El arte de educar

7 septiembre, 2008

El repeto debido al misterioso umbral del acto humano

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José Luis Font Nogués

Desde la tarea educativa se observa que educadores y alumnos se acogen más a aspectos científicos que trascendentes y, en otro orden, los jóvenes contestan las orientaciones de los mayores en busca de independencia y fugacidad en sus actos.

En la cultura occidental se ha perdido el sentido de lo trascendente, eliminando vínculos permanentes y banalizando la verdad. Se da paso a un individualismo de la conciencia que genera odio y violencia cuando se aplaude un logrado desorden de la naturaleza que atenta contra la dignidad humana. Las conversaciones con alumnos corroboran esta situación. La desfiguración de la esencia del hombre se agrava con las dobles vidas facilitadas por videojuegos y situaciones virtuales que facilitan protagonizar personalidades no puestas en práctica en la vida real. Así, se cambia el Decálogo mosaico por cánones individualistas y relativistas.

De entre las contenciones y catalizadores motivadores de los actos humanos es el misterio de la adoración –sumisión por amor- lo que da sentido al ser del hombre. Desde ese punto de partida, y en el marco del aprendizaje significativo, entendemos que, desde el origen, el hombre orienta los actos como continuación del pensamiento procedente de lo que ya se sabe, por lo que es necesario respetar el misterio por el que el hombre da sentido a sus actuaciones.

De la experiencia del trabajo con alumnos se deduce que hay muchos aspectos que nos llevan a la interdisciplinariedad como solución convergente para todas las culturas, por ejemplo: el sentido nupcial del universo, la necesidad de purificación del mal -propio de culturas orientales- y el respeto islámico al Creador y a la naturaleza. Esto es punto de partida y común denominador para la formulación de las siguientes pautas mínimas de orientación para todos los hombres: el ser humano, consciente de su dignidad, se pasma ante el misterio del universo y de él mismo, reconociéndose indefenso a pesar del avance de la ciencia; sólo se realiza en el ámbito del amor, conforme a las leyes del ser-hombre y ser-mujer como fuente de vida-amor en la familia; es valioso y merece respeto en su honor y en sus posesiones bien adquiridas.

A pesar de eso, se necesita un garante máximo interior al hombre que traiga en cada momento el recuerdo de lo verdadero y limpie su olvido en una conciencia embotada. Ese ejercicio es educación y restauración, a la vez que debe procurarse como resultado del diálogo intercultural.

* * *

El trabajo educador que desarrollo me posibilita la cercanía a jóvenes que se abren a la novedad del mundo y a padres de familia sellados por la experiencia de sus vidas. Esto me hace reflexionar sobre la racionalidad de cuestiones básicas en toda cultura para fundamentar el actuar humano.

1. Perspectiva desde el trabajo educativo

La juventud colorea especialmente importantes asuntos vitales como amistad, libertad, búsqueda de la verdad, personalidad, sentido de la vida y otros que en esa época se enfatizan. Varios ejemplos nos harán ver elementos distorsionantes del actuar humano en unas coordenadas materialistas: jóvenes asentados en el ocio y la pereza intelectual, educadores que olvidan la trascendencia y padres poco exigentes en la formación de sus hijos.

Entre educadores puede interesar el estudio de la conciencia y concluir con Damasio que juegan un papel esencial las emociones “para poder ser una persona más imaginativa y creativa: se necesita el neocórtex, pero también se necesitan estas otras cosas para que funcione”[1]. Por otro lado, Goleman estudia la inteligencia emocional -“conjunto de habilidades entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo”[2]- que interactúa con la inteligencia racional para construir nuestra vida mental. No se duda del interés de ambas teorías, pero pueden deslumbrar al educador más que la verdad trascendente del hombre.

Jóvenes aceptan más el cientificismo experimentable que la confianza en lo no evidente trascendente. Es más apetecible leer a Glashow[3] sobre el universo a los trescientos mil años del Big Bang que hablar de un Dios creador. Puede deslumbrar Monod explicando los fenómenos naturales mediante la combinación del azar y la necesidad, como un gran científico a la vez que “un luchador decidido contra toda creencia en la Creación”[4]. Actualmente es aceptado disertar sobre cuestiones científicas, entendidas como libres logros humanos, eludiendo cualquier oferta teológica o religiosa, tachadas como fundamentalistas. Se manifiesta como acertada la afirmación de Spaemann: “La gente joven cree saber bien lo que son las cosas. La afirmación de que Dios ha creado al hombre parece incompatible con la cosmovisión científica”[5].

