El arte de educar

28 junio, 2008

En busca de la Belleza que cautiva

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“La identidad católica de los Centros Culturales y los jóvenes en busca de la Belleza que cautiva”
II Encuentro de responsable de centros culturales católicos del Cono Sur
Salta, Argentina 14 de junio de 2005
(Conferencia inaugural)

Cardenal Paul Poupard

Excelencias reverendísimas, Ilustres Señores Rectores, Honorables Autoridades Civiles,
Apreciados Sacerdotes, Señoras y Señores.

Con inmensa alegría regreso a estas tierras boreales de América. Me siento particularmente honrado de poder pisar por vez primera esta bellísima región norte de Argentina. Agradezco de modo especial a Su Excelencia Monseñor Mario Cargnello, Arzobispo de Salta y Gran Canciller de la Universidad Católica de Salta, no sólo sus palabras de bienvenida, sino su cercano apoyo en la organización del encuentro que hoy inicia, cumpliendo el empeño fijado hace dos años en Valparaíso.

Después del primer Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos del Cono Sur en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en el 2003, se suman los encuentros de João Pessôa y São Paulo para Brasil, en octubre del 2004. Si en Valparaíso busqué evidenciar la grave tarea de discernir, como centros culturales, los puntos de anclaje de las culturas hodiernas. En Brasil, tanto en João Pessôa como en São Paulo, dirigí mi atención a la importancia de una identidad católica de nuestros centros como fundamento de un verdadero diálogo cultural. En esta sede de Salta, pretendo reflexionar sobre las manifestaciones culturales que en la vida pública condicionan e informan tanto las expectativas de los jóvenes, protagonistas de la cultura adveniente, como su identidad católica. El mundo de los jóvenes es particularmente plural y complejo, baste pensar a las diferencias culturales en una misma ciudad, o entre la cultura urbana o rural, por ello deseo acercarme de forma general al ámbito de la vida pública de estos contemporáneos.

Permítaseme iniciar con una alegoría. En la obra de Homero, la Odisea se narra el mítico trayecto de la expedición de Ulises que busca regresar a su hogar. Un itinerario de retorno que sería todo, excepto que un sereno regreso. Odiseo vuelve a la vida hogareña de Ítaca, donde las luchas públicas del Asia Menor, sólo serán recuerdos y sombras en compañía de la bella y fiel Penélope. Después de las turbulentas generaciones de los años sesentas y setentas, décadas de la adhesión juvenil a las revoluciones, a las resistencias pacíficas o violentas, “honda generacional” que toqué con mano cuando era Rector del Institut Catholique de París, parece desembocar en un desencanto de la vida pública. Si en algunos perfiles hay semejanza entre Ulises y el hombre adulto contemporáneo, muchas son, sin embargo, las diferencias. Quizá, una muy significativa sea que Odiseo ha engendrado un hijo igualmente combativo en el campo público.

¿Está usted diciendo que nuestras generaciones juveniles son menos valerosas que Telémaco, el hijo de Ulises? No, simplemente constato, que en la campo de la vida pública, la participación juvenil actual no se asemeja a las precedentes. Posiblemente el Telémaco hodierno es igualmente valeroso que el Odiseo de los años 60s, 70s, 80s, pero su ardor juvenil no ocupa ya los espacios de debate sociocultural. ¿Quizá las aventuras de Telémaco no están fuera Ítaca sino en el seno de su misma ciudad, o más aún de su misma casa? ¿No será que los hijos de las generaciones de los ochentas y noventas, que ahora tienen 15 o 25 años, se encuentran de regreso de un viaje que aún no han emprendido, encallados en las mortales costas de las sirenas homéricas?

Las sirenas originalmente representadas con alas y no con propiedades anfibias, eran temidas en la época homérica como criaturas análogas a los vampiros, símbolos, tanto del placer mortífero, como de la ciencia letal . Las míticas creaturas remiten a un enigmático lazo entre el placer, el conocer y la muerte. En ellas, la fascinación de la belleza no sólo es ocasión de placer, sino trampolín de una muerte alienante. Moral y estética vienen ligadas en modo fatídico. Sueño y pesadilla, cielo e infierno, cándidas y demoníacas, las sirenas fungen como representaciones de una realidad fantástica, como su oscuro nombre lo indica: se????e?, es decir “fascinantes”, “encantadoras”. Y me pregunto ¿Qué encanta hoy al hombre? ¿Qué lenguaje está dispuesto a escuchar gustosamente? Y respondo: la fascinación del saber gozar. Ciencia y placer unidos.

