seré tu segundo.

Ésta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible; la que provocada por tantos ultrajes, permanece inmóvil. Anda, pues, haz tú lo mismo”.

Por eso, la amistad verdadera es perfecta y constante, el amigo fiel es un refugio seguro, un tesoro.

18 agosto, 2016

Preparar la esperanza

Filed under: Esperanza — Etiquetas: , , , — albayalde @ 8:03 pm

Esperar, ¡bella palabra! Esperamos la llegada del amigo, del padre, de la esposa, de la persona querida. Esperamos un éxito profesional. Esperamos una situación de bienestar. Esperamos una paz en el alma. Esperamos el descanso tras el intenso trabajo.

La esperanza hay que trabajarla porque no llega sola como una lluvia del cielo en la que no tenemos parte. Aquello que espero ha de ser elaborado poco a poco, lo que supone una idea, una preparación unos medios, unos elementos, unas acciones y un deseo bueno que lo inunda todo. Si los requisitos son útiles, quizá al final llegue el resultado. Mientras tanto se ha tenido la esperanza de alcanzar ese resultado, pero eso no se ha dejado a la suerte, sino que se ha sometido a un proceso de trabajo bienintencionado con la ilusión de alcanzar el objetivo que se deseaba.

Es vano esperar sin trabajar, tanto en el terreno de lo laboral, de lo profesional, o de lo familiar, amistoso, o las aficiones personales. La lluvia puede caer como regalo, los bienes normalmente no son gratis sino que hay que ganarlos a pulso, con esfuerzo diario y sentido común.

Para esperar bien hay que esperar con fundamento. Sería irreal poner los cimientos de la esperanza en unos pocos sentimientos o emociones pasajeros que tienen un carácter fugaz. Es más real, posible y satisfactorio esperar algo conforme a la verdad de lo que somos y en el orden de nuestras posibilidades. Como ejemplo clarificador, es iluso esperar un premio cuando no se tienen los boletos correspondientes para una rifa y es bastante coherente esperar una buena calificación académica tras muchas horas de un estudio e investigación bien realizados. Al contrario, esperar tener muchas emociones fugaces -las fiestas por un título o las celebraciones por un premio venido al azar- es fundamentar la esperanza en algo falto de coherencia.

La óptima esperanza conviene elaborarla poniendo los medios adecuados a nuestro alcance o, en definitiva, “trabajar o elaborar” la esperanza, aunque la incertidumbre humana siempre nos ofrece un factor sorpresa que deseamos coincida con el objetivo o meta que deseamos.

16 mayo, 2015

Vivir siempre alegre

Filed under: Disposiciones — Etiquetas: , — albayalde @ 4:51 pm

Una persona está alegre cuando en su interior se manifiesta un sentido agradable ante la vida producido por acontecimientos determinados y esa sensación de placer se manifiesta externamente en la expresión del rostro o, incluso, en otras expresiones de toda la corporalidad que expanden eso agradable que lleva en su interior.

Se puede decir que una persona vive bien, a gusto, en la medida en que siente esos motivos por los que se siente feliz, disfruta y entiende que gracias a ellos merece la pena vivir.

No obstante, la alegría no es sólo una emoción momentánea, es algo de mayor envergadura. Entendemos que es lógico que vivamos y gocemos con lo bueno; ese sentimiento es de mayor amplitud que una simple emoción y se llega a un estado de vida en el que se es inundado por la felicidad. A pesar de todo, todo lo humano tiene sus imperfecciones y no es posible nunca una alegría plena, por eso conviene mantener una actitud de esfuerzo por buscar el estado de alegría porque ello nos hará vivir en mejores condiciones que en una situación triste o pesimista; podemos buscar bien en el horizonte los acontecimientos y las razones por las que podemos vivir felizmente, a pesar de las dificultades. (more…)

26 enero, 2015

Afinar el carácter todos los días

Filed under: Carácter — Etiquetas: , , — albayalde @ 9:43 pm

José Luis Font Nogués

Parece que creemos haber descubierto mucho hasta el siglo XXI, pero acerca de la persona ya eran sabios en la cultura griega. Por ejemplo, Ovidio escribe en su libro Metamorfosis unas historias que parecen mitológicas, pero que reflejan cosas sabias sobre la misma humanidad.

Escultura de Bernini

Apolo y Dafne (Bernini)

Un ejemplo es el caso de Apolo y Dafne, bellamente representados por Bernini en la época barroca. Apolo pretende amar a una Dafne que no se deja y que en sus convicciones se va convirtiendo en árbol, en cortezas, raíces y ramas; quizá Apolo lo único que puede aprovechar son las hojas para hacer coronas a los héroes de su época.

