El arte de educar

29 agosto, 2014

Actuaciones acertadas

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José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

http://www.quefamilia.es

A lo largo de cada día tomamos muchas decisiones y esa determinación nos hace ir valorando las posibilidades a nuestro alcance casi sin darnos cuenta. Algunas veces se hace más importante la materia sobre la que hay que decidir y lo pensamos más detenidamente e incluso consultamos con otras personas; otras veces actuamos con mayor ligereza. En el origen de esa toma de decisiones buscamos lo que realmente nos interesa, lo que vemos que nos conviene en cada momento o tendrá una repercusión favorable en el futuro.

Una cuestión tan fácil a primera vista nos ofrece confusiones: pensará el niño por qué no ha de comer con los dedos, estorbará al adolescente volver a casa temprano en vez de estar con los amigos, querrá no estudiar y hacer deporte quien ya va dejando la niñez y se adentra ve que descubre un mundo con muchas cosas apetecibles a su alcance, costará al padre y a la madre cuidar de la casa y de los hijos –es más, ¿cómo lo hacemos?-, será un problema decidir sobre dos posibilidades distintas para resolver un asunto familiar. Las alternativas de resolución aparecen inesperadas o se pueden buscar, el caso es resolver bien en cada momento.

La gran cuestión es saber cómo resolver, no confundirse en la decisión. Esto lleva a mirar adentro de cada persona: ¿quién soy yo?, ¿quién eres tú?, ¿qué persigo?, ¿hacia dónde vas?, ¿qué me mueve a actuar?, qué consecuencias tendrá mi decisión?… Quizá haga falta asesorarse, estudiar, leer algo conveniente, consultar, pensar; tenemos datos prácticos y podemos encontrar teorías, pero quizá no sea acertado el acercamiento exclusivo a uno de esos dos extremos porque la vida no es teoría y a la teoría le falta vida; además de la mucha ciencia hay factores de libertad, cultura, historia o capacidades de cada persona que inciden en la toma de una decisión y, en el otro extremo, el ejecutar continuamente sin pensar es superficialidad o atolondramiento.

El ejemplo del niño que busca con complacencia lo bueno y mira de reojo sonriendo cuando busca algo que él ya entiende como no adecuado es una gran lección para todos; dentro del niño y dentro de todos hay un sentir de lo que es o no oportuno en cada momento; esa fuente de sabiduría se puede estropear y por eso podemos acudir al asesoramiento y a la reflexión para lograr entender cuál es la buena actuación. La tarea del discernimiento y de la decisión es propia de toda persona desde la niñez a la vejez y en cualquiera de los ámbitos familiar, profesional o social de la vida.

Más vale pensar, no improvisar, experimentar la humanidad de las personas, no ser temerario ni tímido, respetar a todos y solucionar todo de la mejor manera posible. Posiblemente sea el amor lo que lleve a la verdad que habrá que tener en cuenta en cada decisión.

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8 julio, 2014

Cortesía

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José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

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Los acontecimientos se suceden a veces con mucha rapidez y pretendemos cosas con demasiada inmediatez; ese impulso puede ser brusco y atropella muchas reflexiones que a la persona conviene hacer ante sus actuaciones.

Sucedió que un escritor deseaba  dar a leer sus poesías y acudió a un encuadernador con el fin de elaborar una edición corta que le sirviera para hacer algunos regalos. Buscó trabajadores del gremio y encontró a un artista de la encuadernación. Trató la forma de encuadernar, tipo de papel, cartulina de portada, títulos, tipo de letras y todas las cuestiones necesarias. El profesional de la encuadernación ofreció una sorpresa al escritor cuando trataban de establecer el orden de las páginas; el poeta buscaba calidad para su libro pero pretendía que quedara bien sin entender tanto del arte de la encuadernación como el mismo encuadernador; y el encuadernador no era tanto un empresario moderno sino un artista romántico:

–          Esto no va así, aquí hemos de poner una página de cortesía

–          ¿Cortesía…?

Sí, era necesaria la cortesía. No se puede abrir un libro y comenzar a leer inmediatamente, hay que dar un poco de tiempo, hay que pedir permiso para comenzar a leer, hay que dar un poco de emoción, hay que ofrecer un poco de anhelo al que abre ese libro por primera vez… ¡no se puede atacar al lector diciéndole a gritos lo que ha de leer! El escritor, que se creía poeta, entendió la poesía del encuadernador: cortesía, hay que ser educado, todo tiene su protocolo.

El trato quedó cerrado, el poeta salió a la calle y considerando la cortesía que acababa de aprender, le sobrevino un nuevo asombro porque su memoria le trajo cierto día que observó cómo un niño pequeño se desenvolvía con naturalidad y descomponía su figura con la consiguiente alteración de un grupo de personas mucho más altas que él; su atenta madre también actuó con la naturalidad reflexiva que le correspondía y habló a su hijo: “¡Pero  Alvarito!, ¿dónde está tu madurez de tres años?”. Parece insólita la declaración materna, pero acertadísima; no avasalló la intimidad de su hijo que estaba en su “derecho” de hacer alguna travesura, le trató con inmenso cariño y le sugirió tener cierta madurez… la que podía, la de sus tres años; el niño conservaba su libertad y su intimidad, su pequeña capacidad de decidir, pero seguro que advirtió que en adelante debía pensarse dos veces si decidía o no hacer la misma travesura delante de varias personas mayores reunidas en torno a él.

Es bella una relación humana en la que no se ataca, no se obliga, no se insulta, no se grita, no se impone. Es bella una relación humana en la que se pide “por favor” sugerir alguna cuestión, hacer lo que a la otra persona le gusta, tener la cortesía de ir poco a poco, de tantear cómo recogerán los demás esas ideas que me gustan o de las que yo estoy muy convencido.

22 mayo, 2014

El buen amor a todos educa

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José Luis Font Nogués

Publicado en http://www.quefamilia.es

 

La persona está diseñada de tal forma que al darse a otras encuentra su felicidad. La ley que lleva impresa el amor es lanzarse al exterior, a otros, a los demás: darse.

El amor, que es entrega, no es algo que se reduzca a la impresión de un momento de idilio en el que hubo una luz especial; ese momento es aquel en el que destella la luz del amor, pero ese amor no debe quedarse ahí, en el recuerdo de aquel momento, como algo estático e inolvidable, sino que, siendo así, también debe ser dinámico porque esa entrega se proyecta a lo largo de toda la vida y cada día se es feliz buscando la forma de entregarse a la otra o a las otras personas: los padres, las amistades, la esposa, el esposo, los hijos, los nietos.