Si la fascinación, sea o no de sirenas, es un canto que los oídos contemporáneos escuchan atentamente, hemos encontrado un punto de anclaje para el diálogo cultural. Pero ¿Cómo ligar la árida vida pública con el seductor tema de la belleza? Procedamos con orden.

He intitulado mi intervención como: “La identidad católica de los Centros Culturales y los jóvenes en busca de la Belleza que cautiva”. El título de la conferencia lo dividiré en tres apartados: Primero: Jesucristo La Belleza, que cautiva; Segundo: los jóvenes y la vida pública; Tercero: La identidad católica de los centros culturales católicos un programa de acción. Deseo empezar esta conferencia por el predicado, es decir por la contemplación de Jesucristo, cuya Belleza nos atrae. En la segunda sección, correspondiente al juzgar, enunciaré algunos trazos culturales de los jóvenes y de la vida pública que los rodea. Dejaré para la tercera parte, la del actuar, algunas consideraciones sobre el potencial que la identidad católica de los Centros Culturales ofrece al momento histórico actual, y a los jóvenes, profetas de la cultura adveniente.

I.- CONTEMPLAR: JESUCRISTO, LA BELLEZA QUE CAUTIVA

1.- Jesucristo, la incomparable Belleza de Dios con rostro humano.

Hablar de Jesucristo y hablar de la Belleza es una tautología, todo lo bello remite a Él y depende de Él. Él es la medida y el orden de todo el creado. Nada existe que no lleve la impronta de su orden y figura, pues, toda creatura, con el sólo acto de existir conlleva la armonía de su esencia y el regalo de su existencia. Serían interminables la referencias que se pueden hacer a este propósito. Por ello pensé detenerme sólo en la belleza de la vida divina que Jesucristo ofrece al hombre. Si Jesucristo es la Belleza Divina hecha visible, el ser cristiano no puede ser otra cosa que participante de esta Belleza inefable. Y ¿en qué consiste esa belleza que se vuelve Vida? ¿Cómo se descubre esta Belleza Increada de las bellezas creaturales? ¿Cuál estética podría aproximarse a esta Belleza sin reducirla racionalmente a una idea atemporal? ¡La historia!, sí, la historia es la clave. ¿Existe algún acontecimiento que narre el límite y el sentido de las bellezas creaturales? Sí, nada menos que Jesucristo Muerto y Resucitado. Jesucristo, Alfa y Omega, es la llave histórica del paradigma estético de Dios. En él la Belleza es Vida, y su Vida es Amor. Sólo quien ama más allá de la muerte ha encontrado el sentido de la historia. Amar supone salir de sí, supone volcarse libremente y totalmente hacia un destinatario. ¿Quién es ese destinatario?

La belleza reclama el ser, la armonía y el regalo, la esencia y la existencia, el Unum, el Bonum, el Verum, por lo tanto una belleza que termina con la muerte es una belleza opaca, transitoria, y, en cuanto pretensión de felicidad, efímera. Ser eternamente bien, significa ser feliz, y en el ser creatural del hombre, ser feliz significa ser amado y amar. En ese momento aparece el esplendor de la esencia/existencia del hombre: ser en el mundo por amor y para amar. Si el deseo del hombre es eterno, el destino y el sentido de su vida y de su amor no pueden ser transitorios, ello significaría inadecuación, deformidad, desorden, en una palabra, significaría muerte; el polo opuesto de la vida y la belleza. El término donde reposará el deseo humano tiene que ser de alguna manera connatural a este deseo. Si es un deseo de infinita felicidad, una felicidad parcial será siempre reflejo de un gozo anhelado, pero no usufructuado, sería una trágica y lenta condena.