Apolo no puede conseguir algo que pretende y nosotros inventamos muchas fantasías –depende del ingenio de cada cual- de las que quizá pocas podamos conseguir. Y nos podemos preguntar “¿para qué inventar cosas?”.

Dentro de nuestra personalidad, de nuestro peculiar modo de ser, también podemos inventar una vez sorprendidos por nosotros mismos y nos viene bien conocer algunos aspectos como son: la mucha o poca conmoción que nos producen los acontecimientos, que mide la emotividad personal; la capacidad de ser llevado a actuar continuamente o a ser más bien pasivo, que mide la actividad personal; la repercusión de las impresiones en el ánimo, que mide la resonancia que los acontecimientos tienen en nuestro interior. (more…)

28 febrero, 2013

Apresado por la nieve

Filed under: Saber amar — albayalde @ 5:06 pm

Apresado por la nieve

Hoy la nieve me adentra en lo cósmico
de tú a tú con la naturaleza
gran acusadora de mi pobreza
por lo que me consideran cómico.

Cada copo y otro es dinámico
cubriendo por la noche la corteza
de troncos de árboles, tierra y maleza,
manifestando cada algo cónico

Es la blancura lo que significa,
la extensión nevada en todo su albor
incansablemente algo predica.

Libremente cae pero no salpica
y empapa toda la tierra de amor
como símbolo del cosmos que indica.

15 agosto, 2011

El amor tiene alas

Filed under: Saber amar — albayalde @ 5:09 pm

El ser humano está proyectado para hacerse con los otros iguales a él. Esta característica humana se comprueba en el hecho de no poder hacerse completamente la persona en sí misma, lo que acostumbramos a llamar egocentrismo y lo calificamos como algo negativo y desagradable en el contexto social.

Por experiencia práctica y por razonamiento intelectual, se puede considerar la soledad como algo negativo, como un mal, porque impide la realización personal. No obstante, distinguimos entre la soledad y esos momentos de alguna duración de en los que la persona no está físicamente junto a otras –que no es soledad sino aislamiento voluntario- para pensar o encontrarse consigo mismo tras un periodo de minutos, horas o días con actividad exterior grande.

Encontramos en el plano humano algo interesante entre dos extremos de un binomio: interioridad-exterioridad o aislamiento-relación. Esos cuatro términos son necesarios, se complementan de dos en dos y no pertenecen al ámbito de la soledad sino a la mayor riqueza humana que reclama la presencia de otros.

Cuando se aplican las posibilidades de exterioridad y de relación, la persona centra su atención en los demás y sale de sí misma, nace un interés por el bien de los otros, surge un afecto que acelera el deseo de ese bien para el otro. Como resultado, surge la iniciativa, la inventiva, para encontrar métodos y procedimientos para que la persona amada sea feliz.

Ese vuelco hacia los demás se llama amor y lleva a ideales tan elevados que hacen realidad una expresión conocida: “el amor tiene alas”. ¿Qué alas son esas que engendra el amor? A veces deseamos algo muy concreto y material para la persona amada, un pequeño obsequio o regalo que se puede comprar; otras veces el gran amor puede llevarnos a desear algo inalcanzable por haber puesto un altísimo nivel en aquello que deseamos para la persona amada.

No es extraño pensar en el vuelo del amor. Un sencillo suceso infantil lo demuestra: Un niño sabía que su madre rezaba, es decir, trataba de hablar con Dios en el interior de su corazón y de su pensamiento, considerando la trascendencia del Sumo Ser; bajo esta perspectiva, el niño le preguntó: “¿Y tú hablas con Dios?”; ante la respuesta afirmativa, que no requería mucha información, el niño consideró lógico continuar la pregunta con lo que imaginaba que le posibilitaba la acción de orar: “¿entonces, tú vuelas?” Es decir, eran lógicas para el niño las alas del amor o, con otras palabras, entendía también que “el amor tiene alas” porque de lo contrario era imposible elevarse a la altura del Sumo Bien y de la Suma Bondad.

Es tan popular entender el amor alado que el icono del amor es Cupido, el dios del amor en la mitología romana o el Eros en la mitología griega. Se le representa como un niño con alas, indicando la altura y fugacidad –a veces- del amor, y con los ojos vendados, expresando la ceguera incluso ante las imperfecciones de la persona amada. En la historia mitológica, Cupido, hijo de Venus o diosa de la belleza, se ve en muchos episodios que acaban con el triunfo del amor alegre.

Los poetas se han expresado en los mismos términos y han considerado que los ideales grandes son ideales altos, y al estar altos hay que sobreponerse, hay que volar para alcanzarlos; quizá sean difíciles de conseguir y por eso se les pone a una altura poco menos que inalcanzable, mas los que se esfuerzan lo consiguen y pueden exclamar: “Volé tan alto tan alto que le di a la caza alcance”.