En cada momento de la vida, de un año o de un día, hay que ver cómo darse a la otra persona para hacerla vivir en el amor, en la felicidad y permaneciendo en esa actitud se consuma y fructifica una vida en unidad. Es un asunto de comunicación, admiración, amor, abrazo, buscando la perfección que se ha de elaborar en la otra persona y, así, llegar al “éxtasis” ante la otra persona que hace decir “te amo”, “sin ti no vivo”, “mi vida eres tú”. Por eso entre los que se aman hay una vida en común, una intimidad paternal, filial, esponsal o de amistad.

Tradicionalmente, los profetas y los poetas han hablado de la sed de agua y de las fuentes de las aguas. El profeta Ezequiel explicaba sobre los cuatro ríos que salían y rodeaban el Templo de Jerusalén y quería resaltar la riqueza que daba a las tierras de las riberas para que ofrecieran frutos a los habitantes del lugar, pero como profeta quería hacer ver la sed espiritual y la felicidad del hombre. De manera parecida -“buscando mis amores iré por esos bosques y riberas, ni acogeré las flores ni temeré las fieras y pasaré por fuertes y fronteras”- San Juan de la Cruz describe este tema a la vez que habla sobre la “eterna fuente”, expresiones que parten del deseo de felicidad del corazón humano y que sólo se sacia con el agua del verdadero amor junto con el esfuerzo, sacrificio y unión con el ser amado. También Miguel Hernández se refiere a su amigo fallecido: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería”; no “lo quería”, sino que se amaban juntos con amor bueno de amistad.

No obstante, hay dificultades en la vida de las personas; esas dificultades nacen de la imperfección propia y también de imperfecciones de los demás; la cosa se complica porque las imperfecciones pueden proceder de la manera de ser personal o de los demás, de características genéticas o de malas costumbres o de enfermedades.

Las dificultades no tienen por qué empañar el amor; al contrario, el amor es empañado por las dificultades cuando en realidad no se ama y nace el egoísmo. Una pequeña tos, unos gustos distintos, una parálisis que lleva a que una persona deba ser atendida constantemente, una tozudez, unos malos hábitos de conducta, un modo de entender la vida que emerge inesperadamente al paso de los años como un volcán que estaba apagado, unas manías consolidadas, … no tienen por qué enturbiar el verdadero amor.

Es fácil la tendencia a quitar de la vista lo que no da placer inmediato, por eso lo descrito en el párrafo anterior es una alfombra para dar paso a la ruptura del amor; pero no es el buen camino. Los amados –esposos, hijo y amistades- necesitan siempre de la solidez perenne del amor indestructible y ello supera todo tipo de dificultades por mucho que hagan sufrir. Es fácil deteriorar el amor, pero lo mejor es velar por el amor o cuidar el amor como un tesoro.

¿Qué hacer ante los casos de dificultad?: sanar, resolver. Sanar al enfermo; resolver problemas o modos de hacer humanos en el marco del amor fiel y duradero; no huir sino ofrecer misericordia –comprender la miseria de los demás- para ayudar a los demás; aprender a convivir con enfermedades y problemas; acudir a especialistas para resolver situaciones o para saber tratar con enfermos físicos o psíquicos; no centrar la felicidad en el placer o en “lo que me gusta” o en “los límites que yo puedo aguantar” sino en la entrega personal a los demás para hacerles felices incluso a pesar de mi sufrimiento; buscar siempre la verdad para tratar de ajustar las respuestas personales a verdad y no a la comodidad.

El principio de validez de la unión del amor es el que lleva a la fidelidad, a la felicidad, a través del camino del sacrificio necesario que se haya de hacer para que las personas amadas sean auténticamente felices. Para ello el “yo” no es lo principal, lo principal es siempre la “otra” persona.

En la línea de los poetas viene Pedro Salinas a recordarnos que la razón de amor no está en el recuerdo de un destello ni del dónde ni de qué manera sucedió: “Si quieres recordarlo no sirve el recordar. Sólo vale vivir de cara hacia ese dónde, queriéndolo, buscándolo”.

14 mayo, 2014

Calurosa acogida

Filed under: Educación — Etiquetas: , , , , — albayalde @ 8:29 am

José Luis Font Nogués

Publicado en la revista digital “¡Qué familia!”

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Hay personas que saben expresar estos sentimientos en diversas facetas del arte; así Mendelssohn escribió ocho cuadernos con cuarenta y ocho partituras tituladas “Romanzas sin palabras” (Ver la interpretación de esta romanza en el vídeo situado en la barra lateral). En algún libro que las recoge leí que su op. 19 nº 4 es calificada como “Calurosa acogida”. Efectivamente, esa música expresa un ánimo exaltado que puede identificarse con el sobresalto animoso de un encuentro, se abre la casa y hay júbilo al ver a la persona que ha llegado, pero la música pasa a ser luego más lenta como queriendo expresar el intimismo de una conversación que acerca a las dos personas, se dice y se vuelve a decir un “¡cómo estás?”, “es una suerte tenerte aquí”… de nuevo una alegría, un remanso de paz y al final un nuevo júbilo que recapitula de modo más sereno la exultación del primer encuentro.

Sin duda, la belleza de la referida música de Mendelssohn nos trae al pensamiento nuestro trato con quienes nos encontramos a diario: ¿acogedor?, ¿hosco?, ¿profundo?, ¿superficial?, ¿respetuoso?, ¿indiferente?, ¿amable?, ¿servicial?, ¿exigente?…

Es un lujo contemplar el amanecer diario y poder disfrutar de nuestro primer encuentro con la naturaleza. El sol se alza. Aparecen en nuestro horizonte la primeras personas que nos traen el regalo de hoy: una sonrisa, un buen deseo, una buena tarea, o quizá alguna incompresión. Avanza la jornada con intensidad, y con ella el cansancio, nuestros encuentros con los otros nos enriquece: una solución a un problema es un reto positivo para aprender, una ayuda no nos disminuye en nuestra estatura sino que nos levanta de la tierra pues algo imprevisto ha hecho esforzarnos por ofrecer lo mejor de nuestro interior.

Pero la música también está compuesta por silencios. Los silencios dicen cosas y es necesario guardarlos. Callamos y se nota que aprobamos, alabamos, reñimos o no estamos de acuerdo. Un silencio ofrece perdón, da la palabra, escucha a la otra persona, deja pasar algo que nos parece inconveniente, une o distancia.

Anochece. Contento apago la luz y contemplo las estrellas. Con palabras o sin palabras, el día es una Romanza al mundo amado, a las personas amadas, a todo y a  todos en este mundo globalizado.

21 abril, 2013

Educar la posibilidad de relación con las personas: sinceridad y confianza

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 6:47 pm

La característica de ser sociable la persona solicita que se le ayude desde el inicio de la vida a que desarrolle sus relaciones con las personas de la mejor manera posible. Por eso podemos hablar de educar a la persona en todos los aspectos que se refieren a las relaciones con los demás.