En cambio, una belleza que destruye la muerte, entregándose sin límite, no es una belleza brillante, sino la Belleza misma. De ahí que hablar de Jesucristo y de la Belleza es una tautología. Cuando esta Belleza vence históricamente la muerte por amor al hombre, entregándose por aquél que nada merece, por la creatura deforme que le ha traicionado, entonces, y sólo entonces es posible conocer que la Belleza es Dios mismo que busca a cada hombre. Dios que se ha hecho rostro humano. Su amor no es absurdo, sino ilimitado, y por este amor rescata la irreductible bondad que el hombre posee en su identidad, precisamente porque esa bondad es reflejo de Cristo. En Jesucristo, Dios ha amado al hombre sólo por ser hombre. Sólo cuando el esplendor de una obra mueve a la transfiguración interna del ser humano podemos hablar de contemplación de la Belleza. Gratis se entrega, gratis se contempla su esplendor, y gratis se trasmite. Es quizá ésta, una de las paradojas más interesantes, cuanto más se contempla la belleza, más se percibe la incapacidad de poder pagar el indescifrable valor de gratuidad que contiene. La Belleza de Cristo, ofrece la fuerza de vencer la muerte de manera gratuita, no sólo en función de su absoluta identificación con el Ser, cuanto por su identidad de ser Ella misma, el Amor, ¡Dios mismo! Amor y ser siguen siendo dos conceptos que trascienden la realidad, son términos análogos, por ello prefiero emplear el termino Amor para describir la Belleza, ya que refleja mejor la dimensión relacional de la Belleza. De esta Belleza que reconstruye y guía al hombre a un destino de amor, somos cautivados los cristianos.

En las Conclusiones de la Cuarta Conferencia del CELAM en Santo Domingo, donde tuve la fortuna de participar como Miembro de la misma Comisión de Cultura, se reconoce la inculturación del Evangelio, como la respuesta de la Nueva Evangelización a los profundos cambios sociales. La inculturación es ante todo un profundo reconocimiento de los tres grandes misterios de la salvación: Encarnación/Navidad, Pascua y Pentecostés . La evangelización propiamente dicha consiste en el anuncio explícito del misterio de salvación de Cristo y de su mensaje . Ninguno puede anunciar un tesoro que no ha encontrado. De ahí que el tema de la próxima Quinta Conferencia General del CELAM dirija su atención al discipulado y misión del cristiano.

2•.- Los jóvenes en la vida pública entre la Belleza de Jesucristo y el narcótico canto de las sirenas.

En la barca de los centros culturales vamos atravesando tantos escenarios cuantas dimensiones tiene la vida cultural. No faltan en cada situación histórica cantos de sirenas, que aparentemente dan serenidad al corazón. ¿Cómo puede un canto, un lenguaje ser tan letal al hombre y simultáneamente encontrar lugar en los deseos de vida del hombre? La fascinación sigue seduciendo al hombre, quizá porque es la cara que más le recuerda la Belleza que anhela. ¿Cuáles son los cantos de sirena que resuenan en la viada pública donde los jóvenes se desarrollan? Acercarnos a la realidad histórica desde una Nueva Estética no es en modo alguno evasión burguesa o alienante, más bien un discernimiento trascendente desde lo que cautiva al hombre.

Las respuestas a las últimas consultas de nuestro Dicasterio, en especial las que sus centros culturales han dado al cuestionario previo de este encuentro, indican una cultura adveniente condicionada por: los medios de comunicación, la política, la economía globalizada, las sectas y el sincretismo religioso. Veamos panorámicamente estos elementos fascinantes de la vida pública.

II.- JUZGAR: LOS JÓVENES Y LA VIDA PÚBLICA.

Decía Fedor Dostoievsky en su obra los Hermanos Karamazov: ¡El sentido moral, y sobre todo, el sentido estético, son a veces inexorables! Si bien la globalización promete beneficios importantes, los efectos culturales en el campo público, parecen menos prometedores. ¿Cómo se muestra esta mezcla? Elenco a continuación algunos productos de esta “pseudo estética global”.

1.- La sirena del lenguaje de simulación.