Con su conducta diaria muchos jóvenes contestan a sus progenitores defendiendo su independencia o yendo contra costumbres de sus mayores. Se asocian -aunque sea temporalmente- con formas descuidadas de orden, vestido, horario y trabajo, muchos no piden sino que exigen, no agradecen sino que dan por supuesto su derecho desenfocado y tiranizan a sus padres, más tarde llegarán a ser incapaces de gobernarse y de amar porque el objetivo es vivir el carpe diem en cada fin de semana respaldados por el materialismo y consumismo.

Ante este pequeño retrato se impone una reflexión a modo de alerta, pero en las coordenadas culturales y científicas actuales. Cualquier profesor responsable se afana por fomentar en sus alumnos la adquisición de conocimientos, procedimientos y actitudes, pero “se hace cargo también de que tras estos aprendizajes, y bajo su orientación, el estudiante debe llegar a ser capaz de ejercer la actividad intelectual propia del hombre y, mediante ella, llegar a un conocimiento profundo de la realidad y resolver los problemas que la vida le plantea”[6].

2. Situación en la cultura occidental

Nos preguntamos si hay contenidos esenciales de la ley moral natural en la sociedad contemporánea cuando hoy parecen oscurecerse indiscutidas verdades morales naturales vigentes desde antiguo[7]. ¿Se han cambiado las costumbres, o el ser del hombre?

En occidente se ha perdido hoy el sentido de lo trascendente y “se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores”[8]. Abundancia material y bienestar facilitan que el hombre busque ser independiente y elimine vínculos, no quiera lo permanente, prefiera lo fugaz; esta situación se convierte en un engaño que estropea la luz del orden que hay en la naturaleza y, no respetando una pauta común universal, se cae en valoraciones particulares: es valioso sólo el deseo personal, se va contra la paradigmática democracia dando paso a la tiranía de unos pocos, se trivializa la sexualidad o se desvirtúa la justicia, que pasa a ser convencional.

A la vista de las experiencias culturales de occidente podemos concluir con Juan Pablo II: “Se han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que decide categórica e infaliblemente sobre el bien y el mal. Al presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia se ha añadido indebidamente la afirmación de que el juicio moral es verdadero por el hecho mismo de que proviene de la conciencia”[9]. Es evidente que se ha sustituido el tradicional valor de la sinceridad por un desplante descarado y exigente, el pudor por una naturalidad vulgarizada y banal, la obediencia por una reclamación legal de lo contrario, el desorden sexual como un aplaudido trofeo, el poder y la riqueza logradas de cualquier modo como un sistema de vida. Todo se genera por la supremacía de decisiones personales que llegan a generar odio, violencia, y atentan contra la dignidad humana[10]. Pretender a la vez una gnosis con esos fundamentos y no en nombre del verdadero Dios “acaba por tergiversar Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas”[11].

La educación es tarea recíproca y hablé con alumnos -bachilleres y universitarios- sobre los principios que puedan iluminar las actuaciones de los hombres. De sus respuestas concluyo que les gustaría tener clarividencia sobre leyes básicas impresas en la naturaleza, pero observan mucha degradación, que se hace más caso a praxis políticas y difusiones de medios de comunicación sin una reflexión personal. Se quejan de que “tristemente, la gran mayoría de los hombres de hoy ya no se rigen por valores, pues, en lugar de ellos se imponen los dos cánceres de Occidente: lo políticamente correcto y el relativismo moral”[12], más bien no hay valores sino aspiraciones económicas; asimismo, “no se mueven por sus propias convicciones íntimas, sino por las emociones del momento y dejando de lado criterios morales”[13], de tal manera que la forma de actuar va tomando cánones variables; de todas formas “son nuestras convicciones morales las que nos permiten reconocer luego que hemos errado, y que debemos rectificar y tratar de que no vuelva a suceder”[14]. Como criterios básicos para la elaboración de las leyes encuentran “el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de los demás”[15], o bien “contentar a los grupos de presión de forma que el conjunto de la doctrina jurídica tenga forma coherente”[16].

Tiene, pues, validez el dictamen de Juan Pablo II: “ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de acuerdo con uno mismo, de tal forma que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral”[17]. Tendencias como el nihilismo, relativismo o pensamiento débil han ido formulando ese subjetivismo moral y dan paso a la cultura de usar y tirar hasta en campos que parecen tan básicos y personales como el amor.