Antes que pensar en los demás, conviene atender al origen de las relaciones, a uno mismo. Por eso, hay dos cuestiones esenciales: estar en la verdad de sí mismo y confiar en sí mismo.

Saber de uno mismo con autenticidad y certeza es clave para salir fuera de sí a tratar con las demás personas; admitir cualquier matiz de engaño, mentira, falsedad o disimulo sobre uno mismo es dar paso a una mala forma de relacionarse porque la relación misma se hace falsa. Andar por la vida con la certeza de sí mismo se traduce en el término sinceridad, ser sincero con uno mismo para –desde ahí- ser sincero con los demás; establecer la vida en términos de sinceridad  posibilita que las relaciones sean fáciles, que se conozca al sujeto y se viva con la claridad de saber quién es, cómo es, qué piensa, que nos quiere decir. Al contrario, las falsedades o engaños posibilitan la desconfianza, la duda, el recelo y todo tipo de complicaciones en torno a las relaciones personales.

Una vez establecida la sinceridad sobre sí mismo como punto de partida, el paso siguiente es conocer con realidad las capacidades de uno mismo, las posibilidades que tiene de realizar cosas buenas, en qué materias y de qué manera; así, por ejemplo, alguien que advierte que tiene sensibilidad por los colores puede advertir que puede pintar una obra de arte y, al contrario, una persona que no domina bien sus destrezas manuales no deberá pretender ser un trabajador manual y menos de cosas pequeñas.  Establecido el conocimiento de sí mismo llega la tarea imprescindible de pasar a confiar en las propias posibilidades, es decir, a confiar en sí mismo. También este aspecto tiene matices positivos y negativos: quien está seguro de las posibilidades que uno tiene puede establecerse metas a realizar en proporción al mayor o menor grado de sus capacidades y quien duda sobre lo que él puede hacer  quizá se quede realizando pocas cosas o cosas de muy pequeña importancia.

La educación de la persona, desde niño y en cualquier momento de la vida, es el motor para que cada uno afiance su modo de ser sincero, su conocimiento personal, sus capacidades, sus destrezas, sus límites y –por tanto- el modo óptimo de relacionarse con los demás.

27 marzo, 2013

Aspectos educativos de la Semana Santa

Filed under: Educación — Etiquetas: , — albayalde @ 12:32 pm

José Luis Font Nogués

María Stísima de la ConcepciónDurante los días de la Semana Santa es tradicional en  muchos lugares organizar unas procesiones para sacar a la calle o llevar a una catedral imágenes artísticas sobre los distintos momentos de la Pasión de Jesucristo, sucedida en torno al año 33 de nuestra era. Estos cortejos surgen desde hace siglos en entornos del cristianismo y siguen su pujanza en los momentos actuales, una vez que han pasado veinte siglos de aquellos acontecimientos históricos.

Cristo del Vía CrucisEn el marco de la fe cristiana, la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo es una realidad desde el siglo I y hay documentos plenos de autenticidad que las relatan. Dentro de la perspectiva cristiana, la Liturgia de esos momentos es algo más que un recuerdo o un signo, es vivir de nuevo esos hechos; se conmemora la salvación de la humanidad a través de la muerte de un hombre que es Dios. Ese hombre –Jesús de Nazaret, hijo de un carpintero y de una mujer sencilla que vive en la fe de Abraham, ha dado muestras de bondad, de misericordia e, incluso, ha realizado prodigios curando a enfermos o con otros milagros.

Jesús de Nazaret no ha dado órdenes tajantes, ha actuado bien y es condenado a sufrir y morir; ha realizado y actuado con Belleza entre los de su pueblo y se ha acercado al hombre doliente que, aunque lleno también de bondad y belleza, sufre deterioros en su ser sometido a error.

Es propio del arte de todos los tiempos cantar el amor sacando hacia fuera la interioridad personal; el artista plasma en un texto, en una partitura en una pintura o en una escultura los propios sentimientos y formas de ver. Así, una escultura bella parece que habla desde fuera de ella hacia nuestro interior y una música bella habla desde nuestro interior hacia el ser amado. La música sacra tiene como finalidad hacer presente el Misterio que se celebra litúrgicamente, cantar al “más bello de los hijos de los hombres”, en expresión del Salmo 44 del Rey David, aunque en la Semana Santa le veamos sin aspecto atrayente. La escultura muestra un momento gráfico de la vida de un personaje y la imaginería de Semana Santa –ajustada al arte barroco siguiendo su canon de acercar el misterio sagrado al pueblo- hace revivir momentos determinados y normalmente dolorosos de la Pasión de Jesús. Las velas llorosas alumbran con su poquedad al que se definió como la Luz del mundo y a la que se le invoca como la Estrella de la mañana. Las flores adornan escenas de gran dolor y sufrimiento porque se valora la generosidad y se quiere acompañar con un don personal que embellece la acción.

Jesús del Gran PoderLas salidas procesionales que se suelen llamar “Estaciones de Penitencia” atraen durante todo el año a los que pertenecen a las diversas cofradías y en esa semana de primavera atrae a todos indistintamente. Es de interés reflexionar sobre por qué atraen tanto esas procesiones. No puede atraer la representación de un tormento, de un dolor, de una flagelación, de una crucifixión o de una madre dolorida que acompaña siempre a su hijo. Solo puede haber una respuesta: las personas son atraídas por el amor de una persona que ha muerto por amor a toda la humanidad de todos los tiempos, que ha padecido por cada uno. Así, el sufrimiento, las llagas, la pasión dolorosa se hace Amor Grande y ese es el motivo por el que se reviste de oro y plata, se le acompaña con la mejor música que es posible escribir para acompañar, calmar, comprender, consolar, compadecer, agradecer a Jesús Nazareno y a su Madre María en los distintos momentos de su Amor: el amor humano pone los mejores elementos de la naturaleza material para ensalzar el Gran Amor.

En el encuentro con los pasos de la Semana Santa por la calle no se puede evitar la contemplación de ese algo misterioso que se está representando y como haciéndolo vivir de nuevo; no se puede evitar esa expresión dolorosa de queja que es la saeta, con aires de cante jondo; no se puede evitar una alegría ante la representación de una Madre que consuela; no se puede evitar interpretar una marcha con música que acompañe el andar o la pena del Nazareno; no se puede evitar el silencio penitente y sobrecogedor como expresión del arrepentimiento por las culpas personales que contrastan con el sufrimiento de quien no tuvo culpa alguna. Todas estas expresiones salen del interior de las personas en su papel de penitente, nazareno, costalero, músico o espectador a quienes las palabras se quedan cortas y necesitan gestos y signos para expresar sus sentimientos.