Hace más de diez años, aparecía publicado un sugestivo artículo intitulado Identidad , que trataba sobre los juegos cibernéticos llamados MUD (multi-user dungeon – dimension), es decir juegos de rol para usuarios múltiples. Se trata de un entretenimiento en los que se “puede ser lo que tú quieras ser”, una especie de plaza virtual, donde cada jugador rediseña su o sus personajes. Los límites del juego son borrosos: la rutina de jugar llega a formar parte de la vida real de los jugadores. Según un jugador, “eres lo que finges ser… eres lo que representas”. El ciberespacio pone a prueba la noción de identidad, de autenticidad, de responsabilidad. La autora del artículo se pregunta ¿Se quedaría más tranquila la esposa si supiera que la “amante” ciberespacial de su marido es en realidad un estudiante novato de diecinueve años, aunque el marido no lo sabe? ¿Y si resulta que es un inválido de ochenta años que vive en una residencia? Más preocupante sería que fuera una niña de doce años. ¿O peor aún un niño de doce años? Y termina el artículo diciendo: Los MUD son objetos para pensar en la personalidad dentro de una anticultura de simulación. Sus habitantes son los pioneros de nuestra época. Hace diez años se registraban trescientos sitios MUD, hoy son más de cuatro millones de sitios MUD. Aunque los jóvenes parecen estar técnicamente más comunicados, se constata una angustiosa de depresión, de tedio y vida solitaria, de ahí que las formas sensibles de comprobar que aún se está vivo, lo constituya el hedonismo, como lo atestigua el Doctor Feijoó de la Universidad Católica de Santiago del Estero.

El esquema de simulación involucra no sólo internet sino todos los medios de comunicación que sostienen un proyecto cultural fundado en la imagen y en la adquisición de bienes. La televisión llega incluso a las zonas más paupérrimas, insertando una mentalidad claramente narcotizante. Sea en Brasil, como menciona Francisco Borba Riveiro, o en Paraguay según afirma la Licenciada Isabel Rivas o en el resto de la región. ¿Cuál belleza ha despertado el uso de la simulación?

2.- La sirenas y su canto de la apatía política.

Según las respuestas al cuestionario previo, en todos los países del Cono Sur se constata un descenso en la participación de los jóvenes en el escenario político. Un dato significativo es que los partidos políticos son la institución social con menos credibilidad entre los jóvenes . Existen sin embargo tres tipos de organización juvenil que crecen con velocidad, 1) los grupos no gubernamentales, de tipo ecológico o humanitario; 2) las asociaciones bullangueras de “pseudo estudiantes”, no pocas veces azuzadas por ideologías de tipo demagógico: 3) los grupos denominados “quadrinhas”, pandillas, “barras” o “caballos locos”, cuyas acciones frecuentemente son delictivas. Se trata de formas alternativas de organización social juvenil, con líderes carismáticos, con leyes, lenguajes, modas, circunscripciones, tasas y mecanismos de autoprotección propios. Muchas de estas agrupaciones son la respuesta ante la inseguridad, la exclusión educativa o laboral, o la ausencia de un sentido de legítima pertenencia cultural. En todos estos grupos persiste un denominador común: el sentido de ser personalmente reconocido y afectivamente aceptado. ¿Cómo reconquistar la confianza de los jóvenes? Ante una generación inconformemente cansada, ¿Cuál es la fealdad que denuncia la apatía de los jóvenes? y ¿Cuál belleza buscan sin encontrar?

3.- Consumismo y desempleo: dos notas económicas del canto de las sirenas.

Asistimos a una sumisión de la política, las ciencias y la tecnología a lo que algunos llaman el imperial science de la economía y simultáneamente a un despertar filosófico, más aún antropológico en la misma ciencia económica. La economía habla ya de la “paradoja de Easterlin” , la cuál describe, en base a datos estadísticos, que el aumento de rédito per capita no parece llevar un aumento de felicidad individual, contradiciendo así la utilidad original de la economía: la riqueza en función del bienestar. La expresión del libro del Deuteronomio: no sólo de pan vive el hombre, sintetiza lo que la economía moderna tardó más de un siglo en asimilar: la convicción que la infelicidad del hombre no se reduce a la ausencia de bienes materiales, es decir, la tristeza e insatisfacción social no terminan con la posesión de las riquezas. Ya en 1991, durante la Asamblea Plenaria del entonces Consejo Pontificio para el diálogo para los no creyentes, constaté que la riqueza estaba modelando en los países ricos, una sociedad insatisfecha y narcicista , y este efecto no es ajeno a Latinoamérica.