En el arte encontramos otra representación de la elevación del alma en el águila de San Juan; la escena frecuente en pinturas y relieves es la del águila que inspira a San Juan el libro del Apocalipsis. El águila es ave de vuelo alto y solemne, por eso es apta para representar a quien escribe un libro de altura espiritual.

El verdadero amor toma iniciativas en busca de la felicidad de la persona amada, hace salir a la persona de sí misma y de su pobre ensimismamiento, lanza a la persona a la alegría de ser complementada en otra persona. El amor es espléndido, alto, sabe volar porque se dirige continuamente hacia un objetivo que no es él mismo, va hacia el sol.

11 marzo, 2010

Para una agradable convivencia

Filed under: Ciudadanía — albayalde @ 9:17 pm

Se diría en términos clásicos que el hombre es sociable por naturaleza; sociable es contrario a solitario por localización geográfica o por aislamiento relacional.

El gran don de la comunicación no sólo es algo característico de los seres humanos, sino un gran regalo que es bueno agradecer y ponerlo en práctica de la manera más conveniente. La persona comunica lo que posee en su interior, sus ideales, preocupaciones, alegrías, proyectos, penalidades, ilusiones y todo aquello que se pueda compartir.

Compartir es algo delicado. Se comparte el sol o la lluvia, pero eso no es propio; se comparte un poco de alegría en un estadio de fútbol y, sin ser muy propio, es algo de lo que participan más intensamente junto con otros aficionados; se comparte una buena mesa, pero con amigos, y eso es compartir las vidas de las personas que califico como agradables comensales; se puede compartir algo de la intimidad personal, pero únicamente con quien se que me entiende y se puede alegrar o me puede ayudar.

Se comparte también el trabajo y la vida ciudadana; en esas áreas encontraremos amigos, personas que opinen como uno mismo y personas que difieran poco o mucho de mi manera de plantear la vida o las soluciones a muy diversos temas. ¿Serán amigos o enemigos? ¿Puedo considerar que es mi enemigo quien piense distinto a mí o quien pretenda dar otras soluciones a los problemas? No hay razones para que los que ofrecen otras maneras de pensar sean mis enemigos, más aún, no hay razones y tampoco son acertados esos planteamientos. La gran mayoría de las cuestiones humanas no tienen soluciones únicas, el grado de inventiva y creatividad es tan alto como alto es el número de pobladores de la tierra.

La afinidad entre personas que tengan las mismas opiniones es agradable para ellas, eso no implica desagrado para quien opine lo contrario o tenga otro tipo de soluciones. No cabe la descalificación de otra persona o grupo de personas por el solo motivo de opinar de modo distinto u ofrecer distintas soluciones.

No obstante resulta acertado pensar que todo tipo de solución a los problemas deben estar en el entorno de la naturaleza de las cosas; es decir, no parece adecuado establecer una jornada laboral de veinte horas porque no es humano, sí parece adecuado velar por evitar los accidentes de tráfico porque así defendemos la vida de cada persona. Dentro de los límites oportunos que permiten a la persona ser persona, las opiniones sobre acontecimientos pueden ser muy variadas.

¿Enemistad o amistad entre humanos por opinar de una manera o de otra? Lo mejor es plantearse, ante todo, la amistad y la colaboración. En foros de trabajo o de cultura se experimenta bien que todos aprendemos de todos y es que buscar honradamente la verdad suscita sumandos positivos y, en cambio, agredir o tratar de molestar levanta sustraendos al buen entendimiento social.  La humanidad busca sumar y no restar porque está llamada al progreso y al desarrollo, eso lleva a que todos colaboremos y ofrezcamos buenos sumandos.

9 marzo, 2010

Energía en el espíritu

Filed under: Disposiciones — albayalde @ 1:53 pm

La palabra “energía”, en cuanto que referida a la faceta espiritual de la persona, parece que está en la órbita de los términos “fortaleza”, “reciedumbre” o “vigor”, siempre en el sentido de saberse exigir desde lo más interior de uno mismo. Estamos hablando, pues, de algo que sugiere –si se toman referencias externas- una estructura que pueda soportar peso, que no se caiga, que tenga cimientos, que sea duradera, que resista todo tipo de tempestades.

En términos coloquiales hablamos de “reciedumbre” como esa disposición habitual de saberse llevar a uno mismo, por dentro y por fuera, conforme a unos objetivos personales señalados de antemano o según lo que conviene a la sana convivencia en la sociedad, sea el entorno familiar, laboral o amistoso. Es decir, se trata de aquella disposición paulatinamente adquirida de superar todas las tareas y dificultades que puedan presentarse para llevar a cabo un proyecto personal conforme al bien, dominando el propio ser, armonizando todas las buenas capacidades personales, eliminando los obstáculos –tendencias o defectos- que uno mismo pueda poner para conseguir los fines de antemano deseados y sorteando dificultades externas que nos presenten los ambientes en que nos encontramos.