Agrava la situación que jóvenes y menos jóvenes pasan muchas horas ante videojuegos que les hacen ser protagonistas en una realidad virtual en la que puede desarrollar una vida distinta a la real. “La fuente de determinados problemas individuales y sociales reside en el progresivo uso de los medios de comunicación en sustitución de las relaciones interpersonales y en la considerable dedicación prestada a los personajes de ficción que presentan”[18]. Contribuye esto a la desfiguración de la esencia del hombre.

En el orden práctico, el Decálogo mosaico -preceptos secundarios de la ley natural, aceptados como fuente en occidente- ha cambiado por otro que gira en torno al yo y lo que el yo se fabrica porque le conviene descarnadamente, destruyendo toda liturgia en torno al misterio: supremacía de leyes personales sobre preceptos divinos; indiferencia sin límites por las palabras; eludir la asistencia a ceremonias incomprensibles o aburridas por entender tener una relación de fuero interno con Dios; las leyes de los padres no interesan; importa el carpe diem con indiferencia ante la sacralidad de la vida; apetencias o afectos temporales optan por placeres corporales que reducen el verdadero amor a lo sensual; cualquier medio es válido para enriquecerse o mejorar la posición social; es válida la fama a través de los medios de comunicación aunque sea falsa o morbosa; los pensamientos no afectan al orden espiritual ni ético.

3. Límites actitudinales o racionalidad humana

Dada esta situación en la que parecen regir egoísmo, fugacidad, banalidad y conveniencia, veamos dos cuestiones para luego concluir.

En primer lugar, observamos un ropaje aportado por creencias, culturas, costumbres, emociones, o idoneidad del esfuerzo necesario para llevar un determinado estilo de vida. Pensemos en el sacrificio, yoga, meditación, abnegación, oración, solidaridad, etc., que hacen ver cómo el hombre debe contenerse muchas veces, modular, armonizar en busca de un sentido de la vida. Hablemos, pues de contención; se ha de escoger entre opciones y no parece que se pueda vivir sin una orientación determinada. La contención nos habla de una necesidad de elección y de esfuerzo por conseguir algo que se considera como lo mejor entre una serie de posibilidades.

En segundo lugar, experimentamos que muchos actos se realizan por un motivo determinado y que en estado de feliz anhelo se actúa incluso por encima de las expectativas iniciales. Expresemos estas condiciones como catalizadores, término químico que define aquella sustancia cuya presencia acelera o retrasa una reacción sin transformarse o tomar parte en ella. Podemos hablar de catalizadores en reacciones humanas –por ejemplo, el ánimo de un padre puede hacer estudiar a su hijo-, por eso una buena percepción, asombro, admiración, amor, signos adecuados o un discurso intelectual bien elaborado, podemos contarlos entre ellos.

Contenciones y catalizadores llevan a dar respuestas a situaciones personales y dichas respuestas vinculan los modos de actuar, orientando la vida en determinada dirección, de ahí que el hombre esté constantemente aprendiendo o llevando el timón de su propia nave a buen puerto o al naufragio. Afirma Ausubel en su ámbito educativo: “La esencia del proceso del aprendizaje significativo reside en que ideas expresadas simbólicamente son relacionadas de modo no arbitrario y sustancial (no al pie de la letra) con lo que el alumno ya sabe”[19]. Este axioma se cumple en el niño que sabe calificar sus actos como buenos o malos y que continúa construyendo en sus primeros años una axiología conforme va teniendo información, llegando a tener conciencia clara sobre un amplio espectro de actos. Posteriormente se añaden otras condiciones sin las que no se produce una adecuada actuación: fidelidad a compromisos adquiridos; cimentar la vida en el ser y no en el tener; amar la sabiduría y dedicarse a la buena formación intelectual-espiritual; relaciones humanas basadas en el respeto; sujeción de sí mismo. Así, el progreso en la captación ética “solamente es posible como continuación del pensamiento precedente de lo que ya se sabe”[20] ¿Cuál es el primer criterio que el niño tiene llegado el momento de actuar o tomar pequeñas –por su edad- decisiones? Es claro que la dependencia, la sumisión, refugiarse en quien le puede amparar.