Tener es poder, y saber cómo tener, es conservar el poder. Emigrar al Gran Buenos Aires, a Sao Paulo, a Santiago, Asunción o Montevideo, por estudios o trabajo, supone no sólo dejar la tierra, sino dejar un marco familiar que contrarrestaba el inhumano lucrar. Vuelve a mi oídos la frase de Dostoievski ¡El sentido moral, y sobre todo, el sentido estético, son a veces inexorables! De la seguridad del afecto familiar a la inseguridad mercantilista, se crea un inexorable sentimiento de desconfianza, ergo, de infeliz soledad. Economía, moral y estética, comienzan a acercarse, las tres giran en torno a los deseos del hombre y no sólo a la utilidad. Un deseo infinito de felicidad no se compra con un montón de ceros.

Si bien, este materialismo es teóricamente rechazado por lo jóvenes que vibran con la fuerza de los sentimientos y las emociones más que con los bienes materiales, en la vida cotidiana es imposible sustraerse al sofisma de la mentalidad dominante: La posesión de bienes materiales es igual a bienestar/felicidad. De ahí el compulsivo consumismo infantil, adolescencial y juvenil. Las jóvenes generaciones poseen más bienes materiales que sus padres y abuelos a su edad, y sin embargo, se manifiestan como más aburridas e insatisfechas. Los jóvenes poseen un fino indicador cultural, sin embargo siguen nadando en el mar lleno de sirenas, el único que conocen. El otro lado de la paradoja, es el hecho que para acceder a la mediocre, pero “segura” felicidad de los bienes, prometida por la mentalidad del lucro , se requiere el ascenso económico de la honesta ocupación laboral, que pasa por una seria crisis , o bien la vía de la delincuencia, sea o no organizada.

¿Cuál amor promete el canto del consumismo? ¿Cuál ciencia el hedonismo?

4.- Las sirenas y su canto sectario y sincrético.

En la Asamblea Plenaria del Dicasterio en el 2004, hemos constatado un renacimiento de la religiosidad. Del resumen de estos trabajos, se ha publicado el texto: ¿Donde está tu Dios? . Una generación cansada del árido secularismo dibuja un nuevo panorama religioso en el occidente, y junto a una ansiosa sed de trascendencia y misterio, surge la hegemonía de la emotividad como baluarte de la evidencia religiosa. Es paradójico, pero se busca la compañía divina en una teofanía sin rostro . Los jóvenes no se declaran contrarios a los contenidos de la fe confesional, pero los viven en un ambiente de sincretismo mediático que relativisa cualquier propuesta de certitud. Ante la necesidad de experimentar una certeza que dé sentido trascendente a la propia existencia y que permita relaciones afectivas intensas, los jóvenes se ven fascinados por las melodías de sectas y formas sincréticas que alegran momentáneamente la soledad, para luego dar paso al desgarrador grito de la desilusión de la indiferencia , el agnósticismo o el ateísmo sea práctico o teórico. La radicalidad emocional en campo religioso da lugar a formas morales deformes como el fundamentalismo o el laxismo moral. Existen tantas formas de desierto, como dice nuestro Papa Benedicto XVI, el desierto de la pobreza, del hambre, de la sed, del abandono, de la soledad, del amor destruido . Además de las sectas, existen formas sincréticas como la Nueva Era, cuya movilidad cultural y ambigüedad de expresiones , sobre el hombre, Dios y el mundo, constituyen un desafío pastoral. Sobre este movedizo campo cultural, El Consejo Pontificio de la Cultura ha publicado el documento: Jesucristo Portador del Agua de la Vida, Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, impreso también por diversas Conferencias Episcopales como la de Argentina. Estos desiertos existenciales, llevan a pensar que si la vida no tiene sentido, hay que inventárselo de modo gratificante, de ahí que la emoción y lo inmediato sean el criterio de la religiosidad y del bien común. ¿Cuál es el agua que hidrata a nuestros jóvenes en sus desiertos? ¿Cómo reconquistar la fascinación divina que degeneró en indiferencia?