En los días de la Semana Santa se ve por las calles a muchas familias con sus hijos pequeños; los niños suelen preguntar a sus padres por las representaciones artísticas que están viendo. También los mayores se detienen a comentar las distintas esculturas, si son valiosas, si son de un siglo u otro, si las esculpió aquel famoso escultor del que tanto se habla en la historia del arte, en qué momento se compuso la partitura de una marcha que suena acompañando el andar de un paso: todo son signos.

                      Cristo crucificado                 Jesús despojado de sus vestiduras   Jesús coronado de espinas

Pudiendo estar conformes o no y en diverso grado con el llamado constructivismo educativo, sí es cierto que el “aprendizaje significativo” de David Ausubel da fácil explicación a los acontecimientos de la Semana Santa porque la piedad popular –es decir, todo lo referente a las cofradías y estaciones de penitencia- arrojan datos al pueblo y cada persona receptora sabe encajar esa información en su -muchas veces ignorado- proceso educativo. Así como el niño recién nacido, e incluso en los nueve meses anteriores, ya recibe informaciones que sabe encajar naturalmente  en su interior –aprendiendo y educándose progresivamente-; así como el niño sabe poner de manera innata un gesto de risa o de llanto aún si poder hablar; así como el niño que contempla las escenas de la Semana Santa sabe preguntar por el dolor, por el llanto, por los clavos, por las llagas y los padres les explican; así es el proceso significativo que educa al niño en esos misterio. También los mayores acuden a ver pasar a Jesús y a María en un momento dramático con su gesto de dolor, perdón o misericordia, siempre llevados con serenidad y amor; todo el mundo sabe interpretar la expresión musical que habla por sí misma. Todo es un proceso educativo perceptible y comprensible.

Pero el proceso va más allá de esos signos externos y materiales; no llevan únicamente a cosas históricas, a un dolor humano o a una expresión del arte que satisfacen a la vista o al oído; todo ese conjunto se signos llevan  hasta el verdadero Signo que es la Palabra y la Eucaristía, no en vano hablaba Juan Pablo II de la importancia de la Mesa del Pan y de la Mesa de la Palabra. Las imágenes hablan por sí solas. Las personas necesitan los signos de imágenes, maderas, músicas, vestimentas, oro, plata, sedas y terciopelos, pero quizá se queden cortos si no llevan a la Verdad, aquella que Pilato –muchas veces presente en los pasos de la Semana Santa- eludió por no querer ser responsable con la Verdad y prefirió salvar un puesto político concediendo la condena de un inocente a un sector del pueblo que se lo pedía sin compasión humana.

Todas las cofradías de Semana Santa tienen una razón de ser que es el culto a ese Gran Signo –Jesús de Nazaret- que muere por salvar a la humanidad y las salidas de las imágenes no es tan sólo algo del folklore popular, sino es un modo del aprendizaje significativo de David Ausubel porque la persona se enfrenta a la contemplación de una escena misteriosa que interpela a su interior y le hace ver que el buen comportamiento, el amor a las personas, el sufrimiento por la persona amada, el acompañamiento y otras bienaventuradas actitudes son el camino de la felicidad que cada ser desea y que se escapa de la rutina diaria porque pertenece al marco de lo sagrado.

4 febrero, 2013

Cuatro principios educativos

Filed under: Educación — albayalde @ 1:13 pm

José Luis Font Nogués

Los focos educativos son como las piedras preciosas engarzadas en el oro de la humanidad. Así, educar es tarea de orfebrería fina apasionante y absorbente que, inevitablemente, se desborda de la inteligencia, de la voluntad y de la creatividad del educador.

Es grato comprobar que el buen metal humano se deja trabajar con docilidad en busca de una obra de arte intensamente querida: el estilo personal de cada alumno, de sus padres, de sus madres y de cada profesor, que desean hacer vida un proyecto educativo.

Ser educado es cuestión pedida, deseada, permitida por toda persona que –aunque no lo supiera- quiere alcanzar la plenitud de su ser y confía en alguien que le pueda ayudar.

El respeto a la persona es un primer principio de vida indispensable. Confiamos en que cada persona se pueda valer por sí misma después de observar buenos modelos, de contactar con lo bueno, de hacer lo bueno, ¡de ser bueno!

Este respeto personal es universal en el tiempo, en el espacio y en toda época de la vida de cada persona, desde el instante de la concepción hasta el agotamiento natural de su vida. En medio de ese proceso la persona también merece respeto cuando tenga ideas y actuaciones acertadas o desacertadas, que en cualquier caso hay que ayudar.

Como segundo principio, el amor a lo bueno –lo único que por naturaleza se puede querer- hará que nos desvivamos por hacer presente el bien en cada expresión personal. Cada persona valiosa en sí misma y digna de admiración. Los errores e incapacidades hay que ayudar a solucionarlos. Si el educando desea, el bien siempre aflora y reluce.

La espera, el detenimiento, la contemplación, es un tercer principio a tener en cuenta, y es propio del amor. Es el enamorado quien espera el encuentro con la persona amada. El educador mira a su alumno y –suspendido el tiempo- ve plasmada la hermosura de todos los bienes dejados caer en él, cada uno en el momento oportuno: la apertura a las capacidades, la consolidación de hábitos y valores, más la puesta en marcha de toda esa riqueza plasmada en un estilo personal de vida. El educador detuvo el tiempo para que su educado fuera saboreando cada observación que le interesó, observación hecha a la medida de lo bueno.

En cuarto lugar, el impulso o estímulo es el principio de lo vital. El vivir hay que orientarlo; el buscar el bien hay que estimularlo. Loco debe ser el que no tiende al bien, el que no lo busca, el que no ama lo bueno con pasión. La pereza es ceguedad ante el bien, es parada irresponsable ante el movimiento inevitable hacia el bien.

Por tanto, el respeto a la persona, la contemplación de lo bueno de cada ser, la espera a que cada persona haga lo bueno, la contemplación ante la riqueza que manifiesta el bien material o espiritual, el estímulo para hacer el bien, el impulso para incorporar valores, son principios para tener siempre en cuenta y consolidar en los protagonistas de proyectos educativos  mirando a que reine la civilización del amor: amor al Bien, a la Vida, a la Persona, al trabajo bien hecho, a la dignidad humana.

14 diciembre, 2012

Pedagogía del deseo

Filed under: Educación — albayalde @ 12:05 pm

El miércoles 7 de noviembre de 2012 tuvo lugar en la Ciudad del Vaticano la tradicional audiencia semanal de Benedicto XVI. En ella trató del tema de la Fe en el orden trascendente y espiritual, como es propio de su competencia, pero lanzó una propuesta que  también afecta al ámbito educativo de la persona: la pedagogía del deseo.