Desde la atalaya del aprendizaje significativo, la adoración está en el umbral de contenciones y catalizadores humanos, ese algo que la persona ya sabe. En agosto de 2007 los jóvenes oían en Colonia que el término griego proskynesis significa gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, y el latín ad-oratio expresa amor; explicaba así Benedicto XVI que la sumisión se hace unión, ”porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser”[21]. Es este un punto básico del sentido del hombre en el mundo y se trata de “un reconocimiento lleno de gratitud, que brota desde lo más hondo del corazón y abarca todo el ser, porque el hombre sólo puede realizarse plenamente a sí mismo adorando y amando a Dios por encima de todas las cosas”[22], por tanto nos sitúa en nuestro auténtico lugar.

Hemos de prestar, pues, mayor atención y respeto a la inserción de lo espiritual en lo corporal como luz máxima del actuar humano sobre lo animal, lo que hace que el ser –corporalidad y espiritualidad- sea uno, ser espiritual con corporalidad, racional y de mayor amplitud que la fisiología cerebral o emocional. Por eso Benedicto XVI sugiere que “la razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método”[23] y apunta como razón de ser de la interdisciplinariedad que son las ciencias naturales las que han de plantear a otros ámbitos más altos de pensamiento quienes deben plantear el porqué existen los datos de hecho. Nos ocupamos de ello a continuación.

4. Líneas de convergencia, interdisciplinariedad y común denominador cultural

He tenido oportunidad de trabajar temas de distintas áreas con alumnos. Cito algunos ejemplos –literales o no- que nos llevan al campo interdisciplinar.

Primero, el universo como “espacio de adoración”[24]: “Hay dos teorías científicas sobre el destino último del universo: el ‘Big Rip’ (expansión indefinida) que defiende un progresivo enfriamiento y ensombrecimiento del universo, y el ‘Big Crunch’ (comprensión) que defiende un nuevo colapso gravitacional. Junto a esto resuenan en nuestros oídos las palabras del apóstol: ‘Y ví un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y ya no habrá mar’ (Ap 21, 1). Así se cumple la alianza de Dios con el hombre (primero con el pueblo de Israel y luego en la Iglesia) con un pacto de amor, amor esponsal como se manifiesta en el Cantar de los Cantares. Este es un tema prolífico en el mundo del arte; ya en el Edad Media había numerosas representaciones del Juicio Final, que trasladaron a la idea de un Dios pantocrático. Otros pintores del barroco, como Alonso Cano, han pintado la escena de la aparición del ángel a San Juan evangelista que él mismo escribió en el Apocalipsis: ‘Ahora, pues, yo Juan, ví la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo por la mano de Dios, compuesta como una novia engalanada para su esposo’(Ap 21, 2)”[25].

En segundo lugar, algunas consideraciones sobre culturas orientales trabajadas con los alumnos. Purificaciones y reencarnaciones orientales igualmente nos hablan de un sentido del hombre en el universo, de moralidad y felicidad. Y no podemos negar que entre los signos de la New age, el yin y yang habla del bien y el mal como opuestos; independientemente de las teorías dualistas que mantiene implícitas, podemos entender esto como un intento de explicar la contradicción que el hombre observa en sí mismo y coincidimos en esto con el educador Andrés Manjón: “Dentro de nosotros mismos observamos la lucha de por vida entre la verdad y el error, la virtud y el vicio, el deseo de felicidad y el sufrimiento de la desdicha, el deber y las pasiones, las ideas y aspiraciones más nobles y grandes y las tentaciones y preocupaciones, y, a veces, caídas, más bajas e innobles”[26].

En tercer lugar, uno de los aspectos estudiados sobre la cultura nazarita de Granada. La decoración de la Alhambra constituye también una bella muestra de la relación del hombre con el universo y con su Creador; una alacena de las galerías de la Torre de la Cautiva se decora con esta frase: “¡Oh, confianza mía, oh esperanza mía, tú eres mi esperanza, tu eres mi tutor! ¡Oh profeta y enviado mío, sella con el bien mis obras!”[27]. Los preceptos islámicos –adoración, oración, ayuno, limosna, peregrinación- se muestran respetuosos con el misterio, muestran amor al Dios victorioso y un verdadero respeto a la naturaleza, de la que se goza como anticipo del eterno jardín del paraíso. Se entiende el asombro de Juan Pablo II en su visita a Casablanca: “Impresionaba la apertura de los jóvenes a la palabra del Papa cuando ilustraba la fe en el Dios único”[28].

La carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a la Universidad de Navarra, por la que ésta convocó en el año 2007 el congreso Culturas y racionalidad, dice que existe “la dificultad de hallar en el mundo actual un común denominador de principios morales, compartidos por todos, los cuales, basados en la constitución misma del hombre y de la sociedad, puedan servir como criterios básicos para legislar sobre los problemas fundamentales que afectan a los derechos y deberes de todo hombre”[29]; a lo que esta universidad comenta: “La complejidad del problema reclama un tratamiento interdisciplinar como el que puede proporcionar la Universidad”[30]. Efectivamente, ciencias experimentales, abstractas, humanísticas, sociales y teológicas aportan en interrelación distintos aspectos de la verdad en todas las culturas.

Observamos en la humanidad algo común y algo individual. El fundador de la antes mencionada Universidad de Navarra, San Josemaría Escrivá, hablaba del binomio personalidad-libertad con el signo aritmético del “común denominador” usado en operaciones con números fraccionarios. Busquemos, pues, elementos de un común denominador universal para que la fracción personal sea con numerador único –cada hombre es irrepetible y amado por sí mismo[31]-, pero con denominador común: la amistad leal, que se respete el modo de pensar, creer en el hombre, creer en la libertad, creer en la alteridad, creer en el ser sexuado masculino y ser sexuado femenino, defender la autonomía personal. Eso común es racional porque pertenece al hombre lleno de expectativa, pues cada acto es una proyección de la persona en busca de fines relacionados con su felicidad más absoluta, con “esperanza y posibilidad”[32]. Tal expectativa en el actuar defraudaría si no correspondiera con lo propiamente humano y por tanto es deseable su coherencia. El numerador de la fracción lo irá poniendo cada persona con su inteligencia, toma de decisiones, experiencias, aciertos y errores. Son puntos comunes: “tolerancia, transigencia, amor, entrega, servicio, dedicación, ayuda, no abuso, ayuda al necesitado, respeto a la vida, respeto a la propiedad privada”[33].

Hablar de ley natural no supone un valor confesional fundamentado en algún credo religioso, sino que se puede formular en los siguientes términos: entender la insuficiencia y dependencia del ser humano con respecto a un Ser Superior; respetar la vida propia, la de los demás y sus mismas fuentes y entender que la vida es un valor importante, que su origen no es un juego, y valorar la familia con sus especificaciones de paternidad, filiación y fraternidad; respetar lo más elemental de las demás personas, su honor y sus cosas materiales necesarias para el desarrollo de la vida; gozar de elegancia y dignidad en el pensamiento, lo que lleva consigo una supremacía del espíritu sobre lo corporal y las tendencias.

Sin minimizar, podemos reformular en tres axiomas esas líneas de convergencia “útiles para una renovación constructiva y eficaz de la doctrina sobre la ley moral natural”[34] de forma común para Oriente, Judeocristianismo, Islam y otras creencias. Primero: el ser humano, consciente de su dignidad, se pasma ante el misterio del universo y de él mismo, reconociéndose indefenso a pesar del avance de la ciencia; segundo: sólo se realiza en el ámbito del amor, conforme a las leyes del ser-hombre y ser-mujer como fuente de vida-amor en la familia; tercero: es valioso y merece respeto en su honor y en sus posesiones bien adquiridas.

5. Necesidad de un intérprete y garante máximo

Ante cada acto –teniendo en cuenta esas líneas de convergencia universales en el espacio y en el tiempo- la persona se cuestiona el fin, modalidad, repercusiones y satisfacciones que le aportará. Normalmente llamamos conciencia a esa luz sobre lo debido o no debido que realmente busca la felicidad y que para su logro necesita esfuerzos, contenciones y catalizadores; “dichos esfuerzos necesitan ser iluminados y sanados, si bien es verdad que, por benevolente designio de la Providencia divina, pueden alguna vez considerarse como pedagogía hacia el verdadero Dios o preparación para el Evangelio”[35] . Por esa necesidad de sanación a la que alude el Concilio Vaticano II, es por lo que también la Iglesia propone a Cristo como luz que hace hombre al hombre[36], que se siente entre el impulso interior hacia el bien y la contradicción de la desorientación.