Es evidente que los ideales se pueden formular con facilidad –y a veces con cierta utopía o idealismo-, pero lo más difícil es saber “cómo se llevan a cabo”. Nos son útiles para encauzar esta tarea unas ideas entrelazadas o complementarias entre Nietzsche y Frankl: una psicoterapia que quiera dirigirse al hombre tiene por fuerza que hacerse cargo de la voluntad de sentido, muy en consonancia con esa enseñanza de Nietzsche, que dice: “quien tiene un ‘porqué’ para su vida, soporta casi siempre el ‘cómo’ “; así es en verdad, solo que yo diría sin restricciones: soportar cualquier cómo. (Frankl, Víctor E. La idea psicológica del hombre. Rialp / Biblioteca del cincuentenario, pg 139).

Puede ser conveniente reflexionar sobre algunas pautas que nos ofrezcan ideas positivas para la reciedumbre interior, más sobre el cómo llevar a cabo los ideales que sobre los mismos ideales:

1) El propio carácter nos engaña si no lo conocemos o no lo educamos bien; por ejemplo, la persona muy emotiva debe saber ser más racional, la que reacciona muy primariamente debe procurar la reflexión antes de actuar y la persona más propensa a andar en solitario debe hacer los esfuerzos necesarios por estar agradablemente en sociedad con los demás.

2) Es óptimo saber educar esas tendencias innatas que son capaces de descontrolar situaciones, por ejemplo la capacidad de manifestar la firmeza, el genio o la ira, que pueden ser adecuadas en un momento dado e inadecuadas o poco prudentes en otro.

3) Y se deben tener en cuenta multitud de aspectos que inciden en el tejido de todo un día de vida; por ejemplo: decir sí o no según convenga, hacer las cosas en el justo momento debido, tender a no inhibirse o a no asustarse ante los obstáculos que se puedan presentar, tener la prudencia de no pretender saber o entender de muchas cuestiones que no nos son necesarias, tener las buenas pretensiones de acercarse cada vez más a la verdad, evitar la indiferencia ante unos acontecimientos que nos afectan por tal de evitar complicaciones personales.

Dos axiomas pueden ser oportunos como propuesta:

Primer axioma: La resistencia de una cadena se mide por el eslabón más débil.

En la vida personal, los aspectos más débiles de uno mismo son los que van a favorecer aflojar la batalla por sacar adelante las tareas y deberes que justamente hay que llevar bien a cabo. En la convivencia, las tareas que sean propias de un entorno familiar, laboral, vecinal o ciudadano se resquebrajarán por las personas más débiles. Al contrario, los aspectos personales o las personas más fuertes, arrastrarán para conseguir los buenos fines de cada uno o de la sociedad.

Segundo axioma: El puente se hunde al entrar en resonancia.

Cualquier entorno de convivencia se hundirá o aflojará si todos los miembros de esa sociedad son débiles o se ayudan –sin pretenderlo- a ser débiles; asociarse o contagiarse de la debilidad de otros es peligroso para que la sociedad pueda conseguir sus propios fines.

*

Tras los puntos de reflexión y los axiomas viene muy bien tener en cuenta la conveniencia de armonizar fuerzas y debilidades en el interior de la persona. No llevaría a buen puerto una exigencia rígida de sí mismo, ni una exigencia rígida a los demás, ni una dejadez en el deber de tener autoridad. La armonía de capacidades y reflexiones sobre aciertos y errores ofrece una buena posibilidad para el progreso personal –interior y social- con buen grado de satisfacción personal.

17 febrero, 2010

Sobre la “hechura interior”

Filed under: Hechura interior — albayalde @ 10:22 am

Para los seres humanos son de interés esas corrientes interiores que corren cual ruidosas torrenteras o por bellos cauces tranquilos hasta despeñarse en cataratas o, serenas, alcanzar la mar.

Esa hechura interior se inicia en las características personales -en parte innatas-, pasa por las disposiciones adquiridas con hábitos de actuación, llega al trabajo o actividad que estructura al hombre y está inmersa en las relaciones más próximas familiares y de amistad con otros seres personales.

Los entornos en los que se desenvuelve la persona establecen unos vínculos que exigen también determinados comportamientos que, a su vez, son expresión externa de la hechura interior; entre esos entornos podemos enumerar la ciudad y la naturaleza. Otros dos elementos están también presentes en la persona: las aficiones, el descanso y los medios materiales de uso personal que la economía hace administrar.

La interioridad y exterioridad de la persona gozan de íntima unidad. Por un lado, no se entiende la separación de ambos aspectos; por otro lado, ambos aspectos se exigen mutuamente.

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