Decía: “El deseo humano tiende siempre a determinados bienes concretos, a menudo de ningún modo espirituales, y sin embargo se encuentra ante el interrogante sobre qué es de verdad «el» bien, y por lo tanto ante algo que es distinto de sí mismo, que el hombre no puede construir, pero que está llamado a reconocer. ¿Qué puede saciar verdaderamente el deseo del hombre?”

“El hombre, en definitiva, conoce bien lo que no le sacia, pero no puede imaginar o definir qué le haría experimentar esa felicidad cuya nostalgia lleva en el corazón”.

Propone Benedicto XVI que sería de gran utilidad promover una especie de pedagogía del deseo que comprendería dos aspectos.

Primer aspecto: “Aprender o re-aprender el gusto de las alegrías auténticas de la vida”.

Efectivamente, “No todas las satisfacciones producen en nosotros el mismo efecto: algunas dejan un rastro positivo, son capaces de pacificar el alma, nos hacen más activos y generosos. Otras, en cambio, tras la luz inicial, parecen decepcionar las expectativas que habían suscitado y entonces dejan a su paso amargura, insatisfacción o una sensación de vacío”.

Para ello habría que “educar desde la tierna edad a saborear las alegrías verdaderas, en todos los ámbito de la existencia: la familia, la amistad, la solidaridad con quien sufre, la renuncia al propio yo para servir al otro, el amor por el conocimiento, por el arte, por las bellezas de la naturaleza”.

Ello implica “ejercitar el gusto interior y producir anticuerpos eficaces contra la banalización y el aplanamiento hoy difundidos”.

Pero también “los adultos necesitan redescubrir estas alegrías, desear realidades auténticas, purificándose de la mediocridad en la que pueden verse envueltos. Entonces será más fácil soltar o rechazar cuanto, aun aparentemente atractivo, se revela en cambio insípido, fuente de acostumbramiento y no de libertad”.

Segundo aspecto: “No conformarse nunca con lo que se ha alcanzado”

Precisamente “las alegrías más verdaderas son capaces de liberar en nosotros la sana inquietud que lleva a ser más exigentes”. Lo finito y caduco no puede satisfacer suficientemente y la persona constantemente busca un algo más.

“Aprenderemos así a tender, desarmados, hacia ese bien que no podemos construir o procurarnos con nuestras fuerzas, a no dejarnos desalentar por la fatiga o los obstáculos”.

Esta propuesta habla de vencimiento personal y de búsqueda habitual de lo bueno, lo que coincide con un estreno y reestreno constantes, diarios, síntoma de juventud. Sólo el espíritu joven está en condiciones de desear lo bueno y estrenarlo cada día con ilusión. La persona y la sociedad no pueden ser viejas, no pueden estar agotadas, deben mirar a los niños, aprender de ellos la novedosa “búsqueda del bien” llena de interés. La búsqueda conduce al deseo de lo bueno y ese deseo lleno de verdad hace ser capacitado para el goce y la felicidad.

13 diciembre, 2012

Construir para educar bellamente

Filed under: Educación — albayalde @ 11:55 am

José Luis Font Nogués

Se escribe esta página en este blog por la importancia que se advierte en ella de poder educar en la belleza.

* * *

CONFERENCIA INAUGURAL DEL CENTRO DEL ARZOBISPADO,

STUDIUM GRANATENSE ET SACROMONTANUM

GRANADA

 

Elena Ugolini, Subsecretaria del Ministerio de Educación de Italia

 

Este edificio se ha abierto en Granada en 2012 para la educación

Este edificio se ha abierto en Granada en 2012 para la educación

4 DE DICIEMBRE DE 2012

Saludo con afecto a todos los participantes en esta ceremonia de inauguración del nuevo edificio de la escuela superior construida por la Archidiócesis de Granada para albergar el “Centro de Magisterio La Inmaculada”, y algunas otras instituciones educativas de grado superior como la “International Academy of Philosophy”.

Educar para la belleza

Lo que más impresiona al llegar aquí y ver este nuevo edificio es su belleza, su magnífica belleza. Las paredes del edificio, blancas como la luz, se desgranan alrededor del verde prado, como los muros del monasterio medieval alrededor del claustro, sobre el que se abren las grandes vidrieras de dejan traspasar la luz fuerte y potente de estas tierras, que reverbera en las paredes, en los objetos, en los bancos, en las sillas. Aquí ningún detalle es accesorio. Todo está cuidado hasta en los más pequeños detalles, todo está en un perfecto equilibrio de luz, color y estilo; todo está iluminado por la luz, que da vida y une cada elemento, en esa armonía unitaria que es también el humus de la enseñanza: unidad de los docentes (que de hecho aquí se ven desde una clase a la otra); unidad de las disciplinas (las aulas se distribuyen alrededor del fulcro central del claustro); unidad entre docente y estudiante (este lugar ha sido plasmado de una manera tan hermosa, para que los jóvenes se sientan acogidos, apreciados, estimados).

¿Cuál es el mensaje educativo más hermoso que podemos ofrecer a nuestros jóvenes? En un momento de grave crisis como el actual, en el que parece que el nihilismo y el escepticismo (también de los adultos) toman la delantera, un lugar como éste es la prueba concreta, encarnada, de que hay una esperanza. Aquí se ve concretamente que la fuente de la educación es la belleza: como escribía Dostoevskij: “La belleza salvará al mundo”.

Es la frase que ha dicho la directora de un colegio de S. Luca d’Aspramonte, en Calabria, una de las poblaciones de Italia que tienen una tasa más alta de densidad mafiosa.

Me encontré con ella hace cinco meses, en primavera, lloraba. Me hizo ver en su móvil las fotos de su colegio: completamente destruido, con los baños fuera del edificio, expuestos al frío y en condiciones higiénicas indecorosas. Me pidió ayuda; hice poquísimo pero me parecía un delito no hacer nada. Llamé entonces al prefecto de la región (Reggio Calabria), que en pocos meses le ayudó a hacer lo que nadie había conseguido en diez años. Ella, que el año pasado había asumido de mala gana el cargo de directora, con su fuerza de voluntad y su deseo de cambiar las cosas, por fin había conseguido dar a sus muchachos lo que nunca habían tenido, ni pensaban que podrían tener.

Esos mismos muchachos que sólo eran capaces de destruir el edificio, encerrados en sí mismos, tristes y enfadados con el mundo. Después de un año, tras la reestructuración del colegio, con sus padres, los mismos padres que la primera vez que fui a Reggio Calabria ni siquiera me indicaban el camino para llegar al instituto, ahora, durante la inauguración del colegio, nos acogían con gestos de amabilidad, sonrisas y atenciones. Todo el pueblo acudió a ver el nuevo colegio: niños, fontaneros, electricistas, comerciantes.