Espigando la historia del pensamiento y de la expresión poética encontramos algunos casos clarificadores. Primero, recordemos el Código de Hanmurabi. Después la tradición judeocristiana que se pregunta por el sentido de los actos: “¿Hasta cuándo sois pesados de corazón?, ¿por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira? (…) Temblad y no pequéis, reflexionad en vuestros corazones…”[37]. Otra cultura, la hinduista, admira la belleza de lo bueno: “¡Qué bella es tu pulsera encendida de estrellas! Pero tu espada, Señor del trueno, está forjada con belleza definitiva, ¡y es terrible a los ojos y al pensamiento!”[38]. Y un último ejemplo, el del poeta occidental que nos describe la inquietud interior que termina en goce: “Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón”[39]. Los tres casos citados como muestra surgen del interior del hombre como una necesidad de buscar el bien orientador de las acciones y ello es universal.

Einstein –por poner el ejemplo de una famosa figura en el área científica- declara tras sus descubrimientos que debe existir un Dios y eso es demostración de la búsqueda de la Verdad que lleva –mediante la reflexión- a un canon de actuación personal. Por mucho que avance la ciencia siguen siendo misteriosos universo, vida y hombre; tanto la fisiología animal como el ciclo de un astro o la libertad, por ejemplo. Es ejemplar el asombro de Chillida, que enmarca algo tan relativo -y tan solemne- como el horizonte, dándole una potencialidad contemplativa y misteriosa como expresa ante una de sus esculturas: “Elogio del horizonte trata de convocar las puertas que abren los caminos de la noche y el día”[40]. ¡Seamos respetuosos, pues, con el misterio!

Vistos los ejemplos anteriores, decimos con Ratzinger que el conocimiento intelectual del universo nos lleva, no solo a lo matemático-mecánico, sino a un orden interno de toda la creación que nos lleva a leer los pensamientos de Dios y a la forma en que debemos ir[41]. Esto coincide con Spaemann cuando afirma que “hemos de recobrar el modo humano de hablar del mundo como primaria y auténticamente capaz de decir la verdad”[42]. Cuestión básica es la de percatarse de qué es el universo y cuál es la función del hombre dentro del mismo, lo que está reñido con la arbitrariedad con respecto al mismo universo y al mismo hombre.

Es necesario un intérprete y garante universal. No se puede entender el actuar del hombre en el universo sin saber su origen y características personales, hay que contar con un algo primordial en el origen y que no es cuestión impuesta por opiniones de ningún otro hombre o de determinada cultura. Innato al ser del hombre se da la misteriosa sumisión por amor ya citada y también existe un recuerdo primordial de lo bueno y lo verdadero –percatado desde lo bello-, que es el primer estrato ontológico de la conciencia. Pero, esta anamnesis del ser -explica Ratzinger- puede ser voluntariamente olvidada por “el abandono del yo, que me ha embotado para percibir en mi interior la voz de la verdad y sus consejos” [43].

Hay, pues, un algo significativo inscrito en el ser humano que lleva al aprendizaje de esos primeros principios que orientan el actuar personal, pero hay que resolver el olvido u oscurecimiento. Teniendo en cuenta la dificultad que el hombre tiene para ese encuentro se comprende el sentir de Andrés Manjón: “La educación es obra de regeneración; educar es restaurar”[44]. Esa restauración es personal y constante, a la vez que conviene seguir a Benedicto XVI: “En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la gran tarea de la universidad”[45].

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[1] A. Damasio, “Existo, luego pienso”, E. Punset, Cara a cara con la vida, la muerte y el Universo, Destino, Barcelona, 2004, p. 169

[2] D. Goleman, Inteligencia emocional, Kairós, Barcelona, 1997, pp. 13-14

[3] S. L. Glashow, “Estamos a mitad de camino”, E. Punset, Cara a cara con la vida, la muerte y el Universo. Destino, Barcelona, 2004, p. 67

[4] J. Ratrzinger, Creación y pecado, Eunsa, Pamplona 2005, p. 76

[5] R. Spaemann, Ética, política y cristianismo, Palabra, Madrid, 2007, p. 41

[6] V. García Hoz, Pedagogía visible y educación invisible, Rialp, Madrid, 1987, pp. 50-51

[7] Congreso Culturas y racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista , Presentación, Universidad de Navarra. Disponible en http://www.unav.es/culturas/presentacion [Fecha de consulta 5/09/07]

[8] Juan Pablo II, Veritatis splendor, Vaticano, 1993, n. 32

[9] Juan Pablo II, Veritatis splendor, Vaticano, 1993, n. 32

[10] cfr. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janes, Barcelona, 1994, p. 110