Decía el Cardenal Pierre DE BERULLE de aquella inesperada entrevista entre la mujer samaritana y Jesucristo:. il parle à cette pauvre femme, qui ne cherchait que l’eau de la terre, et il lui parle de l’eau du ciel et la prépare à trouver la source et la fontaine vive de l’eau céleste même. El habla a esta pobre mujer, que no buscaba sino el agua de la tierra, y le habla del agua del cielo, y la dispone a encontrar el manantial y la fuete de la mismísima agua celestial. La evangelización de las culturas se traduce en una participación en la vida pública de los creyentes. El cristianismo no es un doctrina intimista o secreta, no es una secta, sino Jesucristo, como decía Romano GUARDINI. Jesucristo, el acontecimiento que ha dado consistencia al ser humano al regenerar la libertad misma del hombre en la historia.

III.- ACTUAR. LA IDENTIDAD CATÓLICA DE LOS CENTROS CULTURALES CATÓLICOS UN PROGRAMA DE ACCIÓN.

Dialogar con el mundo supone ser perfectamente bilingües, es decir, portar la Revelación de Jesucristo en la carne propia y conocer los lenguajes contemporáneos de los hombres. Si los jóvenes son dinámicos por naturaleza, nuestra identidad católica lo es doblemente por gracia. Ellos y ellas buscan aún sin saberlo, una verdad sin ambages que ofrezca placer perfecto. Nosotros buscamos al que es la Verdad, Él único que enseña amar sin frenos. Los jóvenes están reclamando afortunadamente algo que nos es proprio, es decir, estar siempre en camino de conversión y santidad. Verdad y Belleza confluyen en el acto de amar santamente. La burguesía es siempre auto-opresiva, y cuando es existencial es insoportablemente ególatra; un pecado que culturalmente se describe como inercia. ¡Eso es lo que los jóvenes están rechazando con todas sus fuerzas! El cristiano adulto en la fe, aunque sea anciano, es más cercano a los jóvenes que cualquier coetáneo. ¿Por qué? Porque lleva la fuente misma de la vida que lo empuja a ser, en cada momento, más él mismo, es decir, a ser radicalmente amado y amante. Sólo así se es, in crescendo, feliz, bello, ¡santo! Quién pudiera negar este nexo en el amadísimo Juan Pablo II. Nada nos puede llevar con más cercanía al contacto con la belleza de Cristo mismo que el mundo del bello creado por la fe y la luz que resplandece en el rostro de los santos, a través de cuya luz llega a ser visible su propia luz . Nos recuerda el Papa Benedicto XVI.

El joven busca lo que siente como imperativo de su ser. El cristiano sigue Aquél que le ha conquistado en un madero sellándole el corazón, como un tatuaje en el brazo. ¿Cómo hacer concreta y evidente esta confluencia en la búsqueda de la Belleza?

1.- Centros Culturales Católicos en la Pastoral Diocesana.

Los Centros Culturales Católicos, dan y son una ayuda capital para la evangelización y la pastoral de la cultura. Bien insertos en su medio cultural, les corresponde afrontar los problemas urgentes y complejos de la evangelización de la cultura y de la inculturación de la fe, a partir de los puntos de anclaje que ofrece un debate ampliamente abierto con todos los creadores, actores y promotores de cultura, según el espíritu del apóstol de las gentes (1 Tes 5, 21-22 ). Los Centros Culturales Católicos son ante todo la presencia de católicos de carne y hueso que dialogan desde lo que son, desde una eficaz acción capilar . Como se puede observar, su radio de acción es tan amplio como el mismo panorama cultural, y de su articulación surgen redes de colaboración, verdaderas expresiones de subsidiaridad cultural. Podríamos hablar de un principio de subsidiaridad entre la acción evangelizadora de las comunidades parroquiales y los centros culturales católicos, cuyo fuste o ensamble gira en torno al Obispo Diocesano y a su pastoral.

2.- De la estética a la moral, un mismo deseo, diversa formulación.