¿Qué había pasado en esos meses? Nos lo explicó la misma directora: «A menudo me vuelve a la mente Dostoevskij: “el mundo se salvará por la belleza”. Pienso que la belleza de la que habla el escritor ruso es la que lleva a cabo el hombre cuando realiza algo creativo, generativo. Y el colegio que deseo para mis alumnos debe hacerles conocer esa “Belleza” que sólo el arte, el conocimiento y la cultura pueden dar. Y esto les mantendrá lejos del mal y les hará vivir como hombres libres… Movida por este deseo, inicié mi proyecto de rehabilitación».

Escuchando estas palabras pensé: pero ¿por qué la belleza salvará al mundo? Porque para el gran escritor ruso, al igual que para la directora, la belleza no es un discurso, sino un hecho: y los niños, los muchachos, los jóvenes no quieren discursos, sino que necesitan ver hechos, acontecimientos, a través de los cuales puedan comprobar que los adultos, los profesores, los maestros tienen mucho interés en su bien.

Las exigencias de sentido

 Se educa para la belleza a través de la belleza.

Cada niño, cada joven lleva dentro algo que nadie puede ofuscar o aprisionar. Esas exigencias originarias de verdad, belleza y justicia que siempre se pueden aprovechar, a menudo como un recurso que ni siquiera él sabe que tiene y que hace mágico y sorprendente el momento del descubrimiento como base de todas las relaciones. El desafío no es “organizar” una escuela o una universidad eficiente, sino que el deseo de los jóvenes no disminuya, haciendo que nazca en ellos una atracción y un sentido hacia lo que se les propone. El desafío es que haya adultos que estén a la altura de estas necesidades.

A menudo decimos que los muchachos están distraídos en clase. Un profesor amigo mío he ha hecho caer en la cuenta de una cosa muy sensata: lo contrario de “distraídos” es “atraídos”. La pregunta que tenemos que hacernos ante nuestros estudiantes es qué les puede atraer, qué les puede suscitar curiosidad, qué puede interceptar esas exigencias de verdad, belleza y bondad que cada uno lleva dentro de sí, qué puede volver a encender su curiosidad.

Un sábado por la mañana, al final del curso pasado, me desperté con un mensaje terrible en el móvil que me avisaba del atentado en el colegio de Brindisi. La explosión había asesinado a una espléndida criatura de dieciséis años y había herido a cinco compañeras suyas ante los ojos perplejos y aterrorizados de sus compañeros de colegio.

Al día siguiente fui rápidamente a Brindisi: no me podía creer que una chica pudiera morir mientras iba al colegio, que es el lugar de la vida, de las esperanzas, de los sueños.

No conseguía quedarme tranquila: al colegio se va para vivir o para aprender a vivir, no para ver cómo se queman los compañeros, seguía repitiéndome. Fui al hospital para ver a las chicas heridas: estaban cansadas, exhaustas, pero en sus ojos, tan luminosos, nacía la luz de la recuperación, la fuerza de la valentía. Ellas ya habían vencido a la violencia.

En ese momento entendí que el deseo de la vida es algo irreducible y emocionante. Después fui a la escuela de la pequeña Melissa y me quedé pasmada. Entre las frases escritas por los amigos, una decía: «en el colegio sólo se debería morir de aburrimiento». Esta frase me deja inquieta y deseosa de luchar para que las mil horas de clase cada año tengan una envergadura a la altura de los deseos y de las exigencias de los jóvenes.

Enseñanzas maestras

Pero ¿cómo es posible hacer que lo ordinario sea extraordinario?

Se puede rodear a los muchachos de cosas bonitas, pero si no se enciende la luz que muestra el nexo entre esa belleza y su vida, todo resulta en vano. El problema no son los muchachos: son los adultos.

Si están ellos dispuestos a dejarse herir por la Belleza de lo que enseñan y a dejar abierta la herida; si están ellos impresionados por la Verdad, si son ellos curiosos. Docentes que muestren a los muchachos el sentido de las cosas, el nexo entre la belleza y la realidad, es decir, el sentido de la vida.

El objetivo de la escuela, si queremos intentar una síntesis, es suscitar el interés por la totalidad de la realidad, el mismo interés que debería haber impresionado al docente.

El sentido de la educación

El corazón de la escuela es la educación. La relación que se puede establecer entre estudiante y maestro. Pero esta relación tiene un objetivo muy preciso: no vincular a uno mismo sino abrir a la realidad en su totalidad.

Como ha escrito el filósofo alemán Josef Andreas Jungmann: «La educación es la introducción en la realidad total» (in ChristusalsMittelpunktreligiöserErziehung, Freiburgi.B. 1939).

¿Qué son, de hecho, las disciplinas si no caminos para entrar en relación con la realidad, para entenderla, para hacer fructificar ese patrimonio de experiencia y de conocimiento que nos llega a través de nuestra tradición para que sea reinventado?

Las características del docente

Ahora bien, para el docente la educación consiste en «cómo hacer conocer».

Einstein escribía en los Pensamientos de los años difíciles (1936): «A veces se ve en la escuela un simple instrumento para transmitir una cierta cantidad máxima de conocimiento a la generación que se está formando. Pero esto no es exacto. El conocimiento es algo muerto; la escuela, en cambio, sirve para vivir».

¿De qué manera ayuda a vivir el conocimiento? Tenemos que preguntarnos: ¿cómo intento yo, docente, en mi materia hacer conocer, convertir en experiencia lo que digo? Es decir, cómo lo que enseño aumenta el conocimiento que los estudiantes tienen de sí mismos y de la realidad; cómo la disciplina que enseño contribuye al crecimiento de la persona en su integridad.

Es necesario un triple compromiso:

1. Es necesario dominar la materia y hacer entender bien lo que se dice asumiendo como punto de partida el mundo categorial del alumno (para entendernos: no se puede dar un bistec a un niño de tres meses).

2. Hacer ver concretamente de qué manera aquello que se estudia tiene que ver con su experiencia y responde a esas exigencias de verdad, belleza y bien que posee.

3. Hacer ver la conexión entre lo particular y la totalidad: puedo soportar el cansancio del camino teniendo en mente la meta y empezando a disfrutar de algunas vistas del paisaje que se abre ante mí.

Universidad y escuela

La clave de todo, por tanto, está en disponer de docentes preparados, apasionados por lo que enseñan, dispuestos a trabajar juntos, dispuestos a encontrar todas las vías que permitan interceptar la curiosidad de los jóvenes y ayudarles a hacer fructificar sus talentos.