[11] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janes, Barcelona, 1994, p. 104

[12] A. Rodríguez Frías, Promoción 2007 del Colegio El Romeral (Attendis) y Alumno de Derecho en San Pablo CEU, Conversación, Málaga, 5.IX.2007

[13] R. Caro Gutiérrez, Promoción 1997 del Colegio Saladares (Attendis) y Licenciado en Biblioteconomía y Documentación, Conversación, Almería, 10.IX.2007

[14] A. López Rivas, 2º Bachillerato del Colegio El Romeral (Attendis), Conversación, Málaga, 24.IX.2007

[15] A. Rodríguez Frías, Promoción 2007 del Colegio El Romeral (Attendis) y Alumno de Derecho en San Pablo CEU, Conversación, Málaga, 5.IX.2007

[16] L. Pozo Rosales, Promoción 2005 del Colegio Mulhacén (Attendis) y Alumno de Derecho en la Universidad de Navarra, Conversación, Granada, 10.VIII.207

[17] Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor, Vaticano, 6.VIII.1993, n. 32

[18] Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Instrucción Aetatis Novae, nº 7, Vaticano, 22.II.1992

[19] Ausubel-Novak-Hanesian, Psicología Educativa: Un punto de vista cognoscitivo, Trillas, México, 1983, p. 48

[20] R. Spaemann, Ética, política y cristianismo, Palabra. Madrid, 2007, p. 60

[21] Benedicto XVI, Homilía. XX Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, 21.VIII.2005

[22] Benedicto XVI, Ángelus, Castelgandolfo, 7.VIII. 2005

[23] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12.IX.2006

[24] cfr. J. Ratzinger, Creación y pecado, Eunsa, Pamplona, 2005, p. 51

[25] S. Clavero García, Promoción 2007 del Colegio El Romeral (Attendis) y Alumno de Filosofía y Periodismo de la Universidad de Navarra, El hombre entre el origen y fin del universo, Málaga, 15.XII.2006

[26] A. Manjón y Manjón, El maestro mirando hacia dentro, Escuelas del Ave María, Granada, 1996, p. 190

[27] A. Gallego y Burín, Granada. Guía artística e histórica de la ciudad, Comares, Granada, 1987, p. 117

[28] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janes, Barcelona, 1994, p. 107

[29] J. Ratzinger, Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe al Rector de la.Universidad de Navarra, Roma, 8.XI.2004. Disponible en http://www.unav.es/culturas/presentación [Fecha de consulta 5/09/07]

[30] Congreso Culturas y racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista, Presentación, Universidad de Navarra. Disponible en http://www.unav.es/culturas/presentacion [Fecha de consulta 5/09/07]

[31] cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, n. 24, Roma, 7.XII.1965

[32] Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, Madrid, 2007, p. 30

[33] A. López Rivas, 2º Bachillerato del Colegio El Romeral (Attendis), Conversación, Málaga, 24.IX.2007

[34] J. Ratzinger, Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe al Rector de la.Universidad de Navarra, Roma, 8.XI.2004. Congreso Culturas y racionalidad. Líneas de diálogo y convergencia en la sociedad pluralista, Universidad de Navarra. Disponible en http://www.unav.es/culturas/presentación [Fecha de consulta 5/09/07]

[35] Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus, n. 3, Roma, 7.XII.1965

[36] cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, 22, Roma, 7.XII.1965

[37] Sagrada Biblia, Salmos 4, 3-5, Sagrada Biblia, Ortells, Barcelona 1993, p. 603

[38] R. Tagore, Gitanjali, 53. Disponible en http://amediavoz.com/tagore.htm [Fecha de consulta 17/09/07]

[39] A. Machado, Anoche cuando dormía. Disponible en http://amediavoz.com/machado.htm [Fecha de consulta 17/09/07]

[40] E. Chillida, Escritos, La Fábrica Editorial, Madrid, 2005, p. 33

[41] J. Ratzinger, Dios y el mundo / Creer y vivir en nuestra época / Una conversación con Peter Seewald, (Munich, 15.VIII.2000), Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2002, p. 150

[42] R. Spaemann, Ética, política y cristianismo, Palabra, Madrid, 2007, p. 42

[43] J. Ratzinger, Verdad, valores, poder, Rialp, Madrid, 1998, p. 67

[44] A. Manjón y Manjón, El maestro mirando hacia dentro, Escuelas del Ave María, Granada, 1996, p. 191

[45] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12.IX.2006

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