Luego de contemplar a Jesucristo como la Belleza misma, en el primer apartado, es posible apreciar la fuerza de la expresión de Dostoievski, puesta en lo labios del Príncipe Muichkine: la Belleza salvará el mundo , citada por el amado Papa Juan Pablo II en la Carta a los Artistas . Dostoievski cita de nuevo la estética en la parte final de su obra los Hermanos Karamazov diciendo: ¡El sentido moral, y sobre todo, el sentido estético, son a veces inexorables! Esta frase del abogado de Demetrio Karamazov, acusado de parricidio, es una densa síntesis sobre el sentido de la justicia en la cultura cristiana. ¿De qué depende la fuerza y precisión de la justicia como bien social? El autor responderá que la regeneración viene de recibir gratuitamente el amor. La verdadera justicia sólo depende de aceptar la existencia de Dios. Dostoievski, no resuelve la cuestión judicial entre progreso y tradición con un sistema ideológico de partido o estructuras, sino con la desconcertante mención sobre la estética. La razón es que Dostoievski es un cristiano que habla como artista.

Moral y estética conducen al misterio del hombre, según se perciba al hombre será la estatura de sus expresiones. Nada como la moral y la estética pueden descifrar los deseos históricos del ser humano. En la moral expresa el concepto de verdad y de bien que lo hacen feliz, en la belleza, en cambio, es la armonía, es decir la unidad y la identidad del ser lo que lo atrae. En una sociedad cansada de ambigüedad, la belleza sigue siendo el medio para redescubrir el bien y la verdad opacadas.

2.- La identidad católica de los centros nace encontrando a Jesucristo en la Iglesia.

Para navegar en los centros culturales sin sucumbir ante el canto de las sirenas, es preciso estar ligado al mástil de la barca, es decir adherido al leño que sostiene las velas de la identidad católica dando sentido y orientación al trayecto. En este sentido los estatutos de cada centro son expresión de una identidad que debe ser dinámica y creciente, como lo menciona el Vademécum recientemente publicado por el CELAM es español y dentro de pocas semanas en portugués gracias a la CNBB. Este leño no puede ser otro que la experiencia de Jesucristo Muerto y Resucitado. Contra el lenguaje de simulación es preciso vivir un encuentro con Jesucristo Vivo. Sólo se puede aceptar ser atado al madero de la Cruz, cuando la felicidad que se prueba va más allá de la economía. Ser atado a las normas morales sin una referencia a la Belleza que ilumina el rostro humano es el inicio de todo totalitarismo. Si bien las leyes protegen y desarrollan el mínimo indispensable para el bien comunitario, es preciso alimentarse de raíz que justifique y vivifique tales normas. De otra manera el bien común será percibido como enemigo de la libertad personal , las normas serán órdenes impuestas, pero no asimiladas. Ningún proyecto político pueda dar por descontado la fuerza de la convicción personal, basta mirar el masivo y mayoritario voto de mis paisanos franceses el pasado 29 de mayo, un fuerte NO, a la denominada Constitución Europea, a toda familia política de derecha, de centro y de izquierda.

Ser atado al mástil para salvar la vida será interpretado como una coacción prepotente que busca domar al hombre en función de un poder confesional. Ulises no ha dejado de ganar nada cuando era atado, sólo se privó de la muerte. Cuando no se conoce el amor, cualquier gesto de bondad es agresión. Odiseo, no es un simple soñador ideológico, es un vencedor, no tanto en Troya o frente al Cíclope o en Calipso, sino en cuanto que ha encontrado un amor fiel, inamovible, un amor que ilumina su discernimiento sobre el bien, la verdad y la belleza, un amor que le da identidad. Dejemos la Odisea y escuchemos la experiencia de Pedro, que nos diría, la única cosa que hace que el hombre pueda caminar sobre las aguas de la tempestad es el Rostro y la voz del Señor que con fuerza nos gritó en la noche: ¡ánimo!, ¡que soy yo!, ¡no temáis! Y luego agregó, ¡Ven! (Mt. 14, 27.29.). Por eso Gaudium et spes, que festeja en este año 40 años de su promulgación, recuerda al mundo que sólo Cristo ilumina el misterio del hombre . Y el hombre a su vez, deviene el camino de la Iglesia, como decía el querido Papa Juan Pablo II en su primera encíclica Redemptor Hominis.