La predisposición (talento, inclinación natural) hacia lo humano no se puede adquirir con créditos universitarios, pero se puede hacer madurar mediante el encuentro con maestros capaces de mirar a la persona en su integralidad, sin detenerse en la apariencia. Enseñar es un arte. Por ello un centro de magisterio debería ser un lugar en el que sea posible relacionarse con maestros. Es imposible hacer escuela sin ir a la escuela. Por ello es necesario estrechar cada vez más la relación entre las dos instituciones, para construir una alianza virtuosa.

El fin de la escuela

“Se educa con lo que se dice, con lo que se hace, pero mucho más con lo que se es”.

De hecho, el educador es aquel que comunica el propio modo de relacionarse con la realidad, «la manera personal de percibir, de evaluar y de afrontar, es decir, de saborear y de hacer fructificar la realidad».

Esta frase me la descubrió la persona que me ayudó por primera vez, a los catorce años, a darme cuenta de que existía una clave para abrir todos los aspectos de la realidad. Mi compañero de pupitre y yo, al igual que Leopardi y Platón, teníamos en común el mismo deseo de verdad, de bien y de belleza. Esta persona se lama Don Luigi Giussani. Os invito a leer un texto central para toda la pedagogía del siglo XX como es Educar es un riesgo (Educar es un riesgo: apuntes para un método educativo verdadero, Encuentro Ediciones, 2006).

El corazón de la escuela es la educación, es la relación que cada día se instaura entre docentes y estudiantes: en clase se juega esa entrega de consignas, desde una generación a la otra, sin la cual no puede haber futuro. Cada día miles de docentes ayudan a los “jóvenes” a entrar en la realidad, captando su valor.

Esto es lo que sucede dentro de estos bellísimos muros, que testimonian toda la pasión de quien los ha querido y hecho construir para los jóvenes de hoy, los adultos de mañana.

Os doy las gracias, por ello, por tanta pasión enérgica que es testigo de cómo un ideal encarnado horada la opacidad aparentemente impenetrable de esta época nuestra.

Para concluir cuanto se ha dicho, cito unas palabras de Charles Moeller me parecen muy actuales, precisas e iluminadoras: «Cuando durante bastantes horas al día se tienen delante veinticinco rostros de muchachos desde los quince a los dieciocho años, que se vengan despiadadamente de uno mismo si se es aburrido en las clases, pero que nos miran fijamente con sus ojos de claridad – a veces de ternura – cuando en el silencio profundo de una hora matinal un reflejo de la belleza y de la verdad les ilumina, es imposible no plantearse y volver a plantearse sin pausa las cuestiones eternas que constituyen toda la vida de un hombre; y es imposible no responder, porque la juventud es impaciente. Los libros, entonces, ya no bastan. La respuesta debe darse inmediatamente, y debe ser verdadera, es decir, total, porque nadie puede engañar a la juventud. Es necesario entonces cerrar los libros, sin olvidarlos, es necesario mirar a la cara a estos jóvenes, es necesario sobre todo interrogarles sobre sí mismos y responder a las cuestiones esparcidas en los textos de nuestros autores» (en Humanismo y santidad, Editorial Juventud, 1967).

Gracias.

Elena Ugolini

Sottosegretario del Ministero dell’Istruzione dell’Università et della Ricerca

(Texto provisional, confrontar con el pronunciado en la inauguración)

16 abril, 2012

Saber comprender

Filed under: Educación — albayalde @ 5:09 pm

La comprensión parte de una mirada llena de amor hacia las demás personas y que logra alcanzar la profundidad del corazón del otro; en esa profundidad sabe encontrar la parte de bondad que hay en todas las personas.

El amor a todas las personas y el respeto a su dignidad lleva a querer, disculpar, perdonar y, también, a exigir en el marco del conocimiento que proporciona el amor; así se conjuga alabar el bien del otro, comprender sus debilidades, cubrir sus deficiencias y ayudarle con una amable exigencia.

De la comprensión brota la sintonía entre las personas, una comunidad de sentimientos; por eso es bueno descubrir (tener el buen hábito de descubrir) las cosas buenas que hay en cada uno, y descubrir también los defectos no para criticarlos sino para corregirlos con cariño.

Es muy buen ejercico el de purificar nuestra mirada para saber leer sabiamente en los corazones.

 

21 noviembre, 2011

Reir para educar

Filed under: Educación — albayalde @ 12:16 pm

José Luis Font Nogués

Un día leí en la prensa una entrevista a un famoso payaso que el periodista tituló “Quien no ríe pierde la salud”. Este encuentro del payaso con la prensa fue motivado por un espectáculo titulado “A mis niños de 30 años”. Lógicamente, el periodista no pudo evitar la pregunta:”¿Hay niños de 30 años?, ¿hacerse mayor no consiste en eso, en matar al niño que cada uno lleva dentro?”. Miliki, el payaso, respondió: “Pobre, desgraciado de aquel que haya matado al niño que lleva dentro: ha perdido lo más importante de toda su vida”. (Entrevista a Emilio Aragón, “Miliki”, payaso. Diario Ideal. 25-IX-2000, pg 12 y 13). Los padres y educadores siempre han de tener estas ideas a la vista. Para educar al niño, hay que hacerse niño y como los niños, alegre, risueño, atractivo, con interés descubridor por las cosas, innovador.

Y, “¿para qué sirve la risa?”, seguía preguntando el periodista en la entrevista antes mencionada. La respuesta del payaso Miliki es la de un gran sabio psiquiatra: “La risa vale más de lo que la gente normalmente cree, porque la risa cura. La gente que ríe es gente sana, gente feliz; la gente que no ríe tiene problemas de salud”. Y es cierta esta observación. Un año tuve ocasión de reunirme con un grupo de profesionales jóvenes para participar en una actividad formativa-cultural; al finalizar caí en la cuenta que todos habíamos trabajado mucho, pero lo que todos recordábamos es lo bien que lo habíamos pasado. El curso fue formativo y curativo; al final estábamos más sanos que al principio, nuestra higiene mental era de mayor calidad, ¡habíamos reído mucho incluso en un ambiente de trabajo serio y cordial!

Me sigo refiriendo a la mencionada entrevista y me permito una pequeña reseña biográfica: Miliki -con Gaby y Fofó- estuvo en Cuba 27 años y después de la revolución castrista abandonó la isla con destino a Puerto Rico; tras éxitos en Sudamérica volvió a España en 1973. Por esta trayectoria hace el periodista otra pregunta, “¿Está usted doctorado en infancia?”, a la que Miliki responde algo que interesa a los educadores: “En Cuba y nos pusieron tres profesores en el programa para que atendieran nuestras necesidades; a las seis semanas renunciaron porque entendían que, de niños, sabíamos más nosotros que ellos. Era fruto de nuestra relación diaria”.(cfr. id Ideal). Y Miliki sigue apoyándonos en esta idea de ser como niños, alegres como los niños.