IV. CONCLUSIÓN

Hoy iniciamos nuestra reflexión, y sin querer adelantarme al intercambio, deseo evidenciar que los cantos de sirena están reclamando un nuevo lenguaje personalista existencial que muestre la belleza de Cristo y de ser su discípulo. El terreno de la cultura es decisivo, de ahí la necesidad de reforzar la capacidad para elaborar racionalmente y en la luz de la fe, propuestas ante los múltiples interrogativos que se presentan a los variados ámbitos del saber y de las grandes decisiones de la vida, como dijo el Papa Benedicto XVI hablando del debate cultural .Culturalmente quisiera sugerir cinco elementos transversales a privilegiar:

1) El fortalecimiento de una iniciación cristiana de los ya bautizados, especialmente entre los jóvenes. Buscar e implorar el regalo de encontrar y conocer íntimamente a Jesucristo. Ello significa ponerse en camino. Para ello es necesario disponerse a ejercitar la concreción de un lenguaje existencial, que permita junto al redescubrir enigma de la propia vida la Presencia de Cristo en las Sagradas Escrituras, en la catequesis, en la Liturgia, de la mistagogía, en la comunión fraterna, es decir en el ser y vida de la Iglesia. Redescubrir la fe de la Iglesia como el camino sapiencial de la felicidad, supone saber escuchar y proponer el peso histórico de la libertad. Comparto totalmente el proyecto de la Quinta Conferencia General del CELAM centrada sobre el discipulado y la misión del cristiano en América Latina hoy.

2) Aprovechar la exuberante devoción popular como una verdadera ocasión de iniciación cristiana. La devoción popular es una acción decisiva para la Pastoral de la Cultura. La forma espontánea, sencilla y afectiva de estas prácticas permitan recobrar la dimensión trascendente del tiempo. Reavivar la memoria de Dios en cada circunstancia es avivar la llamada a la Belleza de la santidad, recuperando el sentido de la historia y el ámbito público de la fe.

3) Fortalecer la pastoral universitaria y sus experiencias comunitarias y misionales. La necesidad de cultivar desde la fe cristiana una sana y critica racionalidad, que suscite líderes cristianos que propongan y expliciten desde la fe cristiana la vida pública, política, económica y artística, la investigación científica y el progreso tecnológico. Cómo no mencionar las respectivas experiencias de la PUC de Chile, de la UCA y de Banuev en Buenos Aires, en las misiones, en la elaboración de iniciativas de ley o en el campo del arte entre jóvenes, entre otras.

4) Potenciar el sentido de la fiesta y alegría cristiana tan desarrollado en Latinoamérica y recordado por Papa Benedicto XVI en el congreso eucarístico de Bari.

5) Potenciar la vía contemplativa/operativa de la via pulchritudinis, como espacio para el discernimiento y diálogo cultural, es potenciar la vida de la santidad. No es posible prescindir de la Belleza en una propuesta personal y trascendente de cultura cristiana. En la moral y en el arte, la cultura plasma sus deseos de trascendencia, y el sentido de la vida con la fuerza de la fascinación. Por ello el tema de la próxima Asamblea Plenaria del Dicasterio en el próximo año es la Via Pulchritudinis.

La Belleza salvará al mundo, ¿Cuál Belleza? Dostoievski entiende aquí la belleza redentora de Cristo. Debemos aprender a verlo. Si nosotros lo conocemos no sólo por palabras sino que somos alcanzados por la saeta de su paradójica belleza, sólo entonces lo conocemos verdaderamente y sabemos de él no sólo por lo que hemos oído de otros. Entonces hemos encontrado la belleza de la verdad, de la verdad redentora . Penélope o las sirenas, siguen siendo el dramático escenario del hombre hoy, un drama de libertad que sólo la fascinación podrá desamarrar. Sólo la Fascinación Vivificante puede desenmascarar la fascinación de la muerte.

Muchas gracias.
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Fuente: http://www.evangelizatio.org

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