No obstante, los mayores han creado corazas y resentimientos provocados voluntaria o involuntariamente, y a veces incluso lloran, son agrios y sufren, cosa que no entienden mucho los niños. “El tópico del payaso -sigue preguntando el periodista- que aún en la desgracia ha de salir a hacer reír a los demás, ¿responde a la realidad?”. Y nos suena esta pregunta a algo muy personal que a veces nos toca muy de cerca y dudamos si sabremos estar a la altura de las circunstancias. “La lágrima del payaso -responde Miliki- es un invento de los novelistas ingleses. Hay una anécdota muy célebre, la de Garrick, un payaso muy famoso. Un señor va al médico para que le cure, el médico le aconseja que vaya a ver a Garrick, y él contesta: ‘Es que Garrick soy yo’. A mí se me murió mi padre y al día siguiente debutaba con un espectáculo en el circo Price. Tuve que hacerlo pese a que las carcajadas me sonaban a vacío, a absurdo, nada tenía sentido… pero era mi profesión y tenía que entregarme” (cfr. id. Ideal). ¿Tendrán que ver estas palabras del famoso payaso con la actitud de una buena madre que alegra la cara y ríe por hacer y ver feliz a su hijo?. Es lo que hemos de pedir con la poetisa Gloria Fuertes:

Anda, pasa.
Pasa, anda,
no tengo más remedio que admitirte,
Tú eres el que viene cuando todos se van,
El que se queda cuando todos se marchan
El que cuando todo se apaga, se enciende.
El que nunca falta.
Mírame aquí,
sentado en una silla dibujando…
Todos se van, apenas se entretienen.
Haz que me acostumbre a las cosas de abajo.
Dame la salvadora indiferencia,
haz un milagro más,
dame la risa,
¡hazme payaso, Dios, hazme payaso!

Ser payaso auténtico es saber entregar a los demás lo mejor de uno mismo, no sólo por la buena intención de que los otros estén alegres, sino porque realmente entendemos que el otro o los otros que tenemos ante nuestros ojos merecen nuestra sonrisa y porque realmente nos alegra su presencia y su vida.

Un amigo mío me explicó un día lo que era “la sonrisa de los ojos”, de mucha más calidad que “la sonrisa de la boca”, que incluso puede reflejar a veces alguna falsedad.

4 junio, 2011

Fuente de documentación

Filed under: Educación — albayalde @ 8:51 am

Se añade hoy a este blog una interesante fuente de documentación. Se aloja en la barra lateral derecha, en la sección de enlaces y bajo el título “Fuentes de documentación”.

Se trata de la base de datos DADUN (Depósito Académico Digital Universidad de Navarra), que ofrece el Servicio de Bibliotecas de dicha Universidad y que contiene más de 13.000 documentos de profesores universitarios que tratan temas de cada una de las Facultades de la Universidad, incluyendo Congresos y Simposios Internacionales.

Según consta al inicio de esa web, DADUN es el depósito institucional destinado a reunir, conservar y difundir a través del acceso abierto los documentos resultantes de la actividad académica y científica de la Universidad de Navarra.

DADUN está organizado en siete grandes ámbitos: Depósito Académico, Materiales Docentes, Publicaciones institucionales, Revistas UN, Archivo General, Fondo Antiguo y Tesis Doctorales.

Se añade en la web el blog “Investigación científica en abierto” con información sobre el acceso abierto y DADUN.

8 noviembre, 2010

Importancia de la autoestima

Filed under: Educación — albayalde @ 1:09 pm

La estima personal se fundamenta en el conocimiento propio, con todas las características –positivas y negativas- que tenga el interesado.

Los educadores deben buscar ser lo más expertos posible para favorecer ese conocimiento propio en cada persona que se pretende educar. Así, el educando, irá siendo capaz de tomar decisiones acertadas en el marco de su libertad. La persona en proceso de educación ha de ir modelando y utilizando adecuadamente su carácter, su inteligencia, sus emociones, su voluntad, sus sentimientos, etc., estando capacitado progresivamente para interactuar en el mundo que le rodea. La estima personal favorecerá ese desarrollo y rendimiento de sus capacidades.

La autoestima da seguridad al educando y, por ello, estará motivado para su trabajo y sus relaciones con el mundo que le rodea.

En lo que se refiere al trabajo, la persona con autoestima se ve capaz de acometer sus tareas, sabe de sus capacidades y de sus limitaciones, por lo que sabrá ordenar sus procesos personales, sabrá preguntar y asesorarse por sus padres y profesores y cuantas personas le quieran.

En lo que se refiere a las relaciones con el mundo que le rodea, la persona con autoestima se sabe persona única, capaz de dar algo porpio a los demás y, por tanto, capaz de recibir como don lo que las demás personas puedan ofrecerle.

Para favorecer este buen desarrollo del educando, hemos de entender que le hacen falta modelos que le hagan ver cómo se pueden hacer realidad en una persona los valores e ideales a los que puede aspirar por sí mismo o les puedan aconsejar los demás. De ahí que los educadores hayan de ser ejemplares para los educandos.

Mas esa ejemplaridad no puede ir sola, indiferente o aislada, sino que sólo es explicable y sólo es modelo si va de la mano del amor al educando. Por eso los padres son los primeros educadores y, en esa misma línea, todo educador ha de ser llevado por cierto afán de paternidad.

 

14 octubre, 2010

Una clase en la Catedral de Granada

Filed under: Educación — albayalde @ 8:38 pm

14 agosto, 2010

El bien no hace ruido

Filed under: Educación — albayalde @ 5:19 pm

Al decir que el bien no hace ruido la palabra “bien” se utiliza para nombrar algo que una persona realiza conforme a todo lo que honradamente parece acertado en torno a esa ejecución. Para hacer esta catalogación de un acto hay que analizar –si se puede- multitud de aspectos, la cosa en sí misma, intencionalidades, repercusiones y circunstancias en torno a la realización de esa acción que calificamos como un bien. Es de interés para los educadores suscitar en los niños, adolescentes, jóvenes, mayores y ancianos el interés por hacer siempre el bien, sin hacerse notar.

A modo de ejemplo y sin detenernos en esos análisis arriba incoados, nadie verá erróneo que podamos dar el título de “bien” a las acciones que una persona dice realizar en África y que manifiesta que hacen también otras personas con ilusión por ayudar a los africanos:

1) transportar por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas;

2) enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado;

3) haber salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas;  (more…)

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